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La Luz de las luces

sábado, 14 de diciembre de 2019
Estos días las escasas noticias agradables que nos llegan, a través de los medios informativos, están centradas en el encendido de luces navideñas. Las de Madrid, Vigo, Málaga … y toda esa grandiosa pléyade de pueblos que, desde el más grande, poblacionalmente hablando, hasta el más diminuto, todos, con gran pompa y boato , inauguran el alumbrado navideño.

El mes de Diciembre se llena de luminosidad, parece que las estrellas están en esta tierra y viven totalmente si luz hasta que celebramos la llegada de una, la verdadera , la grandiosa Navidad. No quiero pensar , maliciosamente, pues si lo hago me lleva a creer que todas estas artificiales luminarias es una tramoya para deslumbrarnos y, al cegarse nuestros ojos con toda esa luz solamente nos preocupamos de consumir y consumir. Regalos, por aquí y por allá, para el niño y el mayor y todo aquel que si le llamamos niño/a se molestaría pero, para recibir dádivas y obsequios, siempre estamos dispuestos . Un intercambio, un mercadillo de productos y, qué decir de los manteles coloristas de las mesas, repletos y atiborrados de alimentos y bebidas para entregarse a celebrar opíparas y pantagruélicos banquetes. Y todo gracias a esa egoísta visión del espíritu navideño; en tanto los portales de las casas, cual si fueran búnker, los cerramos, a cal y canto, como si temiéramos que el frío exterior, el de la gélida necesidad del otro, nos llevara a que se nos enfríe la fiesta.

Nos parece bien que circule el dinero, señal de que lo hay, a no ser de que sea en calidad de préstamos terribles, de que los comercios vivan pero, no comprendo el por qué estas bacanales y borracheras del más grande despilfarro. La Navidad, un ejemplo de austeridad y amor, de vivir conforme a lo que debe ser la tradición y los valores, de entrega y solidaridad, precisamente las convertimos en derroche , agobio, prisa, bullicio y empacheras de todo.

Nuestros pequeños, los niños de hoy, están siendo aleccionados por una sociedad consumista y materialista. Hasta ellos, en las Cartas de Reyes , hacen ingentes peticiones, relaciones enormes de lo que no son juguetes ni mucho menos, mas objetos costosísimos que les esclavizan y les hacen ser víctimas de tanta ambición desmedida. Bien, pues en estos días, uno de esos niños, de los que yo añoro su niñez, un ejemplo que aún, por suerte, disfruta y vive la grandiosa infancia. Un niño de los de siempre, de los que nos gustaría tener a nuestro lado, esto su padre le preguntó:

-“ ¿Has preparado ya la carta para los Reyes, hijo”?

El joven vástago mirando a su progenitor, fijándose en la luz de dicha de los ojos del padre, con respeto le contestó:

-“ Aún no papá , pero solamente les voy a pedir una cosa, que me dejen tocar la Luz de las Luces”

A lo que el padre, asomándose con el chico al balcón de la casa y, señalando para toda la iluminación que alumbraba y engalanaba la calle, le dijo :

- “ Yo, sin ser uno de los Magos te puedo conceder ese deseo. Vamos a salir y le pido al concejal responsable de festejos que te deje tocar la que quieras, pues es amigo mío. Son todas ellas tan bonitas y lindas que no sabrás cual elegir“

El pequeño, dando la espalda a las luces, contestó, con cierto aire de incomprensión:

-“ Ves, papá, te equivocas. Esas son simplemente bombillas de colores, fantasía, no la luz que yo quiero. Yo deseo palpar la que tiene todas las luces y me ayuda a que la mía brille sin eclipsar la de nadie”.

Se marcharon a dormir y la conversación quedó cortada por el interruptor de la necesidad de
descansar; mañana había que reanudar la actividad normal de diario; pero el hombre durante la noche no conciliaba el sueño y, su esposa le preguntó:

-“ Amor, ¿Qué problema tienes que no duermes?”

A lo que él, dándole un abrazo, le explicó:

-“ No puedo dormir porque me dijo nuestro hijo que quería tocar la Luz de las Luces y no sé de cual se trata”

La esposa dándole un cariñoso beso responde :

-“Vaya , ahora si que veo que no eres begontino porque no sabes dónde está la Luz de las Luces. Mañana te lo digo, duerme. ”

No hizo falta que amaneciera. Aquella noche aquel hombre tuvo un sueño muy bonito, fue con su familia ver un belén en un pueblo gallego que no conocía hasta ese día y allí, en él, estaba el Niño y, a su alrededor, brillaban todas las luces que despide el humano corazón .

Al salir miró el letrero y leyó: “ Belén de Begonte, Luz de Luces” .

Cuando se levantó dio un beso al hijo y le dijo:

-“ Tuve un sueño o una aparición y, ya sé donde está la luz que buscas, en el Belén de Begonte. Allí iremos este fin de semana.”

El niño se contentó mucho, estaba deseando que llegara ese sábado. Ese día, cuando entraron en el Centro Cultural “ José Domínguez Guizán”, para visitar ese Belén , junto con otros muchos visitantes de esa joya espiritual y tradicional de Galicia, el jovencito, dirigiéndose al sacerdote D. Xesús, le dijo:

-“ ¿Padre, me permiten que toque una de estas hermosas figuras?”

A lo que él, amablemente, respondió:

-“ Por supuesto, pequeño”

Se acercó y cogió a un pastorcillo y mirando a sus padres comentó:

-“ Papis, ya tengo mi regalo de Reyes, el que todos los seres debíamos pedir, el que no se romperá ni deteriorará, ya que al acariciar estas figuras que son Luces de la Luz , mi corazón se recarga de esa espiritual energía que me ha de durar un año, por eso os pido que, anualmente vengamos aquí cada Navidad para cargarnos y llenarnos de esperanza y buenos deseos .Este Belén de Begonte es nuestra batería de ilusiones y, en él está encendida cada Navidad, la Luz de las Luces, que hace que nuestros corazones palpiten irradiando dicha para el mundo.”

Volvió a colocar la figurita en su sitio y marcharon del Centro Cultural.Los que estaban cerca, y oyeron aquellas palabras tan profundas y sentidas, pensaron que aquel era un niño prodigio, pero el prodigio era estar en tan luminoso sitio, Begonte del Belén, donde las luminarias artificiales se apagan ante la luz del Nazareno que vino a traernos el mejor regalo de Reyes, la paz entre los hombres de buena voluntad. En estas fiestas ahí, en esa zona de Terra Chá, está La Luz de Las Luces que, todos en nuestra vida, pequeños o mayores, necesitamos para que el corazón brille con intensidad porque es la natural, esa que nos hace ser personas humildes y entregadas, como la figura del pastorcito, que busca adorar a la Luz de los valores y no a endiosar pecaminosos “becerros de oro” que nos esclavizan y estamos cegados con multicolores farolillos voladores de ambición que solamente provocan que no veamos la que tiene todos los colores, la de Navidad.
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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