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¿Otra ordenanza cívica? No, no vale de nada

lunes, 12 de octubre de 2020
“¡Hay que hacer algo!”, es el grito de guerra cuando hay un suceso que llama la atención, y últimamente estamos servidos en Lugo, tanto en el casco histórico como en otras zonas de la ciudad, si bien es cierto que en el centro llama más la atención porque es el barrio de todos.

La agresión que sufrió un trabajador del Círculo de las Artes el otro día se suma a la lista de problemas que vivimos en el día a día, y aunque quizá no han aumentado en número sí se han trasladado de horario. Lo que antes pasaba a las tres de la mañana, cuando mucha gente duerme y no se entera de nada, ahora sucede a plena luz del día y claro, canta más.

La reacción no se ha hecho esperar, y ya hay quien plantea retomar la “ordenanza cívica” que afortunadamente quedó aparcada en un cajón porque era un disparate mayúsculo y una aberración normativa de la que escapamos por un pelo. Pensar en volver a las andadas es una sandez, principalmente porque no hace falta.

Para quienes piensen que es necesaria, ¿acaso creen que agredir a un empleado del Círculo es “legal” si no lo prohíbe el Ayuntamiento? ¿Piensan que saltarse las precauciones sanitarias, obligatorias para todos, ha de ser recogido en una Ordenanza para que sea “más efectivo”? ¿Pretenden impedir que la gente joven se siente en las escaleras de la Plaza de España? Si les parece después aprobamos un código de vestimenta y un peinado estándar para los lucenses y así nadie va con “malas pintas”.

No soy anarquista, ni de lejos, soy liberal que no es lo mismo. Eso quiere decir que respeto la libertad de cada cual con el límite que impone el respeto a la de quien está a tu lado. Esto se traduce en que me parece bien que existan normativas de obligado cumplimiento que ordenen razonablemente el comportamiento personal porque al final vivimos en sociedad y hay que adaptarse a eso… pero esas normas han de ser de mínimos, y han de cumplirse, que es lo importante.

De nada nos sirve aprobar larguísimas parrafadas si no se respetan. La diarrea normativa que vivimos, contando además con varios niveles de poderes con capacidad de organizar nuestras vidas (municipal, autonómico, nacional e incluso europeo) no se convierte automáticamente en un mayor “orden social”, sino todo lo contrario. Hay semejante lío montado que nadie tiene muy claro lo que se puede y no se puede hacer, y todos tenemos la sensación de que en cualquier aspecto de nuestras vidas nos pueden sancionar por hacer una cosa o por la contraria agarrándose a una línea poco clara de un farragoso artículo de una norma medio olvidada. Y si no miren la que se ha liado en Madrid, donde están como pollos sin cabeza y la parafernalia del encuentro entre Sánchez y Ayuso, en que había más banderas que en la ONU, sólo era una patraña parecida a esas que representan algunos matrimonios que se venden como felices y exitosos pero que, una vez cerrada la puerta de casa, se odian.

En Lugo pasa algo parecido. Hay normas, a punta pala, tantas que las hay contradictorias. Apenas hay comportamiento que no esté regulado y tasado por la todopoderosa administración, pero no se hacen cumplir, y así estamos, bramando que “hace falta hacer algo” pero cifrando ese “hay que hacer” a lo que sale políticamente rentable: proponer una Ordenanza, una nueva norma, otra más.

Es una idiotez. Lo que necesitamos es que la Policía patrulle, y a poder ser a pie. Que estén por la calle y que cuando se vea un comportamiento sancionable se sancione, y no se mire para otro lado porque “eran muchos en el botellón y nosotros sólo éramos 2”, cosa que ya ha pasado en esta ciudad.

Ah, y por cierto, no sean melones, no sean racistas, no me vengan con que la culpa es de “los de fuera” (que es como se llama a los mulatos, negros y demás razas no caucásicas) porque sentarnos en las escaleras de la Plaza de España y hacer ruido lo hicimos todos en la adolescencia. No confundan churras con merinas ni agresiones con simples reuniones, por mucho que haya gente de países de “ritmos caribeños”. El racismo siempre se ha ocultado tras un manto de supuesta “racionalidad” que no es más que eso, racismo.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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