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El Círculo de las Artes descarta pagar 210.000 por el proyecto de una obra NO ejecutada

lunes, 19 de abril de 2021
Hoy me van a permitir que sólo me limite a reproducir un texto que considero de mucho interés:

Comunicado de la Junta Directiva relativo a la demanda presentada por Arturo Silvosa contra el Círculo de las Artes.

LOS SOCIOS DEL CÍRCULO CONTESTARÁN EN EL JUZGADO AL ARQUITECTO ARTURO SILVOSA, QUE PRETENDE COBRAR 210.000 EUROS POR EL PROYECTO DE UNA OBRA NO EJECUTADA DE HACE 20 AÑOS.


Silvosa ya cobró más de 150.000 euros por el proyecto que los socios rechazaron en referéndum en 1991

Lugo, 16 de abril de 2021

La junta directiva del Círculo de las Artes contestará al arquitecto Arturo Silvosa en el juzgado. Este técnico quiere cobrar 210.000 euros más intereses de demora y costas por un proyecto de hace 20 años para una obra que fue rechazada por los socios del Círculo y nunca se ejecutó, consistente en unas instalaciones deportivas en la parroquia de Labio, en el Concello de Lugo.

La junta general, que es el órgano competente para decidir si las obras de esta envergadura se hacen o no, celebró un referéndum en 1991 y emitió un dictamen preceptivo y vinculante en el que se rechazó la ejecución de esta obra por ser inabordable económicamente. El resultado de ese referéndum oficial se comunicó al Gobierno Civil de entonces.

En tres años el arquitecto multiplicó por cinco el presupuesto inicial

A pesar del pronunciamiento en contra de la junta general, Arturo Silvosa hizo un estudio previo para saber cuánto costarían las obras de Labio, desoyendo la decisión de los socios del Círculo expresada en referéndum. Conviene puntualizar que tanto Arturo Silvosa como su padre, Egidio Silvosa, eran miembros de esa junta general. Y además, Egidio Silvosa, ya fallecido, era el encargado de autorizar los pagos en aquella época, ya que era el tesorero de la sociedad cultural. En ese estudio previo, firmado por Arturo Silvosa y Manuel Ferradás en 1997, se concluye que las obras de Labio tendrían un coste de 1,9 millones de euros.

Sorpresivamente, tres años después, en el año 2000, el propio Arturo Silvosa, ya en solitario, presentó al presidente del Círculo, José Carlos Sánchez del Valle, una factura por el importe astronómico de más de 380.000 euros. Esa cantidad la decidió el arquitecto en base al presupuesto de la obra que él mismo fijó finalmente en 9.6 millones de euros. Es decir, en 3 años el presupuesto de la obra de Labio se multiplicó por más de 5 y pasó de 1.9 a 9.6 millones de euros. Este incremento se produjo por decisión de Silvosa ya que, ni la junta directiva ni la junta general, habían autorizado tal presupuesto ni sabían en qué se basaba esa estimación disparatada e inasumible para una entidad cultural sin ánimo de lucro, como el Círculo de las Artes.

Malestar en la junta directiva por el engaño

La presentación de la factura de Arturo Silvosa por más de 380.000 euros y el coste de ejecución de la obra, que el arquitecto cifró en más de 9.6 millones de euros, provocaron un profundo malestar en la directiva que tenía el Círculo en el año 2000, ya que desconocía ambas cuestiones y se sintió engañada por Arturo Silvosa y por su padre, Egidio Silvosa.

A este respecto hay que recordar que dos directivos de entonces ya habían presentado su dimisión irrevocable por disconformidad con la forma en que Silvosa estaba manejando este asunto: José Luis Macho y Antonio Seral.

Se da la circunstancia de que Macho además de secretario del Círculo era secretario del colegio de arquitectos, donde Arturo Silvosa presentó el proyecto faraónico de Labio para su visado sin que la directiva del Círculo lo hubiese autorizado.

El otro directivo, Antonio Seral, formaba parte de una comisión tripartita creada para controlar la viabilidad técnica y económica de la obra de Labio pero esa comisión no llegó a funcionar nunca y todas las gestiones que le habían sido encomendadas las asumió en solitario Egidio Silvosa, padre del arquitecto y tesorero del Círculo en aquella época.

Un burofax que responsabiliza al arquitecto y a su padre

Conocida la factura exagerada del arquitecto y el presupuesto desorbitado de la obra, el resto de directivos del Círculo enviaron un burofax a Arturo Silvosa el 4 de diciembre de 2001. En él le dicen que desconocen el proyecto al que se refiere y que, además, por su cuantía, solo podría ser autorizado por la junta general, tal como establece el reglamento de la sociedad, exigencia que el arquitecto conoce, por ser miembro de dicha junta general. Manifiestan igualmente que "esta junta únicamente ha tenido conocimiento de que, siendo su padre miembro de la junta directiva, se realizase un estudio sobre el coste de la ejecución de las obras a realizar en Labio, con muy limitadas expectativas y presupuesto muy inferior al que usted maneja". Y añaden que "cualquier desviación en el mismo solo puede entenderse como responsabilidad de ambos (Silvosa padre y Silvosa hijo)". Finalizan diciendo: «rechazamos de manera absoluta el contenido de los escritos y los planteamientos que en los mismos se nos hacen». Es decir, en ese burofax la directiva del Círculo culpa al arquitecto y a su padre del intento de cobrar a la entidad cultural una cantidad disparatada y no autorizada.

Es significativo recordar que Arturo Silvosa ya cobró del Círculo de las Artes por el proyecto de esa obra fantasma, que no iba a ejecutarse, más de 150.000 euros. Esa cantidad la percibió en varias fases, alguna de ellas sin ningún contrato que avalase dicho pago y siendo su padre, Egidio Silvosa, tesorero y por tanto el encargado de realizar los pagos del Círculo. Las demás cantidades se ampararon en un contrato insólito y sin precedentes en el Círculo de las Artes, hecho sin el logotipo ni el sello de la entidad, que se incluyen siempre en todos los documentos oficiales, y sin conocimiento de la junta directiva ni de la junta general. Es decir, hecho sin consentimiento de los socios del Círculo y en contra de lo previsto en el reglamento de la sociedad cultural que prevé en sus artículos 49 y 51 que la junta general debe autorizar todas las operaciones que excedan del 5% de su presupuesto anual y las que excedan la duración del mandato de la junta directiva. Ambos supuestos se dan en este caso: el presupuesto del año 1999 era de 935.000 euros y el mandato de la junta finalizaba al año siguiente.

Nuevo intento de cobro ante la directiva recién llegada

Dos décadas más tarde, en 2016, y ante una directiva recién llegada y absolutamente ajena a estos hechos, el arquitecto vuelve a intentar el cobro. La nueva directiva, vistos los antecedentes que obran en los archivos de la entidad y hechas las comprobaciones documentales y jurídicas precisas, rechazó la pretensión de Arturo Silvosa por entender que era ilegal. Ante esta negativa, el tema finalmente se decidirá en los tribunales de justicia.

Así las cosas, la actual directiva entablará todas las acciones legales necesarias para defender los intereses de los socios del Círculo, que son los propietarios de la entidad cultural. Para este fin la directiva ya ha recibido el apoyo de los dos órganos de control de la entidad: la comisión delegada de la junta general y la comisión censora de cuentas, que se pronunciaron a favor por unanimidad.

Igualmente, la junta directiva explicará a todos los socios que la reclamación de Arturo Silvosa, además de basarse en un proyecto rechazado en referéndum, puede comprometer la propia viabilidad económica del Círculo, una sociedad cultural sin ánimo de lucro, financiada con las cuotas de los socios y dedicada a colaborar altruista y solidariamente con proyectos culturales y sociales.

La directiva del Círculo lamenta este ataque a una institución señera, respetada y querida por los lucenses y transmite a los socios un mensaje de tranquilidad y confianza en la justicia. Igualmente manifiesta que defenderá los intereses y el honor del Círculo de las Artes con determinación y todos los medios legales a su alcance.

La junta directiva del Círculo de las Artes.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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