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Consanguinidad e inmigración

viernes, 16 de octubre de 2020
A partir de lo que escribo, se puede pensar que, biológicamente, no me gustan las poblaciones pequeñas. Eso es cierto por motivos que voy explicando, pero no quiero generalizar. En realidad, salvo unas cuantas cosas concernientes a biología molecular, en biología no existen reglas generales que reciban el reconocimiento de leyes. Lo que es bueno para un grupo de individuos, puede ser pernicioso para otros y siempre depende de la estrategia biológica de la especie en cuestión.

Pero los bajos tamaños de población, en casos de reproducción sexual, son peligrosos para el mantenimiento de las poblaciones. Siempre se llega a situaciones consanguíneas y eso puede no ser bueno.

En poblaciones pequeñas, la inmigración constituye en fenómeno biológico importante. Ocurre cuando uno o más individuos procedentes de otra población se instalan en una que llamamos receptora. ¿Por qué es importante? Porque suponemos que los individuos inmigrantes aportan alelos nuevos a la población que los reciben, que, por tanto, genéticamente se renueva o enriquece. Es muy importante que en cada generación aparezca nueva variabilidad, surgida de mutación. Pero si la tasa de mutación es de uno por millón (de copias de gen, o de gametos) y la población es de treinta individuos, hemos de pensar que se ha formado a partir de sesenta gametos. Poca variabilidad puede haber en tan exiguo número de gametos. Si procedente de otra población, llegan individuos adultos, seguro que traen algo de variabilidad nueva que enriquecerá la de la población receptora.

Entre algunos parques naturales, se generan inmigraciones artificiales intercambiando machos. Después de permanecer un tiempo en las poblaciones receptoras, esos machos se devuelven a sus lugares de origen, pero las poblaciones en las que estuvo durante un tiempo, quedan genéticamente renovadas si el macho deja descendientes en ellas.

Esto de los machos inmigrantes es algo muy curioso dentro de la biología de poblaciones, siempre relacionado con su efecto de ser portadores de una posible nueva variabilidad genética. Por ejemplo, existen múltiples datos, tanto en aves como en mamíferos, que nos hacen pensar que esos machos inmigrantes poseen mayor éxito que los machos residentes a la hora de aparearse con hembras de las poblaciones receptoras. Los genes portados por esos machos se mezclan en pocas generaciones con los genes de la población receptora. Se generan, por tanto, nuevas combinaciones de alelos. En tribus humanas africanas, existen mecanismos sociales con el mismo fin. Los hombres que proceden otras tribus y se integran en alguna debido a apareamiento estable con muchachas, ven rebajados sus deberes laborales en la tribu receptora a lo largo de todo un ciclo anual. Para esas tribus, el beneficio a largo plazo, biológico, es más importante que el que se pueda producir a corto plazo. Es lógico pensar que la tribu receptora no sabe de efectos genéticos de la inmigración, pero las costumbres la favorecen.

Hubo poblaciones humanas con graves defectos hereditarios, debidos a consanguinidad generada en poblaciones pequeñas en lugares de difícil acceso. En esos lugares, con inviernos largos y duros, las parejas consanguíneas se formaron del modo más natural. Por ejemplo, en montañas de Galicia, León o Cantabria o en las Hurdes. Pero también ocurrió algo similar en Noruega, en pueblos situados en vertientes de difícil acceso de fiordos y en algunos lugares de Norteamérica. Todas esas taras genéticas desaparecieron mediante efecto curiosos. Por ejemplo, en Norteamérica desaparecieron cuando se popularizó el uso de la bicicleta y los chicos iban a otros pueblos a establecer relaciones con sus chicas (estaban rompiendo la costumbre de los matrimonios consanguíneos) En Noruega se construyeron embalses y las gentes de las aldeas fueron reunidas en grupos de población más grandes. En ellos, los matrimonios se realizaron entre gente de diferente procedencia, eliminando la consanguinidad en una sola generación. En nuestro país ocurrieron casos similares. Siempre los jóvenes procedentes de otras pueblos han tenido mayor atractivo a la hora de establecer parejas, lo cual lleva consigo la pérdida de consanguinidad.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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