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El nuevo auditorio lleva terminado desde 2017... y cerrado

sábado, 15 de febrero de 2020
Llevamos esperando por el nuevo auditorio desde los años 90. El inicio del proyecto se debió al derribo del Gran Teatro, una operación en que sus propietarios (eran particulares, no pertenecía a ninguna administración) decidieron venderlo a una promotora que construyó las viviendas que hoy están en esa parcela, algo que la administración no pudo impedir porque el PEPRI, por ejemplo, no llegó a tiempo de hacerlo.

Cuando se produjo aquel derribo nos dimos cuenta de que en Lugo no quedaba ningún teatro, ya que los grandes cines existentes no hacían esa función. Por ejemplo el Kursal, que también fue derribado años más tarde siendo, creo yo, el último ejemplo de los enormes cines de la vieja época. Teníamos solamente el auditorio Gustavo Freire en Frigsa, que aunque hace esa función razonablemente bien tampoco es que sea una instalación propia de una capital de provincia.

Originalmente, como todos ustedes recordarán, el Auditorio iba a estar en el viejo Cuartel de San Fernando, un proyecto del alcalde Joaquín García Díez que su sucesor dilató convocando un nuevo concurso (sin que a día de hoy sepamos qué problema tenía el original) del que resultó ganador un proyecto cuya actuación sobre el edificio tenía poco que ver con la sencilla intervención original. Orozco había dicho en varias ocasiones que no quería el auditorio en San Fernando y lo logró, ya que cuando iban a empezar las obras apareció un supuesto informe de ICOMOS que decía que afectaba a la Muralla.

Ante este panorama, el Ayuntamiento y la Xunta acordaron descartar el auditorio en San Fernando y llevárselo a otra ubicación, en Aceña de Olga tras varios titubeos. Pero todo esto ocurría hace ya más de 15 años.

Tras un larguísimo proceso se consigue terminar la obra en 2017… pero seguimos esperando. Vamos camino del tercer año desde que se culminó la construcción pero sigue cerrado a cal y canto porque el Ayuntamiento no quiere recibirlo. ¿Por qué motivo? Ellos sabrán, pero desde luego parece obvio que su principal preocupación es que desde el día en que se hagan responsables del mismo tendrán que destinar ingentes presupuestos para hacer allí algo digno del contenedor que ha costado una fortuna.

Las excusas puestas han sido variadísimas: desde que no estaba equipado completamente (lo que, dicho sea de paso, es como pedir que si te regalan un piso venga amueblado) hasta que los técnicos no saben usar los equipos instalados (lo de leer el manual de instrucciones les está llevando mucho más tiempo del previsto, por lo visto). La última que recuerdo es que no recibirían el edificio hasta que una auditoría técnica confirmase que las obras cumplían el proyecto, una excusa de Rubén Arroxo que suena a “no sé cómo decir que no”. Eso, señores míos, se hace con cualquier edificación mediante el certificado final de obra, que expide el arquitecto y que precisamente confirma que se siguió el proyecto aprobado en la licencia, así que no me vengan con esas.

El Ayuntamiento tiene miedo al auditorio, y no me extraña. Es una construcción tan enorme, tan llena de salas, y tan mal ubicada que va a ser un nuevo muerto que a ver cómo llenan.

El edificio fue terminado en 2017, repito, y sigue sin entregarse, y no por falta de ganas de quien lo ha hecho sino porque quien lo ha de recibir no lo quiere coger.

Eso sí, curiosamente sobre esto las entidades culturales no dicen ni pío. ¿Por qué motivo? Ellas sabrán, pero a lo mejor tiene bastante que ver quién está tras una administración o tras otra...
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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