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¿De veras es necesario derribar el Xeral?

miércoles, 26 de junio de 2019
Comienza el derribo del viejo hospital de Lugo. Es el fin de una era, y eso se supone que es bueno porque hay que avanzar. El problema es que las eras ya no son lo que eran, permítanme la aliteración.

El antiguo Xeral fue inaugurado en 1975, y tardó muchísimo menos en construirse de lo que están tardando en derribarlo. Han estado casi nueve años desde la inauguración del HULA en noviembre de 2010 dando vueltas a qué hacer con el muerto que les quedó en el barrio de la vieja residencia, y tras muchas cábalas han llegado a la conclusión que desde el principio era obvia: un centro de mayores, un Punto de Atención Continuada (PAC), y como novedades la futura nueva comisaría de la Policía Nacional. Para ese viaje no hacían falta nueve años de alforjas, la verdad.

Pero en lo que me quiero centrar hoy no es en lo que viene sino en lo que se va.

Lugo es una ciudad que cuenta con monumentos históricos como la Muralla romana, la Catedral de origen románico (con posteriores modificaciones góticas, barrocas e incluso neoclásicas) y multitud de monumentos y edificios que han visto pasar generaciones de ciudadanos por sus fachadas durante siglos. Sin embargo también es una ciudad que derriba sin piedad inmuebles construidos hace relativamente poco tiempo.

No tengo ni idea de si el Xeral podría haber sido reciclado para albergar algunas instalaciones, pero me cuesta creer que sea más rentable económicamente tirar con todo y empezar de cero. Más rentable políticamente sí, claro, porque las fotos de hoy con el Presidente de la Xunta “supervisando” el derribo (siempre me hace gracia lo de la “supervisión”, como si los cargos públicos tuvieran que cerciorarse en persona de que se hacen las obras), y las de dentro de unos meses con la colocación de la primera piedra, la inauguración, la puesta en funcionamiento y demás no tienen precio para una campaña electoral.

“Es que el edificio tiene aluminosis”, me dirán. Pues vale. Pero para eso hay soluciones. O el edificio ya estaba en un estado que lo hacía inestable (cosa que dudo porque se tomaron con bastante pachorra su desalojo) o se pueden tomar medidas para que dure muchos, muchísimos años más en pie sin riesgo alguno.

“Responde a criterios técnicos”, me podrán argumentar. Y puede ser cierto o no. Los técnicos normalmente responden a las preguntas que se les plantean. Si uno orienta su pregunta a “¿cree que es mejor tirar o rehabilitar?” a un arquitecto, probablemente éste se inclinará por lo primero, porque a todos nos gusta dejar huella en la historia y firmar la construcción de un nuevo mamotreto. Si en cambio le pregunta directamente “¿cuál es la mejor solución para salvar este edificio?” probablemente la respuesta sea muy diferente.

Debo de ser de las pocas personas que echan de menos la antigua FRIGSA. El magnífico edificio, que costó un esfuerzo titánico derribar, podría haber albergado el mayor centro social y de ocio de la ciudad, o incluso podría haber supuesto tener un MIHL sin los problemas eternos que causa el actual, que se llena de agua en cuanto se despistan los de mantenimiento porque está en una zona con un nivel freático incompatible con su uso.

Le seguirán otros edificios en uso, como la estación de autobuses, siguiendo criterios de foto y de política y no de sentido común, y mientras tanto los lucenses asistimos impasibles al despilfarro de nuestro dinero.

No me entiendan mal, no se trata de que haya que mantener todo porque sí o de impedir la mejora de la ciudad (creo que no soy sospechoso de pretender tal cosa), sino de racionalizar las inversiones y de no meter la excavadora por razones tan innobles como las campañas electorales.

Lo que está claro es que en esta ciudad metemos la piqueta con mucha ligereza. No es normal que un edificio construido en 1975 dure tan poco tiempo. No es lógico que las multimillonarias inversiones se hagan a 45 años vista. No es de recibo que nuestro dinero se malgaste de esta forma.

Eso sí, luego nos dicen que reciclemos folios para salvar el planeta.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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