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A los socios del Fluvial les toca enmendar una injusticia

jueves, 10 de junio de 2021
Las últimas noticias sobre el asunto de la obra ilegal del Club Fluvial en el aparcamiento deberían provocar una reacción en los socios de esa entidad, convertida en una férrea dictadura disfrazada de democracia. No se sostienen muchas de las cosas que dice la actual directiva, que se parapeta en una delirante "persecución" por parte de la administración pública, cuando todos los problemas vienen de que han hecho lo que les ha dado la gana sin molestarse en cumplir las normas. Por no respetar, no se han dignado ni a respetar los plazos de presentación de la documentación, lo que ha hecho que caduquen expedientes y concesiones por pasar olímpicamente de todo y creerse que no va a pasar nada "por ser vos quien sois". Tal vez esa sea la "persecución", el no "arreglar" los expedientes como tradicionalmente estaban acostumbrados quienes se creen muy importantes.

Tiene su guasa leer que el Presidente del Fluvial, el señor Valledor, tiene el cuajo de declarar que si hay una multa la pagará el seguro, que para eso está. Supongo que ignora que los seguros no cubren las ilegalidades. Tienen una especial querencia por su dinero y no me pregunten el motivo, pero insisten en no regalárselo a la gente que hace lo que le sale de las narices violando toda cuanta norma hay para cumplir sus caprichitos.

Pero más allá del lío, o mejor dicho los líos en plural, en que la directiva ha metido a la Sociedad y de los que ahora sólo vemos la punta del iceberg, si algo debería obligar a reaccionar a los miembros del Fluvial es la vergonzosa expulsión de varios de sus socios por atreverse a decir lo que estaba pasando. Eso sí fue una persecución real, sin comillas, que culminó en un expediente por el que se mandó a la calle a varios miembros por enfrentarse a una directiva autoritaria y dictatorial que, además, miente descarada y evidentemente.

En el caso de las arbitrarias y ahora demostradamente falsas acusaciones que se utilizaron para expulsar a compañeros del Fluvial, el resto de los socios tienen el deber de hablar, de enfrentarse a la realidad, de corregir una injusticia que les atañe. De lo contrario serán como los alemanes que callaban mientras veían cómo marcaban con estrellas amarillas a sus vecinos y después los secuestraban para nunca más regresar. El silencio los hace cómplices y sin siquiera la hasta cierto punto razonable excusa de temer por su propia vida: aquí no hay más riesgo que el de enfrentarse a quienes se piensan que dirigir una entidad los convierte en propietarios de la cosa común y no en meros depositarios de una responsabilidad.

El Fluvial no es de su directiva, es de todos los socios, y los líos en que metan al Club afectará a todos y cada uno de sus miembros. También las infamias como la que se cometió con algunos de ellos por el "delito" de señalar que el emperador está desnudo.

Señores socios del Fluvial, les toca: Es la hora de enmendar una injusticia. No hay excusa para hacer lo que saben que es lo correcto.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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