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Origen del término 'Híbrido'

miércoles, 24 de marzo de 2021
En las religiones anteriores a las basadas en la Biblia, los siempre numerosos dioses aparecen como seres humanos que poseen los mismos rasgos conductuales que los hombres. Generosos, altruistas o valerosos, pero también envidiosos, vagos o ladrones sin faltar algún que otro petimetre. Tal vez, lo que se pretendía con esta amplia gama de dioses era que los hombres encontrasen un cierto consuelo al ver que seres iguales a ellos, con características similares, alcanzaban el grado de la divinidad. En muchos casos, estas religiones pretendían el consuelo de las personas, nunca aportar un sentimiento de culpabilidad. Hiciesen lo que hiciesen los humanos, siempre existía un dios que se había comportado de manera similar, por lo que no había razón para que en la mente transgresora apareciese algún sentimiento de amargura.

En la religión griega, estructurada también para hacer felices a sus seguidores, sólo había una cosa prohibida a los humanos: que intentasen emular a los dioses mediante una actitud semejante a un desafío. Esta actitud arrogante era considerada falta muy grave, se conocía con el nombre de hibris y estaba castigada con la correspondiente sanción divina, la llamada némesis, que imponía el dios ofendido. Una hibris famosa fue la cometida por Ariadna, abandonada por Teseo en la isla de Naxos. Después de que Teseo hubo matado al Minotauro, gracias a la complicidad e Ariadna, huyeron a la isla de Naxos. Él tuvo que ir a Atenas, pero le juró volver a por ella. Era sincero al prometerlo, pero nunca volvió. Mientras Ariadna esperaba el retorno del mozo, la princesa cretense alcanzó una destreza tal en el modo de tejer, que retó a Atenea por ver quién de las dos lo hacía mejor. Por supuesto ganó Atenea, pero Ariadna fue castigada con la correspondiente némesis, siendo transformada en araña y teniendo que tejer constantemente. En el grupo zoológico de los arácnidos existe un género de nombre Ariadna, puesto en memoria de tan desdichada princesa.

En nuestro repertorio coplero contemporáneo, hay una copla, llamada "Marinero de luces", compuesta por J.L.Perales, que siempre me ha recordado a Ariadna esperando a Teseo.

Parece que la manía de parecerse a los dioses siempre fue algo consustancial a los humanos. Puede que por comparar las excelencias de la divinidad con la ruindad humana. Cuando Eva es tentada en el Paraíso, el argumento esgrimido por el demonio es clarísimo: "Seréis como dioses". Incluso en este tiempo, cuando un joven envalentonado se encuentra a gusto, tal vez pretende ser original diciendo que está "como dios", sin saber que su actitud representa un eslabón más de una cadena de deseos presentes a lo largo de la historia de la humanidad.
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Desde épocas que se escapan a la historia, existieron razas puras de animales domésticos. Esto quiere decir razas con generaciones en las que non aparecían miembros con caracteres indeseables, pues todos los presentes en las camadas, o en las nidadas, compartían las mismas características buenas propias de la raza. Hoy decimos de esas razas que son homocigóticas y que, por lo tanto, tienen fijados esos caracteres como resultado de una selección hecha por el hombre y llevada a cabo a lo largo de muchas generaciones, con sus éxitos y sus fracasos.

No era muy sencillo mezclar razas, pues en las descendencias podían aparecer caracteres buenos y no tan buenos, ya que en la antigüedad aquellos cruzamientos eran hechos un tanto al azar. Cuando se comenzaron a aplicar los conocimientos surgidos de la genética a los programas de cruzamientos, se procuró generar nuevas razas puras con muchos caracteres beneficiosos procedentes de diversas razas previamente seleccionadas. Para conseguirlo, se programaron cruzamientos con rigor científico. No faltó quien viese en este afán de producir nuevas razas un intento de reto a la actividad creadora de los dioses. Como en la mitología, conforme a lo que he dicho, este afán de emulación era conocido como hibris, a su producto se llamó "híbrido".
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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