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La senda de los seres naturales

jueves, 09 de abril de 2020
Una película, ya antigua, nos hablaba de una bella pareja de jóvenes “civilizados” que hacen una finca en una zona del África salvaje. La finca es envidiable, pero está en plena senda de los elefantes. Cuando llega el momento, los elefantes, usuarios del territorio antes de que la pareja ocupase la parcela, irrumpen por su senda ancestral sin importarles las trabas arquitectónicas que puedan encontrar.

Nosotros, los humanos, que tal vez pertenecemos a la última especie que ha llegado a la tierra, nos creemos dueños de todo cuanto hemos encontrado y no tenemos reparo en matar a los seres que puedan perturbar un cierto orden que vamos estableciendo, tal vez amparados por el mandato divino expresado en el Génesis: “Dominad la tierra”.

Constantemente interpretamos como agresiones lo que puedan hacer los seres naturales contra lo que hemos construido o proyectamos construir, sin importarnos de qué modo nuestras actuaciones pueden alterar el normal modo de vida del resto de seres vivos presentes en ese entorno, ni que representen agresiones a las estructuras geológicas de los terrenos.

En este plan de construcciones ciegamente establecidas, hemos propiciado muchas extinciones. Vemos que se destruyen costas en honor a paseos marítimos veraniegos que puedan atraer turistas. Se construyen presas hidroeléctricas capaces de alterar ecosistemas centenarios, por no hablar de viviendas alterando el cauce de aguas torrenciales, hasta que llueve. Todos hemos visto, sobrecogidos, cómo el agua volvía a sus dominios durante este invierno.

Tal vez alguien pudo pensar que el paisaje artificial actual se formó por el ensalmo de un hada mala y algo por el estilo. No sé si en los actuales planes de estudio del bachillerato se estudia la acción de las llamadas causas actuales: erosión, transporte y sedimentación, pero es lo que actúa en nuestro planeta a nivel de la superficie y que conocemos como geodinámica externa.. Las aguas en las costas anduvieron por donde siempre han andado cuando hubo borrascas como las ocurridas hace días. ¿Es que no se sabe? Supongo que se sabe, pero que no se quiere saber. En muchos casos es más provechoso ignorar los posibles peligros que ocurren con baja incidencia.

En lo tocante a seres vivos, hemos causado la extinción de muchas especies, tanto animales como vegetales, sin preocuparnos la incidencia que tales extinciones puedan tener en los equilibrios ecológicos. Total una especie más o menos (pensarán los responsables), tampoco va a influir tanto. No se quiere saber, ni actuar en consecuencia, que un ecosistema es un conjunto de especies en perfecto estado de coadaptación, un equilibrio difícilmente conseguido y mantenido.

Hace unos días, un amigo mío comparaba la dinámica ecológica en sistemas naturales con un coche en movimiento. No cabe duda que la falta de un tornillo no detendrá al coche, ni la de dos, ni la de tres. Pero llegará un momento en que falten tantos tornillos que será imposible que el coche pueda andar. En este ejemplo, como se puede suponer, cada tornillo representa una especie.

Muchas especies son muy importantes para la dinámica de los seres vivos. Hace un tiempo se nombró a las abejas como los seres más importantes en la biología mundial. Pensemos en su papel en la polinización y el efecto que tendría su desaparición. Actualmente las abejas están en peligro debido a la aparición en sus mismas zonas de distribución de una especie invasora que las destruye. Aún no se dispone de un método eficaz de protección para las abejas, pero en algunas zonas la producción de miel ha descendido un 20% en pocos años.

En muchas partes de España tenemos el problema de los lobos. Algunos gobernantes audaces han nombrado a sus respectivos territorios “libres de lobos”, lo cual me deja un tanto perplejo al imaginar el modo de aplicación de tal nombramiento.

Pero ahora se plantea un problema añadido, y es la proliferación de jabalíes. Hace unos pocos años, en la carretera de Cospeito, tuve que detener el coche para no atropellar a unos cuantos jabatos que cruzaban la carretera. Sí, los jabalíes se han hecho cotidianos en Galicia, tanto en áreas rurales como en urbanas. Los hemos visto en Lugo en plenas fiestas patronales, han paseado por el Campus universitario compostelano y aparecen por carreteras y autovías gallegas.

¿Qué ha ocurrido? Muy sencillo de explicar, No hay lobos, los carnívoros que limitan los tamaños de las poblaciones de jabalíes. Al faltar sus predadores principales, se expanden como liberados de su principal factor selectivo. Seguro que hay más causas explicativas, pero ésta es una basada en la dinámica de las poblaciones naturales. Ya hay voces alteradas que dicen que “hay que hacer algo”, una expresión que me da miedo, pues parece indicar que las actuaciones previstas no son válidas y “hay que hacer algo” extraordinario, como matarlos o diezmarlos sin mayor control. Tal vez convenga revisar medidas anteriores y ver en qué casos se perjudicaron las poblaciones de lobos que, bien controladas, son necesarias en la dinámica biológica de nuestros montes.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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