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Felicitación navideña del abuelo

jueves, 17 de diciembre de 2020
( A los profesionales de la medicina y a los salvaguardas del Belén de Begonte en esta nueva Navidad que ningún Herodes nos puede arrebatar )

Está mi nieto, el más pequeño de ellos, escribiendo una carta a los Reyes Magos de Oriente. Lo veo muy concentrado en la redacción de la misiva y yo también me voy a poner a cumplimentar con buenos deseos unas tarjetas de Navidad, pero antes voy a escribir esta otra carta pues en las postalitas no daría expresado todo el mensaje que a continuación expongo.

Es de pena pero, solamente el niño de la casa y el anciano , somos los que cultivamos el género epistolar, pues mis otros nietos, mi hija y el yerno no tocan un bolígrafo para nada, todo lo hacen de forma breve , monótona, lacónica y casi tópica con esos mensajitos de "Feliz Navidad y próspero Año Nuevo" y, en muchas ocasiones ni ese whatsapp mandan, es tanta la "guasa" con que se toman algo tan trascendente que envían un emoticono de esos que para mi resultan tan fríos como un muñeco cualquiera.

Bueno, dejo a esos con sus dedos pegados a la pantalla recibiendo mensajes tan generales que resultan gélidos, ya que carecen, en la mayoría de los casos, de la viveza sentimental. Pero dejémosles, no quiero entrometerme en lo que hacen los demás, ya son mayorcitos. Voy a lo que estoy, a la redacción de la carta de que hablaba, de seguir así terminará mi nieto de escribir esa interminable lista de regalos y un servidor sin aclarar de que trata el texto escrito que es, como sigue:

"Esta carta mía no va a los Reyes Magos, porque ya aquella infancia quedó lejos, pero no por ello crea el lector que vivo carente de ilusiones. La Navidad no tiene edad y precisamente se valora más cuanto más años hemos vivido. Esta misiva es de agradecimiento a dos colectivos: uno, los profesionales sanitarios y el otro, de altruistas entregados a mantener viva otra llama muy necesaria, los valores espirituales .

Los del campo de la medicina luchan por nuestra vida. Este año que ya finaliza y, con perdón, se vaya con el mismo demonio, estuve desde febrero temblando , asustado en mi silla de ruedas-desde hace un par de años perdí la movilidad en las extremidades inferiores-.

Pensé que, como muchos de nuestros coterráneos esta Navidad dejaría de estar en esta mesa de Nochebuena por culpa de la Covid-19; por eso a todos los que nos regalan salud, les digo y proclamo que para nosotros han sido este año unos auténticos Magos regalándonos salud. Herodes, el maldito virus, ha estado tan cerca de ellos que muchos también han sido víctimas convirtiéndose para nosotros en auténticos mártires. Envueltos en sus batas blancas o verdes, son unos verdaderos terrenales ángeles , mientras los irresponsables, olvidándose de la situación, juegan en la ruleta rusa de lo que puede resultar trágica diversión para ellos y muerte para muchos.

Los doctores/as, enfermeros/as y todos aquellos/as que ejercen su profesión en el ámbito sanitario se enfrentan a ese terrible invisible toro de muerte por salvarnos, por ello esta Navidad pienso que nos están dando, gracias a Dios, el único y verdadero regalo, el aguinaldo de la salud, el que viene envuelto en el más sencillo pues aunque, dados mis años y los muchos achaques que sufro, puedo seguir viendo nuevos amaneceres y agradeciendo al Omnipotente que me premie con el premio más gordo, la lotería que supone vivir y, sobre todo seguir soñando, en el redrojo de mis crepusculares atardeceres, en la hermosa compañía de mi familia y pidiendo que mis descendientes, como este nieto, sigan viviendo en esta normalidad que ahora, cuando la perdimos, es cuando la valoramos como se merece.

Bien, si mi preocupación es mantenerme aquí viendo correr los días aunque mis piernas no se muevan, si lo hace mi mente y mi corazón, por ello mientras goce de lucidez y palpite este corazón agradeceré a los profesionales de la medicina lo mucho que por nuestra existencia hacen y más en situaciones extremas, cuando el riesgo es colectivo. Sí, ellos son los puntales de la razón para seguir manteniendo salud física, los que ayudan a nuestro cuerpo, pero nosotros debemos colaborar con responsabilidad y "sentidiño" para prevenir este endémico mal. Colaboremos con ellos, no compliquemos su trabajo poniendo en riesgo lo que entre todos hemos de cuidar, la salud personal y social.

El otro grupo, al que deseo trasmitir mi felicitación más agradecida, son los artífices de una obra grandiosa quienes, con su preocupación por mantener encendido el Belén de Begonte, realizan una labor fascinante al impulsar los valores y la tradición navideña y, no solamente con el encendido del famoso Nacimiento consiguen avivar el de todos nuestros corazones, lo logran por traer esa inmarcesible luz a todos los hogares. De nada sirve gozar de fortaleza física si carecemos de la anímica y espiritual. Desde hace muchos años, llegado el tiempo navideño no dejé de visitar, en mi inseparable silla de inválido, acompañado de mi familia, al Belén Electrónico de Begonte.

Ahora, viendo que el virus nos confinaba tenía miedo a que ese Belén del Centro Cultural "José Domínguez Guizán" tuviera que confinarse también; pero la Navidad no cierra las puertas y siempre está abierta a todos; por eso, los organizadores, bien conocedores de que la luz de Begonte y del mundo ningún virus la puede apagar, buscaron otro medio para evitar la cruel barrera del moderno Herodes, haciendo que si nosotros no podemos ni tampoco debemos ir allí, el Belén venga a nuestra casa. Si Papá Noël entra por la chimenea, él entrará por esas modernas ventanas que abre la tecnología y los responsables del Belén de Begonte bien saben utilizar. El portal en este caso es la pantalla de un ordenador o de otro telemático recurso, por eso ahora veo lo útil que es el progreso bien usado. En sus alas, cual cometa entra en mi hogar, sin tener nada que justificar por su visita, toda esa gran cantidad de figuritas y personajes que desde hoy en cualquier instante puedo contemplar.

Tenemos ante nosotros todo el acervo de la tradición de Galicia representada en esas dinámicas piezas que rodean al grandioso y espiritual marco, el Portal donde se hace humana la grandiosa luz espiritual representada en esa Sagrada Familia .En esta grandiosa fiesta no hay toques de zambombas ni cánticos, es de recogimiento tan íntimo que más nos interioriza para pensar en los valores; pero, aunque parezca todo silencio, suena en la torre de nuestro ser la campana de los sentimientos; repicando nuestro corazón muy alegre porque este año nos visita a quien tanto visitamos y siempre visitaremos, el Belén de Begonte que nos trae , con su presencia, la fuerza espiritual tan necesaria siempre y más, en estos momentos tan duros que vivimos en este mundo. Gracias por demostrar que podemos perder muchas cosas pero, la luz del amor cristiano siempre encendida estará en Terra Chá y en todo lugar donde la llama de la fe esté firmemente avivada.

Moderno Herodes, si los Magos le dieron esquinazo a tu pariente lejano, en esta Navidad son los organizadores de ese fantástico evento quienes, usando la más grandiosa e invisible pértiga , la que salta mejor que cualquier dromedario, la imaginación y el dominio de la cibernética, con ella esos tres grandes magos, los herederos de los que fueron alma mater de este Belén, y todos sus colaboradores que cual pajes suyos vencen y derrotan al que nos acosa .

Si mis palabras leyera el gran inolvidable sacerdote Xosé Manuel Carballo seguro que, ese otro mago, diría con sorna:

"Carallo, que tes razón, co corazón do Nadal nunca pode o mal e a Estrela de Begonte, este belén, sempre ten que alumear Terra Chá e a Galicia universal !"

Cuando el cuerpo está débil físicamente, como ocurre en este caso de pandemia, para seguir caminando hacia el Señor hemos de hacerlo con el bastón de la mayor seguridad y tranquilidad para nuestro organismo, ese adminículo que es vivir siempre la Navidad y, con ello, seguir con nuestra mirada fija en los destellos de su luz, la que algún día confiamos en llegar a vivir en plenitud.

Muchas gracias, sanitarios del cuerpo y del espíritu navideño.

Feliz Navidad y , aunque en esta cena de Nochebuena seamos poquísimos, estando todos en nuestro corazón y este Belén de Begonte presidiéndola, feliz hemos de estar, pues , el portal de la vida hemos de cuidar, ya volverá otra Navidad sin mascarillas para poder fraternalmente al mundo abrazar. Hoy estamos viviendo la peor de las miserias, la pandemia que nos enseña con pena y dolor que lo material no sirve para nada si no tenemos salud y fe.

Un virtual abrazo de este abuelo que abre la ventana de su alma para desear SALUD y PAZ, dejando al viento esta carta que espero lleve hasta el Centro Cultural "José Domínguez Guizán, el lar donde la Navidad se hace realidad."

Fdo, El abuelo.
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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