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Plaza de La Milagrosa

miércoles, 21 de julio de 2021
Sin ser consciente, vi nacer esta plaza. Eran tiempos de la Gimnástica Lucense y acompañaba a mi padre a Los Miñones, al futbol. Terminados los partidos, "volvíamos a Lugo" paseando por el centro de la carretera. Al llegar al cruce, más o menos, de la actual calle Mallorca, torcíamos para ver las obras, pues un amigo nuestro tenía allí tierras. De la iglesia, no había nada, salvo una pequeña capilla, del Perpetuo Socorro se llamaba, que estaba entrando a la derecha. El resto, obras, andamios y derivados. Hablo del entorno de 1950, más o menos.

Con el tiempo la plaza se fue configurando más o menos tal como la conocemos hoy. A su alrededor crecieron casas para albergar a nuevos vecinos que llegaban, muchos de ellos para trabajar en FRIGSA. Una iglesia aglutinando inmigrantes. Los ingredientes necesarios para generar un barrio que creció populoso, lleno de vitalidad.

De la vida cotidiana, qué voy a decir. Aparecieron tiendas que cubrían las necesidades inmediatas y bares en los que se forjó un buen ambiente local. De allí surgió una cofradía de Semana Santa y las fiestas del barrio, las de la Milagrosa, celebradas el primer fin de semana de Septiembre, cuando el otoño ya está en puertas. Luego surgió otra fiesta, la de San Isidro. Por carnaval también recuerdo mercadillos de filloas y otros productos de tiempo. Siempre me ha gustado visitar la plaza en sus días de fiesta.

Hoy, la plaza está bonita. Peatonal, dejó atrás múltiples diseños de tráfico más o menos acertados. Ahora está pensada para el disfrute peatonal y sus estructuras son las adecuadas para este fin. Hay árboles de sombra, cerezos de jardín con su bonito porte en los primeros días de primavera, numerosos bancos y céspedes más o menos amplios donde los niños pueden corretear.

Claro que al ser peatonal, toda la explanada que se extiende ante la iglesia es un buen espacio para juegos infantiles. Esa explanada siempre ha sido lugar de encuentros. Hoy son diferentes, pero siguen teniendo el mismo marco.

Recuerdo el palco que presidía la plaza en sus días de fiesta. Aquel palco centró pregones, desfiles, premios, discursos. En su lugar hoy hay un pequeño parque infantil en el que los niños juegan y se conocen mientras sus mamás charlan y, también, se conocen.

Recuerdo el club de jubilados en la esquina con la calle Mallorca, el colegio en la esquina con la calle Divina Pastora y cómo el barrio se fue configurando alrededor de la plaza, adquiriendo cada vez más y más esa personalidad propia de los barrios de ciudades antiguas.

Los centros de las ciudades siempre estuvieron habitados por los ciudadanos de siempre, los que se creían ser poseedores del sentido de la urbe y que marcaban el rumbo de la comunidad. Los barrios eran lugares de avenida, de acogida de inmigrantes, de aglutinaciones culturales. Pero también el crisol de la riqueza que tal cosa significa.

En muchas ciudades, aún hoy vive esta sana pugna entre el centro y las periferias y siempre con resultados muy creativos para las comunidades. Recuerdo nuestras fiestas de San Roque, de Recatelo, de Montirón, de San Lázaro y otras tantas, muchas de ellas olvidadas y solo persistiendo en el recuerdo de los mayores de cada lugar. Pero mientras todas se fueron difuminando, las de la Milagrosa siguieron atrayendo cada vez más gente y haciéndose un lugar respetable en el calendario festero ciudadano. Durante un tiempo hubo una sana rivalidad entre las fiestas patronales de la ciudad y las de este barrio, que a causa de ir incrementando afluencia ha tenido que trasladar su lugar de celebración para dar cabida todos cuantos acudimos a su reclamo.

Para mí, el acceso más bonito a la plaza es por la calle de la Divina Pastora, con múltiples detalles encomiables. Una calle llena de vida y la fachada de la iglesia al fondo. Su banco serpenteante es una sorpresa agradable, la rosa de los vientos más propia de un paseo marítimo, es bonita y queda bien donde está. Alegra el suelo, valiente en esta ciudad que a veces resulta timorata con tanto piso gris.

Me gusta esta plaza y le tengo cariño.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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