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Por qué (seguramente) el PP de Lugo va a meter la pata (otra vez)

jueves, 06 de mayo de 2021
Como es lógico en el PP estarán muy contentos, es lo normal. El problema es que seguramente, conociéndonos como los conozco (no en vano fui afiliado durante muchos años hasta que el hartazgo por ciertas formas y fondos, sobre todo en el ámbito local, pudo conmigo), se van a alegrar de más, haciendo extrapolaciones engañosas en los niveles nacional y local, que son justamente los que no fueron a las urnas.

El análisis de la victoria de Ayuso en Madrid se parece mucho a la de Feijóo en Galicia, a pesar de ser dos personas con ideas, formas y procedimientos casi antagónicos incluso estando dentro del mismo partido. Su similitud electoral es que han vencido por ser ellos quienes son y por tener en el bando opuesto a quienes tienen. Las siglas han ayudado lo justo en el mejor de los casos.

Feijóo venció a un PSOE que presentó a un candidato que, siendo generosos, es un sinsangre, que es lo mismo que tenía Ayuso enfrente en Madrid. Caballero II (el sobrinísimo) y Gabilondo II (el hermanísimo) están cortados por el mismo patrón, salvo que al menos el madrileño no dice tonterías, sólo es soso, lo cual es un pobre consuelo. En el resto del arco parlamentario ha sido casi un calco: en lugar del BNG fue Más Madrid quien adelantó al PSOE por la mínima y el resto están más o menos de adorno (si bien los gallegos hemos sido más contundentes largando a Vox y Podemos de nuestro Parlamento porque las estridencias no venden en nuestra tierra).

Pero a lo que iba al principio: el PP de Lugo está a punto de cometer su habitual error: extrapolar las victorias en Galicia y Madrid con sus deseos de vencer a nivel nacional y local, olvidando convenientemente su batacazo en Cataluña, por poner un ejemplo cercano, y que tradicionalmente los resultados no son comparables. En nuestra ciudad, por ejemplo, el PP vence habitualmente en elecciones autonómicas y nacionales, pero se estrella en las municipales... y ahora se prepara a fuego lento el caldo de cultivo para que en 2023 pase exactamente lo mismo.

Se van a crecer, siguiendo la estela del bienamado líder. El más que discutible Pablo Casado pensará que tiene algo que ver en esas victorias cuando probablemente con una cabeza nacional en condiciones menos corrientes (siendo generosos de nuevo) Ayuso habría llegado a sus codiciados 69 asientos. Lo mismo va a pasar en el PP local, que creerán que esto es una señal divina que marca un cambio de ciclo y que, a falta de méritos propios, la ola les arrastrará a la victoria como por ensalmo... como si las amargas lecciones de 2011 y 2015 no hubieran servido de nada.

El PP tiene, como casi todos los partidos (mejor dicho, todos) un problema de miopía cuando se mira el ombligo, y el culto mesiánico a los gerifaltes de cada casa hace que nadie se atreva a decir en voz alta algo que no sea "loor y gloria al líder" independientemente de la calidad del mismo.

Tanto Casado como los mandos locales y todo lo que está en medio, cerrarán con este resultado cualquier debate interno sobre su liderazgo y ahí es donde van a meter la pata una vez más. Que todo sea una balsa de aceite es el requisito previo que el PP contempla para llegar a unas elecciones, olvidando que el debate interno no es necesariamente malo y que se puede ganar aún después de una batalla campal en casa. No hay más que recordar las cuchilladas entre los socialistas cuando llegó Sánchez a la Secretaría General y ahí lo tienen, en la Moncloa, durmiendo mal según dijo porque comparte gobierno con Podemos, pero durmiendo.

En conclusión, esto va a servir para que los populares se crezcan y escalen en esa chulería tan poco recomendable que hace que resulten antipáticos al votante medio. Esa altanería que hizo que en el 99 no presentasen a quien habría seguido siendo alcalde aún hoy, y que les hizo entrar en la senda de la oposición en Lugo durante los últimos 20 años. Esa misma fanfarronería que hace pensar que en lugar de querer gobernar para mejorar las cosas desean tomar la revancha y decir "ahora me toca a mí", que es lo que hacen otros (por ejemplo el BNG desde que entró en el Ayuntamiento, que quién los ha visto y quién los ve, pisoteando a todo el que no comparte sus infalibles visiones de cualquier asunto) pero disimulando mejor en campaña.

Si el PP de Lugo pretende sentarse en la alcaldía algún día, deberían empezar a asumir que la táctica de decir a cada cual lo que creen que quiere oír (aunque luego se contradigan con sus posturas públicas y votos plenarios) no sólo no funciona, sino que es contraproducente porque les hace quedar de oportunistas y falsos. Tal vez deberían hacer una reflexión de por qué las cosas han sido como han sido en las elecciones de los últimos 10 años (que es cuando "deberían haber ganado"), y de que tener una cabeza de cartel con personalidad propia es una parte importante de la fórmula del éxito, por no decir que es el ingrediente principal.

En Lugo les quedan dos años para elegir bien, y probablemente un cambio de caras sea lo más previsible y se tirará de nuevas figuras que están calentando banquillo y sí, estoy hablando de la posible, probable e incluso deseable candidatura de Javier Arias a la alcaldía de Lugo. Ya saben que las indirectas no son lo mío.

Ya se verá si tengo razón.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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