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Argelia, la llamada del arte (1)

miércoles, 29 de julio de 2020
Llegué a Argelia por primera vez hace unos años, respondiendo a un proyecto relacionado con la sostenibilidad hídrica y cuyo cumplimiento ayudaría mejorar las condiciones de vida de mucha gente. Era un proyecto de vital importancia para una parte del país y su desarrollo futuro.

Y ante las expectativas de conocer un nuevo país, sus gentes, su cultura, etc... y, sobre todo, poder ayudar a la población aportando mis conocimientos y experiencia, me uní al equipo que fue desplazado para ir allí a trabajar.

No conocía el país, pero el hecho de estar en África despertó e hizo volar mi imaginación, quizás rememorando aquellas películas en las que la acción se desarrollaba en algunas zonas del desierto más hermoso del mundo, en las que se pueden descubrir oasis acogedores, donde los hombres del desierto, los tuaregs, descansan en sus campamentos montados bajo las estrellas de su deambular por los territorios del sur mientras ejercen sus intercambios comerciales y llevan las historias y relatos ancestrales de una parte a otra del país.

Naturalmente, además de informarme en internet sobre el país, me compré varios libros que hablaban de él. Y pude leer sobre un país que había sido acogida y asiento de civilizaciones como los gétulos, fenicios y númidas y de otras como los romanos, vándalos y bizantinos, hasta llegar finalmente a las dinastías musulmanas. Y descubrí en este país, que es el más grande de África, una gran variedad de entornos y contrastes. Descubrí un país diverso en cuanto a sus paisajes y culturas, rico en cuanto a sus manifestaciones artísticas y culturales, y cálido teniendo en cuenta la amistad y cercanía de sus ciudadanos.

Y todo esto lo tenemos a una hora de avión desde Madrid o Barcelona y media hora desde Alicante. Una joya que está todavía por descubrir, por recorrer y por amar.

Y mi primera toma de contacto con el país fue en su capital, "El Djezaïr", conocida como Argel "la Blanche" (Argel "la Blanca") llamada así por su larga avenida de blancos edificios que forman los boulevares Guevara y Zighout-Youcef, y que recorre todo el frontal del puerto. Puse mis pies en el aeropuerto de Argel y desde el primer momento pude percibir la sensación de encontrarme en un sitio especial, diferente, por supuesto, a lo que había conocido anteriormente en mis viajes; variado en sus lugares, rico en sus contrastes, acogedor en sus gentes y con muchas sorpresas y bellezas esperando a ser descubiertas.

Argel 'la Blanca'

En los pocos ratos libres que el trabajo me dejaba pude ir descubriendo el puerto, la Casbah, que en 1992 fue nombrada parte del Patrimonio de la UNESCO, y donde es fácil (y recomendable) perderse por sus tortuosas callejuelas en las que las viviendas de ambos lados de las calles parecen querer acariciarse dando lugar a las conversaciones entre vecinos, a los juegos de los niños, etc. Lamentablemente, el tiempo no ha pasado en balde para este recinto y necesita una reconstrucción y cuidados que le devuelvan el esplendor que una vez tuvo. Recientemente se ha notificado que está en marcha un proyecto de renovación y revitalización de la Casbah. Esperemos que las Administraciones sean sensibles a esta reconstrucción y se pueda recuperar este rico patrimonio.

El Museo Nacional de Antigüedades y Artes Islámicas, el Museo Nacional de Prehistoria y Etnografía de El Bardo y el Museo de Bellas Artes son imprescindibles para conocer la rica y variada historia de este país, así como las manifestaciones culturales que han tenido lugar a lo largo de las diferentes épocas.

También se pueden visitar el museo nacional de las artes y tradiciones populares y el museo nacional del Moudjahid.

La catedral de Nuestra Señora de África, consagrada en 1872, con sus espectaculares vistas sobre la bahía de Argel fue una visita que me encantó. Como decimos, es otra historia… Estas vistas también pueden verse desde Riadh El Fath (el parque de la Victoria), y no deberíamos perdérnoslas, así como el Palacio de los Rais.

Y, por supuesto, y ya que estamos en Argel, es recomendable visitar el monumento a nuestro escritor universal, Miguel de Cervantes y la cueva en donde estuvo cautivo 5 años de su vida y cuyas vivencias en estas tierras norteafricanas dieron lugar a varias de sus obras.

Vamos a continuar nuestro viaje y desde Argel nos desplazaremos hacia el oeste donde, a poco más de 400 kilómetros por la autovía A-1 (o también se puede hacer el trayecto en media hora de avión) llegaremos a Orán (Wahran El Bahia), segunda ciudad de Argelia y cuna de la canción Raï, que nació posteriormente a la independencia, en los barrios populares y habla de los anhelos de la juventud en cuanto a la libertad, al amor y sus perspectivas de futuro. La verdad es que es una música que se te acaba pegando y la disfrutas. Cuando llega el verano y te desplazas por la Corniche podrás ir conociendo bares diversos en donde se reúne la juventud en torno a dicha música. Realmente es muy animado... y divertido.

Orán fue una antigua plaza española y prueba de ello son los diferentes lugares en los que hay construcciones y vestigios que se pueden visitar. Podemos empezar por visitar el Fuerte de Santa Cruz (y su Iglesia con la figura de la Virgen Maria de Orán), con sus privilegiadas vistas sobre la ciudad; el Fuerte de la Mona, que vigila permanentemente las aguas a un lado de la bahía de Orán; la catedral de Orán, hoy biblioteca, las Arenas (plaza de toros), etc...

Fernando Novo Lens, Asociación Cultural Hispano-Argelina 'Miguel de Cervantes'.
Novo Lens, Fernando
Novo Lens, Fernando


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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