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Transgénicos, transgénicos...

lunes, 26 de octubre de 2020
Ya he escrito antes sobre esta desconfianza que generan los organismos transg√©nicos. No tengo nada nuevo que a√Īadir, pero veo que esa actitud se ha vuelto moneda de cambio en cualquier conversaci√≥n.

Desde siempre, nuestra cultura receló de los seres monstruosos, aquellos cuyos cuerpos eran mezclas definidas de los de otros. Las esfinges, las quimeras, las gorgonas o las sirenas eran seres que, en la mitología griega, jugaron continuamente papeles malvados: mentirosos, criminales, vengativos o traicioneros, siempre estuvieron del lado de la falsedad y la traición, siendo ellos mismos falsos y traidores.

Estos monstruos han permanecido vivos en nuestro subconsciente, como nos lo muestran diversas manifestaciones artísticas y, con estos planteamientos, no es raro que hoy exista un manifiesto rechazo a unos seres surgidos como consecuencia de mezcla de caracteres de otros, previos, que pudieron no ser malos ni perniciosos cuando están solos: la maldad intrínseca reside en la misma mezcla.

A veces los temas culturales son recurrentes. Van apareciendo a lo largo del tiempo, siempre actualizados con las nuevas técnicas vigentes. Desde hace un tiempo estamos en un momento en que los mercados se van llenando de productos procedentes de nuevos seres, consistentes en individuos de especies bien definidas a los que se han introducido genes de especies afines para mejorarlos de acuerdo con criterios preestablecidos y hacerlos, de este modo, más rentables en términos de economía o de utilidad para el hombre. Estos seres, por ser producidos luego de un paso de genes desde un ser donante a otro receptor, se denominan genéricamente "transgénicos" y es sobradamente conocida la polémica que han originado en su entorno.

Surge el recelo de nuevo. Los transgénicos son los nuevos monstruos de nuestra cultura, ahora a nivel molecular: tienen el genoma de una especie, pero algunos genes proceden de otra. De nuevo seres que representan mosaicos de otros que no son malos pero cuya combinación es mala de por sí. La desconfianza, el recelo, el alboroto y el beneficio económico de unos pocos, están servidos.

Dicen los enemigos de los transg√©nicos que, al comerlos, comemos genes de otras especies. Pero siempre ha sido as√≠: ingerimos partes de seres que nos sirven de alimento, sean animales o vegetales. Cuando ingerimos esos alimentos, tomamos tambi√©n sus genes. Luego, en la digesti√≥n, estos genes ajenos se descomponen en sus unidades bioqu√≠micas elementales (nucle√≥tidos) y, como tales, son absorbidos a nuestro medio interno donde comienzan un proceso de integraci√≥n en nuestra propia bioqu√≠mica. A ese proceso le llamamos digesti√≥n, y mediante √©l, los componentes moleculares presentes en los alimentos pasar√°n a ser componentes moleculares de quien los ha ingerido. No tiene ning√ļn sentido cient√≠fico hablar de "comer genes".

De todas formas, dentro del recelo a los transg√©nicos, encuentro que existen lagunas, serias lagunas, de informaci√≥n, en espera de una respuesta fiable. En primer lugar, un individuo transg√©nico cualquiera, con un metabolismo perfectamente ajustado, se encuentra con genes nuevos que determinan procesos bioqu√≠micos nuevos en √©l. Debemos pensar que su metabolismo se enriquece con la presencia activa de estos genes (para eso se ha manipulado gen√©ticamente). Pero, ¬Ņqu√© ocurre con los productos de desecho generados a partir de esa novedad metab√≥lica? Porque √©sta es una cuesti√≥n importante para nosotros y cuya respuesta a√ļn no est√° claramente definida, que yo sepa.

Creo que no hay ni un solo dato que nos indique que los transg√©nicos son perniciosos, pero la desconfianza est√° extendida entre los consumidores a la hora de abastecerse de alimentos, aunque los envases de los productos obtenidos con estos medios tengan la obligaci√≥n de exhibir las letras que indican su procedencia: OGM ¬ďorganismo gen√©ticamente manipulado¬Ē.

Otra cosa, importante, es la comercializaci√≥n de estos productos. Ocurre que unas pocas empresas se han hecho propietarias de las patentes correspondientes y la capacidad de comerciar transg√©nicos a nivel mundial, con todo lo que esto significa. Lo que habr√≠a sido un beneficio para la alimentaci√≥n humana, se ha quedado en beneficio de unos pocos. Porque, en EEUU es posible patentar un ser vivo si se ha modificado de alg√ļn modo. Ya se le considera un producto industrial.

Hoy los transgénicos están muy presentes en nuestras vidas, no sólo entre los alimentos. Nuestros billetes de euros, en todos sus valores, están hechos con algodón genéticamente manipulado. Por citar un caso.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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