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Una figura intrigante

viernes, 28 de agosto de 2020
A veces, cuando nos encontramos ante una obra no figurativa, se nos ocurre pensar que qué habrá querido decir su autor con ella. En el Museo Provincial de Lugo, hay una obra figurativa que me suscita grandes interrogantes.

Procede de Muxa, una aldea periurbana lucense. De origen incierto, se quiso representar un Salvador sentado, en postura de Juez. Cuando se esculpe ya no es la época del románico, era finales del Siglo XII. Los tiempos del gótico llegaban, de modo rudimentario y se notan sus aires, toscos también. Tal vez no se disponía de una piedra de mayor tamaño (88cm de altura), y hubo que ceñirse a sus escuetas dimensiones. Pero salió una obra bonita. De todos modos, no sé si la pieza fue esculpida por una sola persona o si intervinieron más en su ejecución. Para mí, es la obra más extraña del Museo.

Vemos al Cristo a punto de juzgar, representado como tal: sentado, esgrime en su mano izquierda un libro con sellos para ir abriendo según lo pautado en el Apocalipsis. Pero a diferencia del Pantocrátor del Pórtico Norte de nuestra catedral, cuyo libro presenta los siete sellos apocalípticos, éste, el de Muxa, sólo tiene uno. Tal vez nadie dijo al escultor que debían ser siete o puede ser que nadie reparara en el detalle.

Por otra parte, el Salvador es completamente asimétrico en las dimensiones de sus brazos. El izquierdo, el que sostiene el libro, es un brazo corto. Aunque el derecho está roto, pues le falta una mano con la que posiblemente esbozase el gesto de bendecir, debió ser un brazo muy largo. Curioso esto de que ambos brazos sean diferentes en su longitud.

Quien esculpió la figura no tuvo mucha suerte al repartir y asignar proporciones y volúmenes. Si miramos al Salvador con los criterios de la época en que fue esculpido, siglo, XII, la verdad es que se quedó muy desproporcionado. Los brazos asimétricos, los muslos grandes, las piernas casi esbozadas, todo parece un contrasentido y más queriendo representar una figura sagrada.

Podríamos interpretar estos desajustes de tamaños de dos modos, y los dos me gustan. Por una parte, la falta de proporciones anatómicas en el cuerpo del Salvador, podrían ser debidas a que el escultor realizó una obra que estaría colocada sobre algo alto y, por tanto, se contemplaría desde un plano inferior. Las irregularidades en las proporciones podrían ser debidas a que quiso corregir los desajustes de perspectiva en la visión de los devotos. Esta explicación, posible, me resulta extraña porque tendríamos que admitir un escultor adelantado en el tiempo y en los modos de creación, y esta manera de actuar se contradice con la rusticidad de su obra.

Pero también podemos recordar a los primeros artistas impresionistas y el escultor quisiese representar al Salvador como él lo veía. O como él quisiese que fuera. Una mano, la de juzgar, corta, la que tiene el libro que servirá de guía en el juicio. Otra mano, la benevolente, la que bendice y perdona, larga. Aquella que por su longitud se ha roto y no ha llegado a nosotros.

El Salvador, sea asimétrico por los motivos que sean, está sentado sobre una pequeña silla con bonitos laterales y un respaldo que tiene como dos torres. Las dos están rotas.

Ante todo este desbarajuste escultórico, el maestro esculpió un rostro hermoso, sereno, que recuerda otros de la misma época. Concretamente, el del Pantocrátor del Pórtico Norte de la catedral de Lugo podría haber salido de las mismas manos. Peinado con raya al medio, tiene un rostro muy expresivo con grandes ojos almendrados y una barba recortada con aspecto de limpia, como algo más tarde tendrán las figuras del Pórtico de la Gloria.

No me encaja todo esto, por eso digo que me resulta una figura extraña. Una figura de difícil interpretación y, sobre todas sus desproporciones, destacaría el rostro, atractivo, sereno, acogedor. Esta obra es capaz de sembrar enigmas en mi ánimo y, en general, hace que me intrigue al contemplarla.

Por eso recomiendo verla, contemplarla, recrearse ante ella, como hago yo siempre que visito el Museo Provincial de Lugo.

Foto: Museo Provincial de Lugo
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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