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Hermosas y aberrantes

lunes, 29 de junio de 2020
El problema se me planteó cuando me preguntaron porqué unas camelias eran de una forma y otras, de otra. Estupenda definición, claro. Pero se refería a por qué, según su tipo de flor, hay dos tipos claros de camelias. En uno de ellos, hay una envuelta de pétalos, suelen ser cinco o múltiplo de este número, alrededor de una corona de numerosos estambres. En el otro tipo de flores, aparece una gran cantidad de pétalos que forman un capullo compacto, no dejando ver los estambres, que quedan ocultos bajo ellos.

No es difícil aventurar cuál de estas formas es la primitiva. Indudablemente, la que presenta los estambres visibles, dispuestos para dejar libre su polen al agente polinizador, sea insecto o aire, y así poder fecundar los pistilos, que también están visibles.

¿Entonces? ¿Cómo se produjeron estas flores con androceo y gineceo ocultos? Por mutación, claro.

Hace millones de años, muchos seres vivos estaban constituidos por repeticiones de elementos con apéndices, algo así como la repetición de un módulo. En vegetales recordamos haber estudiado aquello de “nudo – entrenudo...” En nosotros, los vertebrados, la columna vertebral es un recuerdo de aquella estructura primitiva.

Con el tiempo, los apéndices de cada segmento inicial se pudieron modificar mediante mutación, y así consiguieron mayor adecuación a sus funciones o ganaron funciones nuevas para sus portadores. Ejemplo de esto son las mandíbulas y antenas de insectos, los estambres en flores y nuestras costillas.

Las mutaciones que generaron estos cambios se produjeron en los llamados genes reguladores, que modifican la estructura primitiva, pero no la anulan. Se descubrieron en la mosca del vinagre (Drosophila), pero con el tiempo se ha ido sabiendo que todos tenemos genes similares. He dicho “tenemos” con toda base científica.

Si ocurre una mutación en estos genes reguladores, puede desaparecer la modificación que provocan en la estructura primitiva, pero esta estructura permanece y se manifiesta como era antes, pero en el lugar en el que correspondería aparecer la modificada. En Drosophila conocemos el mutante llamado “antenapedia”, que consiste en la aparición de patas en lugar de antenas, y “maxipedia”, que hace que aparezcan patas en lugar de maxilas. En ambos casos, la estructura primitiva eran patas.

Indudablemente, se trata de curiosidades de laboratorio, pues la selección natural no dejaría vivir en la naturaleza a individuos con estos aspectos. No obstante, su estudio ha aportado muchas luces acerca de la regulación genética en el desarrollo embrionario de los individuos. En nosotros, también.

Este tipo de mutación se conoce con el nombre de homeótica, y consiste en la substitución de un órgano por otro, del que procede evolutivamente. Al principio se creyó que era algo anecdótico. Con el tiempo se ha visto que este tipo de genes reguladores están presentes en todos los organismos estudiados. Lógicamente, de los organismos no estudiados no hay datos, pero se supone que también los poseen.

Y… ¿en plantas? También. Tal vez tenerlas tan próximas, tan familiares, hizo que no nos percatásemos de que unas flores tan hermosas, pero tan diferentes a sus prototipos silvestres, eran debidas a mutaciones homeóticas en los genes que determinaban la morfología de los estambres. A causa de esas mutaciones, esos estambres volvieron a manifestar sus formas primitivas, dando lugar a que en su lugar apareciesen sus precursores evolutivos, los pétalos.

Las flores con esta característica son incapaces de formar semilla de manera natural, pues sus pocos estambres residuales, en caso de haber algunos, quedan inaccesibles para los agentes polinizadores debido a la gran proliferación de pétalos que los envuelven. No obstante, siempre es factible reproducirlos de modo artificial, siendo sencillo hacerse con semillas para jardinería.

Desde hace tiempo, estas flores nacidas de mutaciones homeóticas poseen una buena tradición en jardinería, pues el gusto popular ha transformado en objeto de belleza lo que en la naturaleza habría sido una aberración sin capacidad ninguna de reproducirse y, por tanto, de transmitir sus genes a las correspondientes descendencias.

Hablo de flores cuya belleza es debida a mutaciones homeóticas, y que presentan una amplia profusión de pétalos. Muy conocidas por todos, como son: camelia, rosa, clavel, crisantemo, etc... Flores familiares a nosotros.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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