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Picasso... y a vueltas con lo ibérico

martes, 08 de junio de 2021
En Santander la Fundación Botín ha inaugurado el día 1 de este mes una gran exposición sobre la relación de Picasso con el arte ibérico. La tesis de esta muestra, es decir de la referencia del genio a la estética íbera es cierta y tiene su base documental. Es verdad que en los primeros vanguardistas impactaría la sala de Arte Ibérico que había en el Louvre, donde habitaban varias esculturas del Cerro de los Santos presididas por la Dama de Elche, comprada por Pierre París en 1897.

Entre los más famosos escultores de vanguardia fascinados con sus piezas estaban Brancusi y Picasso. La fascinación la producía la pureza creativa de la composición anterior al canon clásico, así como las calidades de la materia trabajada con instrumentos rudimentarios: buscaban la belleza en los orígenes de la creación y la encontraron en los pueblos primitivos, tanto prehistóricos como actuales: en ellos descubrieron uno los camino a la abstracción.

En el arte de los íberos se daban esas cualidades, desde luego, pero, lo que aquí quiero añadir y destacar es que el interés por el mismo se impregnó además de un ideario ajeno al objeto artístico, que habría de determinar una carga sentimental más que objetiva, generada por los arqueólogos hispanistas extranjeros, con la cual se habrían de identificar los españoles: la existencia de los íberos y de su cultura como tal había sido difícil de demostrar, hasta que apareció la Dama de Elche en 1897.

El tropiezo más duro en el proceso de demostración había sido que en 1875 Juan Amat, el relojero de Yecla, hizo falsas esculturas supuestamente "originales" del Cerro de los Santos, y apoyándose en su "autenticidad" Juan de Dios de la Rada y Delgado montó su discurso de ingreso en la Academia de la Historia. Aquel tremendo error desprestigiaría por largo tiempo a los defensores de la realidad íbera, hasta que el hallazgo de la Dama ilicitana resarció a todos ellos.

¿Qué sentimientos movían el afán por hallar arte ibérico en España?: la arqueología occidental a lo largo del siglo XIX y primeras décadas del XX consideraba un universo mítico originario el del Mediterráneo oriental, así que si se demostraba la existencia de los íberos y su arte orientalizante venido de allí y enclavado en nuestro país, entre Europa y África, se añadía una raza de gran singularidad y valor a las otras grandes europeas, y en competencia con ellas se demostraba su importancia, lo cual prestigiaba especialmente a las culturas del área mediterránea prehistórica.

Esta idea fue reforzada por la arqueología española, que encontró en la misma un apoyo para reivindicar la importancia de España desde los más remotos tiempos, argumento más que necesario en plena decadencia con su correspondiente quiebra de identidad: nuestro país era diferente desde el principio de los tiempos, como lo demostraba la existencia de la raza íbera y su cultura, marcada por su orientalismo singular de gran prestigio entre los prehistoriadores.

Y esta idea pasó de la alta a la baja cultura española, desde la literatura del 98 hasta la del 27: de ensayos a manuales de bachillerato el orgullo de nuestra ibericidad se hizo con la "mente" social colectiva de lo español. ¡Y mira que hubo celtas por toda la península ibérica... y no sólo en Galicia!. Sí, pero los celtas eran tan europeos... mientras que los íberos eran tan sólo españoles, tan diferentes y llegados del oriente, de donde había arribado la luz... ¡Ex Oriente Lux!.

La emoción que produce un objeto artístico situado en los orígenes de una cultura no sólo reside en su belleza material, sino también, y de modo muy profundo, en que con él se demuestra que aquella raza y su mundo cultural existió. Difundida esa creencia sobre la realidad de un arte originario propio y únicamente español, se fraguaría la identificación emocional con el mismo a lo largo del siglo XX.

Sin duda Picasso vivió ese sentimiento ante las esculturas del Louvre, de las cuales guardaría dos en su casa , robadas para él y devueltas años más tarde al museo; de hecho el malagueño internacional declaró en algunas entrevistas que no le había influido el arte primitivo africano, sino el ibérico... y también el Greco -especialmente en "Las señoritas de Avignon"- , aquel pintor extranjero "españolizado", a decir de Manuel Bartolomé Cossío en su gran monografía sobre el cretense de 1908.

Yo pienso a veces que en la polarización del imaginario español ha pesado hasta hoy el debate vulgarizado entre los que sostuvieron la mayor españolidad de lo ibérico, frente a aquellos que han defendido la presencia fuerte en nuestra península de lo celta, más europeo pero menos "españolizado". ¿Ustedes qué opinan?
Pena López, Carmen
Pena López, Carmen


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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