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Cada vez menos trenes

martes, 20 de octubre de 2020
Por un lado vemos que RENFE no hace más que suprimir servicios al haber “poca demanda”, claro que si para ir de Lugo a Coruña sólo hay dos trenes (uno a las 8:24 y otro a las 21:34) que tardan casi dos horas (1:52 el primero y 1:41 el segundo), y para hacer el trayecto inverso también existen únicamente dos opciones (uno, para madrugadores, a las 6:38 y otro por la tarde a las 19:30) y son más lentos aún (1:47 y 1:56 respectivamente) uno se explica con cierta facilidad el motivo de la “baja demanda”.

A Madrid pasamos de tener cuatro trenes diarios a uno solo, el Alvia de las 11:10 que llega allí a las 17:56 partiéndote la mañana y la tarde en ambos sitios. Para hacer el recorrido inverso hay dos (será que viene más gente de la que va) a las 13:00 y a las 14:57.

Y luego les extraña que usemos el coche o vayamos en el autobús.

En Lugo habíamos vivido un atisbo de esperanza cuando se lograron los aumentos de frecuencia con la capital de España, aunque siempre estuvo pendiente el tema de las cercanías, que aquí son casi inexistentes, y ahora más.

Pero les hablaba de más noticias. El señor Losada, delegado del Gobierno en Galicia, afirma que el AVE llegará en el plazo fijado (le quedan dos meses y medio porque dijeron 2020), pero a Lugo ya no lo mencionan. Hablan de “Galicia”, como también hicieron desde los gobiernos de Rajoy, que dieron por perdida la conexión con Lugo algo que, si les soy sincero, me preocupa bastante poco porque ni voy tanto a Madrid ni creo que necesitemos un tren tan caro para hacer ese trayecto mientras seguimos sin poder optar a viajar a Santiago en ese medio.

El tercer titular es el de los avances para la Intermodal, en que se van a sacar de la manga una modificación por la puerta de atrás de la normativa urbanística para desproteger un edificio que habían clasificado “por equivocación” (¿se lo cree alguien?, ¿en serio?) para poder perpetrar el disparate mayúsculo de construir una mega estación de trenes a la que no llegarán trenes, el típico proyecto para entretenernos mientras nos toman el pelo descaradamente.

Estas tres noticias, vinculadas, hacen una foto realmente absurda: no hay viajeros, por lo que no hay trenes, pero habrá un mamotreto de hormigón para… nadie. Cifrar las esperanzas de que llegue el AVE o que vengan más frecuencias de trenes porque tenemos una gran estación es como construir un garaje climatizado para ver si se llena solito de coches clásicos y deportivos de alta gama: una necedad, de la que además somos cómplices.

Las entidades que aseguran velar por el futuro ferroviario de la provincia, y más concretamente la vergonzosa plataforma “Lugo, non perdas o tren”, calla como una meretriz (vamos a ser finos) mientras las administraciones se ríen en nuestra cara. Es lo que tiene vivir de subvenciones y patronazgos políticos, que cuando los que gobiernan son los mismos que te financian tienes que callarte o, como mucho, publicar tímidas notitas de prensa en que pides, con la gorra en la mano, si serían tan amables de ponernos algún tren, que ahora no tenemos casi ninguno. Eso sí, cuando le toca a “los otros” te rasgas las vestiduras y montas manifestaciones porque es un engaño a los lucenses. Y así todo. Aún recuerdo la “reunión” que mantuvieron con el responsable de Renfe tras la que anunciaron que se “mantendrían los servicios”. Pues ni eso, pero la respuesta es un clamoroso silencio.

Y así todo. Nos quedamos sin trenes pero nos harán “una gran estación”, con esa mentalidad paleta que hizo que construyeran el absurdo puente blanco, el MIHL o tantas otras obras públicas en que se han despilfarrado millones y millones de euros que nos venían muy bien para convertir esta ciudad en lo que debiera ser pero que, por ineptitud, por ignorancia o por maldad no han sabido o no han querido hacer.

Y seguimos para bingo, con más proyectos absurdos que no servirán para nada pero que quedan muy bien en los titulares (o eso parece, al menos) como el edificio de madera en casa de Cristo, las caldas “ecológicas” de agua del grifo calentada con una caldera, la reconversión en perrera de un matadero en que ni siquiera hay terreno para que los pobres animales salgan a pasear, o la construcción de nuevas urbanizaciones en una ciudad con barrios enteros que se caen en pedazos semiabandonados.

Alegría, paga Juan Pueblo. Y no sólo paga sino que aplaude con las orejas.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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