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William Hill y otras casas de apuestas desaparecerán de las camisetas de fútbol. ¿Algo bueno?

jueves, 20 de mayo de 2021
Esta tal vez sea la última temporada que veamos el nombre de una casa de apuestas en una camiseta de fútbol o la valla de un estadio.

Y no se trata de una enemistad entre los clubes y los operadores de apuestas deportivas. El gobierno, mediante su Real Decreto 958/2020, prohibió cualquier tipo de relación publicitaria entre los dos sectores.

Fútbol sin apuestas parece casi un oxímoron. Después de todo, las especulaciones con dinero han existido desde el nacimiento mismo del deporte.

Aunque distintos arqueólogos argumentan que las apuestas ya se daban desde la prehistoria, los primeros indicios datan de hace más de dos siglos en la antigua Grecia. Sí, estamos hablando de la primera edición de los Juegos Olímpicos, donde los ciudadanos de la época apostaban por sus atletas preferidos.

Parece que las apuestas forman parte del ADN humano. El futuro y su naturaleza incierta tienen un atractivo inexplicable que nos hace poner unos euros en la mesa en un infructuoso, pero divertido intento de predecirlo.

Por eso, me pareció extraño que el gobierno tratara de apartar el deporte de las apuestas. ¿Por qué querrían los políticos quitarnos esta sencilla forma de entretenimiento?

Tras indagar, descubrí que el Ministerio de Consumo en cabeza de Alberto Carlos Garzón Espinosa les tiene la guerra declarada a los operadores de juego online. Y con justa razón: las cifras de la ludopatía son preocupantes.

En la actualidad, el país alberga el mayor número de jóvenes adictos al juego en todo Europa. Las cifras conservadoras estiman que actualmente más de 400.000 personas sufren de este mal.

Los esfuerzos del legislativo son loables. Sin embargo, cuestiono su metodología. Si algo nos ha mostrado la historia es que las prohibiciones no sirven en el mejor de los casos, o agravan el problema en el peor.

El presidente de LaLiga y los operadores de juego online ya advirtieron sobre los posibles efectos perjudiciales del decreto. Por una parte se estima que los ingresos de LaLiga caerán en cerca de 90 millones de euros, lo que no solo afectará a los clubes más pequeños, sino que influirá en los presupuestos de las diputaciones provinciales.

Por otra, se cree que el Real Decreto solo ayudará a fomentar el juego ilegal y la competencia desleal. Si los clubes tienen prohibido tratar con casas de apuestas legales en España, entonces lo harán con operadores foráneos que no pagan impuestos ni generan empleos aquí.

Entonces, regresamos a la pregunta inicial. ¿Debemos celebrar que William Hill y las casas de apuestas desaparezcan de las camisetas? Mi respuesta es: «no».

Debo admitir que me encanta jugar en William Hill. Considero que las posibilidades de apuestas de esta empresa de juegos de azar son algunas de las mejores del mundo. No siempre gano, pero no se trata de eso, sino del factor «diversión».

Precisamente, creo que William Hill me cumplió en ese aspecto. Siempre que jugué ahí me divertí. No importaba si ganaba o perdía; siempre me entretenía. Y ningún decreto me impedirá seguirme divirtiéndome con mis (inexactos) pronósticos deportivos.

Por eso, considero que esta medida del Real Decreto es una desfachatez. El gobierno está castigando a una empresa por ofrecer un medio de entretenimiento. Sería como imponer penas a un fabricante de TV por la telebasura que inunda la parrilla de programas.

La ludopatía es un problema, ciertamente. Sin embargo, considero que la lucha contra este flagelo debería concentrarse en educación, programas de sensibilización y la mejora de condiciones económicas que prevengan que la población convierta un medio de entretenimiento en una maldición.
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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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