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Jardines bonitos

jueves, 13 de agosto de 2020
Siempre escapo de plurales grandilocuentes al hablar de estructuras ciudadanas, pero en este caso creo que es adecuado referirme a ellos en plural. Hablo de los jardines de la Plaza del Ferrol, o de San Fernando, como les llaman otros. En una pequeña superficie urbana nos encontramos con diversas parcelas ajardinadas, seis creo recordar, que consideradas en su conjunto, bien merecen ese calificativo plural, los jardines.

Entre estos jardines, se encuentra la iglesia que mejor representa nuestro barroco en el ámbito urbano, la iglesia de San Froilán, de cuyas torres he hablado en un artículo anterior. Creo que la suma de jardines y monumento forman un conjunto urbano muy armónico.

Los jardines nos ofrecen una buena colección de árboles de diversas especies, algunos de ellos únicos en Lugo, y todos con la característica de poseer un crecimiento lento, no peligrando la uniformidad de volúmenes debidas a crecimientos descontrolados. En un lento repaso por la zona, he visto palmeras (palmitos), camelios, magnolios, prunos, acebos, árbol del amor, castaño de Indias y dos ejemplares de los cuales no he sabido determinar la especie. Algunos están profusamente representados, aunque con crecimiento desigual entre ellos, como es el caso de magnolios y prunos.

Hay un ejemplar, una adelfa, digna de mejor tratamiento. Creo que es el único ejemplar existente en nuestra ciudad y posee un porte considerable para ser un arbusto. La podemos ver en el triángulo ajardinado que hay a la derecha del templo. También hay allí un tejo recortado de manera que imita una cúpula oriental. Se trata de una planta que posee más de tres metros de altura y representa una magnífica labor de jardinería pues es consecuencia de muchos años de trabajo experto. Doy las gracias a quien lo hace. Lo triste de este tejo es que su visión está entorpecida por la presencia de un letrero destartalado, pasado de época, con los soportes oxidados y sin que nadie haya dado orden de retirarlo. Allí sigue. También está allí un recordatorio de otros tiempos en los que se quiso implantar en Lugo un uso colectivo de bicicletas. El empeño quedó en nada y en un artilugio feo, viejo y parece que permanente.

Pero me gusta todo el conjunto de jardines. La parte correspondiente al antiguo cuartel está bien cuidado, los rosales florecen en su tiempo y sus setos recortados. El cuartel nunca ha tenido ni una pintada. Bajo el jardín central hay un aparcamiento subterráneo que precisa estructuras exteriores apropiadas, como el acceso de coches y peatones, salida de vehículos, bocas de extracción de aire y demás. Todos estos servicios están rodeados de muretes construidos muy al estilo gallego, de modo que no presentan ningún tipo de agresión estética al conjunto ni desdicen de él.

Tal vez sean los jardines lucenses con mayor número de bancos para uso público. Los hay de piedra y de madera y, en realidad, siempre que paso por ese lugar veo numerosas personas utilizándolos. La verdad es que encuentro estos jardines llenos de vida, y no sólo por la presencia de quienes descansan en sus bancos, pues en la época lectiva suelen haber niños jugando que asisten a un colegio ubicado en el edificio anexo a la iglesia.

Me gustan, cierto, pero en el fondo he de plantearme qué deben poseer unos jardines para ser de mi agrado. Qué considero que debe ofrecer un jardín a los habitantes ciudadanos. El jardín ha de poseer una buena colección de plantas, a poder ser con cierta proporción de ellas de origen exótico.

Hoy muchos consideran al jardín como un paisaje artificial, en el que se puede jugar con colores, no solo de las flores, también de las hojas de los árboles y con volúmenes: del mobiliario y de los mismos árboles. Por eso conviene que los árboles no modifiquen su volumen, bien por poseer un crecimiento lento o por soportar bien la poda. El jardín bien planteado ha de estar integrado en el paisaje urbano, no aparecer como algo extraño una estructura ajena. En los jardines de los que hablo, incluso la hierba que crece entre los adoquines del suelo parece contribuir a conferirles cierto aire de autenticidad.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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