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El Lugo que tenemos

lunes, 30 de septiembre de 2019
El sábado tuve el placer de ser invitado por la delegación de Lugo del Colegio de Arquitectos de Galicia a participar en una interesantísima jornada titulada “Intervención en el espacio público y el uso de espacios abandonados como elementos de dinamización urbana”, que se centró en el caso de la Tinería. Tras una ponencia del arquitecto Gonzalo Alonso, que nos puso los dientes largos viendo acciones de éxito llevadas a cabo en otros lugares, se abrió un coloquio entre los componentes de la mesa redonda: Los arquitectos Antonio De Vega Rodríguez, José Ángel Carreira Montes, Ramón Cabarcos Rodríquez, la presidenta de la Asociación de Empresarios de la Tinería Isabel Lozano Verdes, el guía Guido Álvarez Parga y yo mismo. La moderaba la Presidenta de la Delegación del COAG en Lugo, Carmen Figueiras Lorenzo, y como secretario actuó Ramón Montero Cereijo, vocal de la Junta de Gobierno del COAG.

Las intervenciones fueron de lo más interesante y de algunas tomé notas para propuestas que podríamos desarrollar como ciudad. Como el tema es largo hoy les voy a dar unas pinceladas de lo que hablamos sobre la situación actual y mañana sobre propuestas de futuro.

Tras 30 millones de euros invertidos la tendencia al alza de vivienda en la Tinería es más lenta de lo que debiera. Entre el año 2014 y el 2019, por ejemplo, cuando se entregaron bastantes viviendas y se abrieron unos cuantos locales, el tímido crecimiento hizo que las calles de la ona pasaran de 161 a 185 habitantes. 30 millones para 24 personas es un balance bastante pobre, por no decir un completo desastre.

Si además tenemos en cuenta que algunas de las viviendas no están siendo realmente tales, sino que hay gente que va de vez en cuando a encender las luces y abrir los grifos para que haya consumo, dejando pasar el tiempo y confiando en que puedan adquirirlas en propiedad por una fracción de lo que sería su coste real para poder revenderlas el día de mañana cuando la zona “resurja”, vemos que la cosa es peor aún.

Con los locales la cosa no mejora demasiado. Ingentes cantidades de dinero público gastado en comprar edificios y rehabilitarlos para, ahora no saber muy bien cómo colocárselos a la gente hacen que pasear por la zona sea un ejercicio de depresión. Algunos bajos están siendo utilizados como bodegas o almacenes, ya que sus bajísimos costes hacen que haya sido una opción muy atractiva para quien tiene otro local funcionando en una zona más o menos cercana. Otros ponen horarios en la puerta para cumplir en apariencia con las demandas que les exigieron… pero no los cumplen. Y así todo.

La administración se ha equivocado de medio a medio. Se ha metido a ejercer unas funciones que no son las suyas, ya que está suplantando a la iniciativa privada en lo relativo a la promoción, construcción gestión inmobiliaria, arrendamiento y puesta a disposición de edificios. No es lo que tiene que hacer y el resultado está a la vista.

Sufrimos solares de titularidad pública que no solo están vacíos sino que tienen un aspecto lamentable con excavaciones a medio hacer desde hace lustros. Los ejemplos de la parte trasera del llamado Palacio de Doña Urraca o la explanada que está entre la Tinería y el aparcamiento de Ollos Grandes son más que suficientes para ilustrar el tema sin tener que darle más vueltas.

También se trató el tema del Carmen, en que todos coincidimos en que no puede dejarse a la buena de Dios y que ha de haber una planificación muy cuidada, respetuosa con los probables restos arqueológicos que aparezcan allí, que no rompa la estética de la Muralla… un asunto con el que nadie se mostró optimista vistos los antecedentes de una ciudad en que se planifican barrios enteros de nueva planta cuando tenemos sin terminar otros en pleno centro.

La ciudad de Lugo es un cúmulo de despropósitos desde los años 60. Se han derribado magníficos edificios que harían las delicias de cualquiera hoy día, se ha urbanizado a lo loco con edificios altísimos donde no procedían (las torres del Seminario, herencia de la época de Orozco, probablemente sean el disparate más reciente sin tener en cuenta el Garañón), se ha prescindido de todo equilibrio y se ha estropeado una ciudad que era de las más hermosas de Galicia.

No estamos a tiempo de corregir errores pasados, pero sí de evitar otros nuevos o de insistir en las tendencias que nos han llevado hasta aquí y mañana les contaré algunas propuestas que podrían ayudar.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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