
El señor Iceta es famoso por sus bailes y su sentido lúdico de la política. Ahora ha rizado el rizo. Ha declarado que la nación es un sentimiento y que en España hay ocho naciones. Un 'Viva la Virgen' en toda regla.
Es un representante de la España de Berlanga de la escopeta nacional. Un surrealismo cómico destinado a repetir una y otra vez que vale lo mismo ocho que ochenta. Ni siquiera es jugar con fuego. Es un artificio para no decir nada.
Otro esperpento es decir que se respetará escrupulosamente la Constitución y no se pactará nada que la viole cuando los partidos independentistas no la festejan ni asisten a los actos institucionales.
El ridículo se bordea aún más cuando se habla de las consultas del Rey con los partidos políticos y cuatro partidos no se molestan en asistir, pero pretenden que sus votos cuenten.
Preguntado el Divino Pedro cuantas nacionalidades hay no supo que contestar. Uno de los pocos momentos de verdad de este personaje que ni él mismo sabe distinguir la verdad de la mentira. Un sudoku hecho líder político por un país convertido en un

crucigrama.
Iceta representa a la perfección al pasota español y al menegreghista italiano o al je-m'en foutiste de Francia. Lo mismo ocho que ochenta o el si sale con barba San Antón y sino la Purísima Concepción.
El icetismo español nos lleva a confundirnos a nosotros mismos y al final no sabemos lo que decimos ni lo que pensamos, pero si lo que queremos. Pasarlo lo mejor posible.
La Moncloa bien vale ocho que ochenta.
Joaquín Antuña - joaquinant@hotmail.com