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Blanca montaña (A un mito que, muriendo, está muy vivo)

miércoles, 18 de septiembre de 2019
Ella, la mujer de nuestro relato, era como una montaña más, pero muy singular porque estaba unida a la cadena orográfica de la vida pero, con una diferencia , que a Blanca por veces le gustaba ser solitaria colina.Pienso que los seres humanos tenemos gran derecho a vivir esa dimensión, la íntima. Consiguió una montaña de éxitos, tantos que son un ejemplo de deportista grandiosa. Le agradaba la nieve por eso ella era tan clara y brillante y, en su nacarado rostro aparecía siempre el sol de su sonrisa, pero el fuerte vendaval de la vida siempre trae nubarrones.

Alguien dirá que esas nubes son necesarias para que caigan sobre los montes copos de verdaderas nieves, pero lo más duro es cuando tiran pedriscos que destruyen todo y, en especial cuando ese granizo no viene de los cielos y si de quien te rodea.

Subió a las cimas orográficas del triunfo calladamente, con su esfuerzo, escalando con sus botas sin esperar mano que le ayudara en la subida. Coronó las más altas cotas , en las que está el laurel que espera a los/as triunfadores/as como era ella pero, sus vertiginosos descensos por las pistas fueron coreados de vítores y aplausos porque eran tan rápidos que suponían medallas de gloria. Esa Blanca, la triunfadora, esa nieve de la vida, pensábamos que no se derretía, pero a veces el calor del aplauso es tan intenso como efímero y no cesa de oírse el último cuando ya, invade el frío del silencio y olvido y , si otro corredor está en la cima, dirigimos nuestra vista hacia él y nos desentendemos de quien está a nuestro lado aunque haya puesto el nombre de un país en el pódium como hicieron estos dos hermanos, un tándem, mujer- hombre, que son modelos a seguir porque ellos sí que son montañas de valores.

Vitoreemos a quien está en la cumbre pero no demos nunca la espalda a quien ya estuvo; seamos conscientes de que si han querido esos abanderados, como Blanca, seguir a pie es porque son personas de pueblo, humildes y no quieren estar siempre en el pedestal que los elevaría tanto que de sus vecinos se alejarían. Son deportistas de élite y esos nunca se elevan en el globo del orgullo .

Pero de lo que estamos seguros y ella también así bien lo creía es que había siempre alguien que la esperaba, que la quería porque estaban tan unidas que, en España no concebimos hablar de montaña y no ver en ella a Blanca .

Solamente los montes fueron testigos de su último descenso, exclusivamente esas elevaciones, que en su corazón tenía un puesto muy grande y privilegiado, fueron su verdadera compañera, y la montaña la que le atrajo, como si fuera su imán para, desde allí, no sabemos cómo, emprender la carrera sin retorno, pues su meta siempre estaría en la cresta de esas olas fosilizadas que son las montañas y las marcas de tus esquís siempre quedan para señalización clara de camino pues, aunque vengan muchas copiosas nevadas y pasen más esquiadores, las de Blanca y Paco, son imborrables porque ya sois ambos unos mitos, unas leyendas que tuvimos la suerte los españoles de verlas y aunque fueron estrellas fugaces su estela para siempre queda.

Para nosotros lo que cuenta es que hicisteis historia en el deporte y, eso es grandioso por ello, siendo conscientes, todo un pueblo se hizo por unos días montañero buscando las huellas de quien es camino y no puede perderse en los bosques del olvido ya que, su nombre está escrito en los montes con letras de oro, del mejor de los oros, el de la grandiosa medalla que conforman los corazones de todos los que en Blanca vimos un sueño hecho realidad, una puerta que a golpe de esquí se abría para que las mujeres tuvieran merecido sitio .

Cuando vemos las cumbres nevadas nos parece que allí está Blanca invitándonos a subir para luego bajar en el más grande eslalon, el que también, como a ella, nos conducirá a la meta final y, para ir más rápidos también tenemos que abandonar pesadas mochilas lastres, que todos tenemos, que son impedimento en las pistas de la vida y, solamente llevar lo que sirve para tener más y más velocidad, el sosegado equilibrio de reconocer que, la mejor medalla que podemos colgar de nuestro cuello es el abrazo de la solidaridad y cooperación como el que Cercedilla tributa a esos grandes del deporte internacional por los que la montaña siempre guardará riguroso luto con su silencio y casi vestal recogimiento; mientras el viento reza en los días de invierno una luctuosa oración por los que siempre están vivos en los que amamos la montaña , los que sabemos que en ellas hay algo suyo, el amor al montañismo y a levantar un país en los brazos hermanados y grandiosos del deporte.
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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