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Llega tu Rey, a lomos de borrico

domingo, 05 de abril de 2020
Lo que Dios es para mí, supongo que es semejante a lo que manifestó ser para todos en Cristo Jesús; así que de eso nada diré.

Donde la cosa empieza a ser necesariamente personal es cuando damos nombre a lo que imaginamos ser para Jesús; o lo que es lo mismo, a lo que deseamos ser para Dios.

En mi inconsciencia de niño pensé que podía ayudar a Jesús a llevar la cruz.

En mis ensoñaciones adolescentes me vi como un cirio que se consume en el altar, junto al tabernáculo de la Eucaristía, señalando a todos la presencia del Señor.

La de una vela que ilumina me parecía una hermosa manera de vivir y de morir.
Y no cambiaba el sentido de esa vida si en el altar, en vez de un cirio encendido, lo que se consumía fuese una hermosa planta o su hermosa flor.

No sé de dónde me vino la idea, pero pensé que sería una locura divertida si llegaba a ser el peluche del niño Jesús.

Y cuando se me dio algo de cordura, hallé que era buen oficio para mí el de borrico para desplazamientos del Señor.

Y aquí me tienes desempeñando mi trabajo en este día de entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

Hoy volverá a ser Escritura cumplida para ti lo que había dicho el profeta: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila”.

El de hoy va a ser un domingo de ramos muy especial:
A la celebración acostumbrada le faltarán “el camino” y “la calzada”. Hoy los pasos de la borriquilla se quedarán en el silencio de sus capillas; las cofradías sólo podrán imaginar la hondura emocional de un recorrido que no van a hacer; hoy no habrá una multitud que llene las calles para hacer memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén.

Y, sin embargo, no faltará el Señor a su cita contigo y hará su entrada en tu casa. Irá a ti, llamará a tu puerta, extenderás a sus pies el homenaje gozoso de tu fe: tu ramo de palabras en flor, tu vestido de fiesta. Y si alguien te pregunta por la alegría que ha llegado a tu casa, tú les dirás: “Es Jesús, el profeta de Nazaret”.

Este año, vítores y aplausos los oirá sólo el Señor que está en todos los labios y en todas las manos.

Por su parte, la borriquilla se conformará con soñarlos, dichosa de llevar consigo al Rey que visita los hogares.

De Jesús se dice que llega humilde, y lo dicen por el borrico que le sirve de montura: es sólo eso, un borrico.

Así de humilde, asombrada, ligera y feliz, con Cristo Jesús, entra hoy en tu casa la Iglesia entera, ella también a lomos de borrico.

Feliz domingo a todo el pueblo santo de Dios.

(Fr. Santiago Agrelo es Arzobispo emérito de Tánger)
Agrelo, Santiago
Agrelo, Santiago


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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