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¿Por qué es casi imposible repetir Comilonum?

jueves, 24 de septiembre de 2020
Nos recuerda La Voz de Galicia de hoy que hace ya 20 años, en septiembre de 2000, Lugo se sentó alrededor de la Muralla para compartir mesa y mantel. Comilonum fue una fantástica fiesta, idea de Alberto García del Mesón de Alberto, que se pudo hacer gracias a la colaboración de 17 restaurantes. Bueno, corrijo, se hizo entre 17 pero en aquel momento estoy seguro de que el propio Alberto lo podría haber hecho él solito en cuanto a capacidad de mover materiales y personal, otra cosa sería lograr que 5.000 personas se apuntasen al tema, pero probablemente también habría sido posible. Sin embargo no lo hizo y compartió su visión con todos, y sin duda fue un rotundo éxito.

Se unieron a la organización los hoteles (por orden alfabético tal y como se publicitó de aquella) Gran Hotel, Jorge I, Méndez Núñez, Roma y Torre de Núñez y los restaurantes A Muralla, Alberto, Campos, Caseta de Fidel, España, La Barra, La Palloza, Los Robles, Manuel Manuel, Parrillada Antonio, Porta Santiago y Verruga.

Entre todos reunimos a 5.000 personas para hacer esta enorme comida, y fíjense lo que son las cosas que quedó muchísima gente sin poder sentarse porque no había más capacidad. 300 camareros atendieron las mesas, y el despliegue de medios y de recursos fue tremendo. No es fácil montar cocinas improvisadas al aire libre para tanta gente, y menos para quienes no teníamos costumbre de salir a la calle y teníamos únicamente los recursos de nuestros locales. Como anécdota les diré que mi madre hizo por primera vez en su vida café “de pota” en la cocina que habíamos montado frente a la Muralla y, a pesar de su nula experiencia con eso, le salió tan rico que todo el mundo repitió y casi no llega la enorme cantidad que preparó. Las imágenes de tanta gente rodeando la Muralla, junto a los libros que en aquel momento estaban puestos en el monumento dieron, no sé si la vuelta al mundo, pero desde luego sí a toda España.

Entonces, ¿por qué Comilonum no siguió? Se repitió un par de veces más, cada vez con menor afluencia de público, y la última fue un desastre, con unas enormes calvas en la Ronda que hacían que perdiera totalmente su significado. Incluso en una ocasión el riesgo de mal tiempo hizo que se trasladase todo a la Feria de Exposiciones, lo que acabó de cargarse el asunto.

Comilonum no se volvió a repetir porque es una ruina, así de sencillo. Los restaurantes que participaron perdieron un montón de dinero, y si bien estás dispuesto a hacer algo así por un fin más noble (la primera comida se organizó para apoyar la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad) lo que no vas a hacer es palmar pasta todos los años, y mucha.

Empezando por tener que cerrar tu restaurante si te coincide un día de trabajo (que es lo normal porque se hacía siempre en domingo, un día en que nadie de hostelería descansa) y dedicar todos tus esfuerzos a una fiesta en la que vas a perder dinero. Sería una opción que se podría barajar si se cobrase el cubierto cubriendo costes, pero dudo que la gente estuviera dispuesta a pagar 40 euros por persona para ese tema.

Quizás el mayor error fue repetirlo. Comilonum debió quedar como lo que se suponía que tenía que ser, una fiesta excepcional para un momento excepcional. Una unión sin precedentes de una ciudad para lograr un fin que se consiguió. Flor de un día que quedaría reflejada en las imágenes que hoy recoge la hemeroteca. Sin embargo el recuerdo es agridulce, porque se siguió haciendo y entró en lo peor que puede pasar a este tipo de actos: la decadencia. El último año la organización aseguraba que había 3.000 comensales lo que, incluso siendo cierto, es prácticamente la mitad del primer año.

¿Se podría volver a hacer? Sí, por poder claro que se podría. Evidentemente al pasar todo este terrible momento de la pandemia. Quizás para celebrar precisamente ese momento, o incluso en un Arde Lucus se juntaría la suficiente masa crítica como para conseguirlo, pero la parte económica será la más difícil de superar.

Mientras tanto nos queda ese precioso recuerdo, el de una fiesta que nos unió para luchar juntos por nuestra Muralla.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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