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El azar, redefinido

jueves, 12 de septiembre de 2019
Es posible que haya quien crea que no es posible estudiar algunos fenómenos naturales. Nada más lejos de mi idea, pero sí creo que hoy por hoy no existen métodos para hacerlo de modo científico. Pero los habrá.

Desde el principio, uno de los grandes retos de quienes quisieron interpretar el entorno fue el de explicar la causa de los fenómenos que en él se producen. Ante lo desconocido, se atribuyó a los dioses el ser los artífices de todo. Así, cuando Eolo soplaba, había viento cuya fuerza dependería de su capricho. Cuando no se sabía nada del alcohol etílico ni de su presencia en el vino, ni mucho menos de la facilidad con que este pasaba a la sangre de quien lo ingería, las borracheras eran efectos de travesuras del dios Baco. Si dormíamos, era gracias al favor del dios Morfeo. Podría seguir contando efectos divinos sobre múltiples acciones nuestras, pero en este momento no es mi intención.

Más tarde, cuando atribuir a los dioses la causa de los fenómenos cayó en desuso y los hombres de ciencia buscaron los orígenes naturales que los provocaban, muchas veces se recurrió al azar como última explicación causal de los fenómenos. En realidad, atribuir al azar esas causas era una forma elegante de esconder la propia ignorancia. Muchos fenómenos atribuidos al azar hace apenas cincuenta años, hoy son perfectamente predecibles. Y predecir con éxito un fenómeno, indica que se conocen sus causas y las variables que las rigen.

Para mí, siempre ha sido motivo de reflexión el que existan personas de ciencia que no quieran admitir la propia ignorancia en temas varios, incluso en temas propios del estudio personal de cada uno. Otra cosa es qué entendemos por sabio. Tal vez ese concepto esté trasnochado y sólo sea aplicable a personajes del pasado, con saberes enciclopédicos, pero no a personajes contemporáneos, pues hay quienes saben muchísimo sobre cosas puntuales, pero que pueden ser grandes ignorantes de otras materias.

Voy a exponer algunas cosas protagonizadas en tiempos relativamente recientes por eximios sabios.

- En la década de 1940, hubo quien dijo que ya no quedaba nada por descubrir.

- Cuando en 1906 se concedió el Premio Nobel de física a Niels Bohr por su contribución al conocimiento del átomo, no faltó quien dijera públicamente que se premiaba un trabajo inútil.

- Del mismo modo, cuando en 1962 se concedió el premio Nobel a J.D.Watson, F.Crick y M.Wilkins, tampoco faltaron quienes lamentaron el que se premiase la inutilidad de sus estudios.

- Un Premio Nobel de medicina, anunció que pronto toda la biología no sería mas que biología molecular, demostrando saber poca biología.

- A finales del siglo pasado, cuando se conoció la existencia de un ADN de naturaleza y función desconocida, puesto que su existencia no encajaba con lo conocido hasta entonces, no faltaron quienes le denominaron “ADN basura” con la mayor desvergüenza.

No voy a comentar estos hechos protagonizados, seguramente de buena fe, por eminentes profesionales de la ciencia.

¿Sabemos mucho? Es una pregunta simple, que tal vez pocos se plantean. Personalmente, creo que es mucho más lo que ignoramos que lo que conocemos. A la ciencia le corresponde interpretar el entorno en función de los conocimientos que se poseen en cada momento. Ya no es Eolo quien sopla, ni Baco quien juega con nosotros, ni Morfeo quien nos lleva en sus brazos. El azar va siendo acorralado como causa de muchos fenómenos y, como dijo Einstein, “Dios no juega a los dados” pera eliminar a Dios como causa de fenómenos aleatorios.

Creo que muchos grupos científicos estudian cosas cotidianas, intentando explicarlas de modo que conozcamos mejor el entorno en el que nos movemos. Otros, a veces con espíritu más aventurero, se adentran en el difícil camino de buscar las causas de algunos fenómenos que aún nos resultan inexplicables. (Las causas, las causas, las causas, siempre las causas en ciencia). A los no científicos les apasiona conocer las causas de todo cuanto nos rodea y demandan explicaciones a quienes se dedican a la ciencia.

Ante fenómenos que no se pueden explicar con nuestros conocimientos actuales, he visto varias posturas por parte de hombres de ciencia. Unos dicen que son fenómenos inexistentes e intentan ridiculizar a sus defensores. Otros menosprecian las interpretaciones que puedan surgir a partir de otras culturas. Otros dicen desconocer sus causas, que existen pero que aún no se pueden estudiar, pues incluso no se dispone de métodos para hacerlo de modo adecuado, pero que esos fenómenos representan un reto para el estudio. Cada vez se atribuyen al azar menos fenómenos, pensando que tienen una causa desconocida que conviene estudiar. Pero sí, se cree que el azar tiene un importante componente en muchos procesos, pero ya no se le atribuye la causa de muchos fenómenos. Es este plan, podríamos decir que el concepto de azar ha sido modificado, como muchos otros conceptos.

Tal vez uno de los fines de la ciencia sea el de definir conceptos de modo adecuado. ¿De modo definitivo? No, de modo adecuado a los conocimientos de cada tiempo.

Podemos pensar que una estima del avance de una ciencia consiste en la mejora experimental de sus conceptos clave, que conviene revisar de modo constante.

(Fotos del fondo de Google)
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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