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El Lugo que podemos tener

miércoles, 02 de octubre de 2019
Ayer les hablaba del Lugo que tenemos y que se reflejó en la jornada organizada por la Delegación de Lugo del Colegio de Arquitectos de Galicia. Hoy me gustaría hablarles de algo más positivo, del Lugo que podemos tener, algo de lo que se habló en esa jornada.

Si bien hay daños causados a la ciudad que ya no se pueden reparar, también es cierto que estamos a tiempo de evitar futuros disparates y dirigir nuestros esfuerzos a mejorar la vida de la ciudadanía en lugar de gastar ingentes millonadas en pirámides y monumentos faraónicos diseñados a mayor gloria de nuestros gestores.

Sobre esto me gustaron particularmente las intervenciones de los arquitectos Ramón Cabarcos, Antonio de Vega y José Angel Carreira Montes. Los tres coincidieron en que es necesario repensar las estrategias, ver qué necesidades reales hay y cubrirlas, en lugar de tirar de política cutre y presentar proyectos de construcción de barrios completos de nueva planta en una ciudad con 12.000 viviendas vacías.

Ramón Cabarcos reclamó el sentido común en las políticas públicas, preocupado por el futuro de la Tinería y del Carmen, dos zonas inextricablemente vinculadas y que corren el peligro de ser víctimas de la especulación y el ladrillazo. Coincidió con Antonio de Vega en que no se puede permitir a la iniciativa privada hacer lo que le venga en gana en esas magníficas zonas algo con lo que hasta yo, liberal convencido, estoy de acuerdo.

Aquí permítanme un apunte. Ser liberal no implica dar carta blanca a las empresas constructoras para llevarse por delante los restos arqueológicos o edificar como si esto fuera Manhatan. Significa que la administración no debe meterse donde no le llaman, pero la ordenación del territorio sí es algo que le compete y más en zonas sensibles como la que nos ocupa.

La Tinería solo sobrevivirá si tiene población, y tal y como explicamos ayer eso no está sucediendo a día de hoy. Los locales usados como almacén, o abriendo lo justo para cubrir el expediente y que no se les retire su uso (muchas veces solo está el cartel, pero realmente no están abiertos) no dan vida. Los pisos en manos de quienes no residen allí y solo disfrutan de alquileres ridículos y esperan poder dar su particular pelotazo tampoco ayudan.

Uno de los proyectos más adecuados para la zona que he escuchado lo propuso en el 2007 Joaquín García Díez. Ayer en los comentarios del blog recordaba el contenido una persona: que los bajos se cedan a artesanos y se vincule una de las viviendas del edificio a esa actividad. Así lograríamos tener gente que trabaja y vive en la zona, y eso es lo único que la rehabilitará realmente, no inyectar millones a lo loco en actuaciones de dicutible efectividad. Joaquín le llama la “ciudad de los oficios” y además sería un atractivo turístico de primer orden en un momento en que el “made in China” es la norma y la auténtica artesanía casi ha desaparecido.

Mataríamos, pues, tres pájaros de un tiro: daríamos vida a la zona, ayudaríamos a la estabilidad de profesiones en peligro y crearíamos una zona de atractivo turístico de calidad.

¿Qué más podemos pedir?

Dejo para un próximo artículo, en la tercera y última entrega de este resumen una propuesta del arquitecto José Angel Carreira Montes que me pareció tan interesante que considero que merece su propio artículo.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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