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S. Dámaso I. Papa gallego

viernes, 11 de junio de 2021
Uno de los pilares fundamentales en el desarrollo de la cátedra de San Pedro, con sus múltiples y diversas aportaciones al papado; ha sido un Vicario de Cristo gallego, conocido como Dámaso I.

Este Sumo Pontífice, nacido allá por el año 304, en la Gallaecia romana -formada por el Conventus Lucensis, Conventus Bracarensis, y Conventus Asturicensis-; impulsa de forma extraordinaria, el magisterio de la Iglesia, con múltiples aportaciones a su "corpus doctrinal".

Entre otras contribuciones, están la compilación de la hoy conocida como Biblia, la expresión "aleluya", la unificación de la Iglesia, anteriormente escindida en cinco patriarcados: Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría.

Entre sus labores de índole -podríamos decir "ecuménicas"-, está la unificación de creencias, bajo el prisma unitario de Cristo como cabeza única de la Iglesia. Referido esto, a las diversas sectas, tendencias, cismas, disidencias o herejías, abundantes en su época. Un ejemplo muy significativo, fue la destrucción de la en su día llamada "herejía priscilianista". Una doctrina cristiana ascética, posiblemente de tintes gnósticos, predicada en el siglo IV, por Prisciliano -galaico como Dámaso-.

Era Dámaso, hijo de un sacerdote llamado Antonio -cuando todavía los sacerdotes podían casarse, ya que el celibato no era obligatorio-, y de una tal Laurencia. Su padre, Antonio, ejercía su función sacerdotal en los entornos de Lugo.

Probablemente, con la ayuda de su padre, emigró a Roma, llegando a ser secretario del papa S. Liberio.

A la muerte de éste -año 366-, se entabla una lucha sangrienta, entre dos pretendientes a la ocupación de la silla de S. Pedro; un tal Ursino y Dámaso. Como consecuencia de las luchas encarnizadas entre ambos partidarios, con saldo de unos 137 muertos, interviene el emperador Valentiniano, decantándose por Dámaso como Sumo Pontífice, con el nombre de Dámaso I y, desterrando a la Galia a su oponente.

Una vez elevado a la "Silla de Pedro" y, a su vez casado -los papas, contraían matrimonio ante la Corte Imperial-, toma la decisión de entregar su vida de "Obispo de Roma", a la unidad de doctrinas y creencias varias.

Con esta predisposición personal a ultranza, arremete contra el arrianismo, seguidores de Arrio -negaban que Jesús fuese Dios-. Persiguiéndolos y excomulgándolos. Al igual que a los seguidores de Apolinar -apolinaristas-, y a luciferistas -seguidores de Lucifer.
Pero, su gran empeño por eliminar las luchas internas de la Iglesia, queda enfocado sin duda, en el enfrentamiento con Prisciliano que, como queda dicho, era también gallego como él.

Prisciliano, fue un asceta que quiso vivir un cristianismo más puro, honesto y evangélico; pero también una figura llena de carisma personal capaz de movilizar multitudes.

Nacido en las tierras de Iria -capital del país de los caporos del conventus  iuridicus Lucensis-Galicia-. Obispo de Ávila, fue decapitado en el año 385 con varios de sus discípulos: Felicísimo, Armenio, Eucrocia, Latroniano,​ Aurelio y Asarino, en Tréveris -Alemania-. Su acusación, consistió en ser practicante de brujería -maleficium-, por utilizar en ciertas ceremonias hierbas medicinales. Práctica del gnosticismo, rituales con danzas y astrología cabalística. Protestaron contra esta ejecución, Martín de Tours y San Juan Crisóstomo, entre otros muchos.

A su muerte, sus otros prosélitos, trasladaron su cuerpo a Galicia, recibiendo sepultura junto a dos de sus discípulos y, según la tradición, en las tierras de Iria Flavia...
Méndez, Ricardo S.
Méndez, Ricardo S.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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