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Cuestiones de biología

jueves, 09 de enero de 2020
Quiero comentar una cosa que casi constituye una falsedad si no se explica pero que, sin embargo, es aceptada por muchos sin reparar en lo que encierra cuando se enuncia on despreocupación. Se nos ha insistido una y mil veces que todos somos iguales, lo cual, desde la óptica de la biología, no solo es falso, sino que constituiría una tremenda desgracia.

Vayamos por partes. Los defensores de esa pretendida igualdad, tal vez no han visto que la mitad de la Humanidad está constituida por hombres y la otra mitad, por mujeres. Eso, para empezar. Luego vienen los diferentes grupos sanguíneos, las alergias, las predisposiciones, las aptitudes, las habilidades, etc. En fin, ya Aristóteles había dicho que cada ser humano es irrepetible y la biología de hoy confirma tal enunciado.

Podemos preguntarnos que de dónde viene tal error. La respuesta es clara. Procede de los primeros parlamentos democráticos de los siglos XVIII en EE UU y Francia, y de los del siglo XIX. En aquellos parlamentos constituyentes se incluyeron científicos, normalmente químicos o físicos, que manejaban los planteamientos filosóficos de Platón en el momento de enjuiciar el entorno. La filosofía platónica es correcta para enjuiciar los seres químicos o los procesos físicos. Pero cuando se aplica a la biología es un verdadero desastre.

De allí salieron las primeras Constituciones. La de Estados Unidos es de 1787 y que yo recuerde, uno de sus primeros artículos, dice que “Todos los hombres son iguales”. Conviene leer de modo literal. No menciona a las mujeres y es que era una constitución pensada por y para hombres. Ese fue uno de los hondos debates de aquel siglo, el no incluir a las mujeres en las Constituciones ni definir sus derechos en la sociedad.

El siglo XIX asistió a un notable desarrollo de la biología y su consiguiente prestigio. Médicos y biólogos aplicaron sus conocimientos al concepto de diversidad humana y se supo que esa diversidad era una de las riquezas biológicas de nuestra especie. No tenía sentido científico hablar de igualdad humana en los términos en que se había hablado en Constituciones anteriores. Fue preciso buscar nuevas fórmulas que, admitiendo la diversidad de los individuos, definiese su igualdad. Creo que fue la Constitución belga la primera que, en 1914, resolvió esta aparente contradicción diciendo que “todas las personas nacen iguales ante la ley”. Desde entonces, es la fórmula que se utiliza para enunciar esta aparente contradicción. Únicos desde un punto de vista biológico. Iguales ante la ley.

Por otra parte, una cosa que me preocupa es que, hoy em día, existen diversos condicionantes sociales que hacen que en Europa se inviertan las pirámides poblacionales. En una población humana normal, hay muchos niños y el número de sus componentes decrece según la edad, como vemos en la gráfica que pongo de la población española de 1900. Muchos niños, pocos ancianos y un gran número de individuos en edad reproductora. Ahora han cambiado las circunstancias y vemos que, pasado el año 2000, hay personas que superan los cien años, pero nacen pocos niños. Éstos representan la generación siguiente, la que nos va a substituir, que ya están ahí, pero en pequeño número relativo. En la Unión Europea disminuyen los tamaños de las poblaciones, y no se atisban soluciones ni a corto ni medio plazo.

En este plan, desde un punto de vista, incluso, egoísta, pienso en todos esos niños que están a las puertas de nuestra Europa pidiendo paso para entrar. Cuánto me gustaría que se les abriese paso, un paso franco, generoso, pensando que son más los beneficios que los problemas que traen con ellos.

Los biólogos de poblaciones coincidimos en el efecto beneficioso de las inmigraciones, tanto en los aspectos relativos a nuestra actual estructura como población biológica en general, como a un posible incremento de la diversidad genética de las futuras generaciones de europeos. Es posible que muchos de nosotros no lo lleguemos a ver, pero la población europea saldrá beneficiada.

Mientras se toman decisiones, en esta bendita España nuestra, hay pueblos que se han quedado desiertos por falta de brazos. Lo sabemos todos. Ojalá los políticos, tan hábiles en cosas dispares, arbitren modos para su integración en poco tiempo.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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