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Las Fuerzas Armadas venezolanas. ¿'Poder en la sombra' o 'guardia pretoriana' del chavismo?

jueves, 23 de mayo de 2019
Una radiografía de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Cuál es su poder real y su capacidad para erigirse como eventual árbitro decisivo en la crisis venezolana. El papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en la crisis política e institucional venezolana ha sido materia de numerosos análisis, referencias informativas, declaraciones y expectativas. A grandes rasgos, se le intuye un rol preponderante, prácticamente decisivo, a la hora de equilibrar (o incluso desbloquear) el pulso político e institucional existente en Venezuela.

El trasfondo de todas estas expectativas está en dirimir cómo la FANB se ha convertido en el principal depositario del poder en Venezuela. Esto traduce, al mismo tiempo, un retorno del histórico militarismo venezolano, reconvertido ahora a través de un proyecto político determinado, una especie de socialismo militar que ejerce serios dilemas sobre el futuro democrático en Venezuela.

Este poder de los militares es una realidad muy bien conocida principalmente por los dos líderes que pujan por la legitimidad presidencial en el país: Nicolás Maduro y Juan Guaidó. Pero también por actores exteriores con influencia en la crisis venezolana, como Estados Unidos. De allí sus constantes llamados e interpelaciones para asegurarse, respectivamente, el apoyo del estamento militar a determinados intereses políticos.

Por ello, las expectativas se cifran en observar cuál será la definición de la FANB en esta crisis: mantener inalterable la estructura de poder chavista-madurista; acudir al llamado de Guaidó, a través de su propuesta de Ley de Amnistía, para propiciar el quiebre institucional y desconocer la autoridad de Maduro; o bien erigirse como el árbitro institucional que posibilite una transición política. A todo ello se une la capacidad real que tiene de la FANB para contener una eventual intervención militar extranjera en Venezuela.

En todos estos escenarios, el rol decisivo de la FANB es prácticamente incuestionable. Con probabilidad, no existe entidad institucional en Venezuela cuyo peso y poder le permita ejercer una influencia decisiva en los acontecimientos que puedan sobrevenir ante la actual crisis. Cumple por tanto ofrecer una aproximación y una radiografía sobre la FANB que implique introducirse en su composición, funcionamiento y capacidad de decisión en el curso de la actual crisis venezolana.

Emblema de la “unión cívico-militar”
Existe un lema reiteradamente propagado por el desaparecido ex presidente Hugo Chávez, el cual asegura que la “revolución bolivariana” está fortalecida por la “unión cívico-militar”, toda vez este proceso “es pacífico pero está armado”. Ello le otorga casi automáticamente un factor preponderante al sector militar. De allí que la FANB se haya convertido en la institución emblemática y empoderada de ese axioma revolucionario en estas dos décadas de poder del “chavismo” en Venezuela.

Tras la muerte de Chávez y la súbita aparición de un “chavismo post-Chávez” personificado en Maduro, se ha reforzado aún más el papel institucional y político de la FANB como elemento estratégico de consolidación revolucionaria. Una aproximación a las estructuras de poder existentes en el “chavismo” incluye a la FANB en el renglón del “chavismo institucional” en el poder.

Bajo el esquema “puntofijista”, el sistema político vigente en Venezuela hasta 1999 originado con la firma del Pacto de Punto Fijo (31/10/1958) entre las principales fuerzas políticas venezolanas (AD, COPEI y URD) que estuvieron en el exilio durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958), las Fuerzas Armadas Venezolanas (FAV) se convirtieron constitucionalmente en un actor apolítico profesionalmente institucionalizado. Su reconversión a partir de 2005 en la actual FANB implicó retrotraer el tradicional peso que han tenido los militares en la historia política venezolana.

El factor militar es igualmente parte esencial de los orígenes del movimiento bolivariano, con la creación del MBR-200 en 1983. El Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200) fue la célula cívico-militar creada por Chávez y otros compañeros de armas, conmemorando el 200 aniversario del nacimiento de Simón Bolívar, el prócer de la independencia venezolana. La participación de cuadros militares del MBR-200 en la intentona golpista de Chávez el 4 de febrero de 1992 fue igualmente un factor estratégico que, con el paso del tiempo, permitió definir la futura composición tanto del estamento militar como del cuerpo gubernamental una vez Chávez alcanzara el poder.

Apoyado en promociones militares afectas al MBR-200, el ex presidente Chávez impulsó desde 1999 la transformación del papel institucional de la entonces FAV a través de su inserción dentro del proceso de cambio como un agente más de la estrategia de desarrollo nacional (Plan Bolívar 2000). Blindado política e ideológicamente a favor del proyecto chavista, las FAV adoptaron un carácter decisivo como ejecutor de las políticas sociales y gubernamentales del chavismo, toda vez esta conjunción de intereses y de afinidades políticas e ideológicas entre chavismo y el estamento militar reforzó esa alianza estratégica vigente hasta hoy día.

En 2011 se adoptó la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, establecida dentro del Ministerio del Poder Popular para la Defensa, que fortalece el papel político, institucional y de seguridad nacional del estamento militar. La reconversión institucional como FANB permitió igualmente la adopción de nuevas doctrinas como el “nuevo pensamiento militar venezolano” y la estrategia de la “guerra asimétrica”, de carácter básicamente defensivo ante cualquier eventual agresión militar exterior, principalmente de parte de Estados Unidos.

Paralelamente, la FANB ha adoptado un rol político y de carácter proselitista que hace causa común con los preceptos ideológicos del chavismo. Destacan aquí la adopción, a partir de 2007, del saludo oficial de la FANB (“Patria, Socialismo o Muerte. Venceremos”), y de constantes axiomas oficialistas aún vigentes (“ser chavista es ser patriota”; “leales siempre, traidores nunca”) muy presentes en las recientes declaraciones públicas de la FANB. Esto ha provocado fuertes polémicas en la opinión pública venezolana sobre la distorsión y alteración del tradicionalmente pretendido control civil sobre el estamento militar y su pretendida naturaleza apolítica.

Radiografía actual de la FANB
El actual organigrama operativo e institucional del Alto Mando de la FANB define cinco (5) fuerzas principales de carácter corporativo: Ejército, Armada, Aviación, Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Milicia Nacional Bolivariana (MNB). Esta composición da cuenta de relaciones de poder con predominio de militares afectos al proceso revolucionario chavista, ascendidos a altos cargos como Generales y Comandantes en los últimos años al calor del fortalecimiento del rol político e institucional de la FANB.

El actor clave y de mayor peso dentro la FANB es obviamente el Ministro del Poder Popular para la Defensa, General en Jefe del Ejército Vladimir Padrino López. Se le considera un militar apegado a la Constitución Bolivariana y afecto al proyecto chavista. Conoce con certeza cada componente de la FANB, aspecto que refuerza su legitimidad y liderazgo.

La estructura de mando de la FANB está coordinada a través del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (CEOFANB); el Comando General del Ejército; el Comando General de la Armada; el Comando General de la Aviación Militar; el Comando General de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB); el Comando General de la Milicia Nacional Bolivariana (MNB).

Otro aspecto estratégico que refuerza el poder de la FANB es la creación de las Zonas de Seguridad, áreas de actuación de la FANB decretadas por la Presidencia de la República y reguladas por la Ley Orgánica de Defensa y de Seguridad de la Nación, con la finalidad de “regular la presencia y actividad de personas nacionales y extranjeras, naturales y jurídicas, en dichas áreas” penalizando con “5 y hasta 10 años de cárcel” a todo aquel que “organice, sostenga o instigue a la realización de actividades dentro de las zonas de seguridad”. Hasta el momento, estas zonas ocupan aproximadamente el 32.33% del territorio nacional.

Datos del Ministerio de la Defensa constatan que la FANB cuenta entre 95.000 y 150.000 efectivos. A ello deben sumarse los efectivos de la MNB, aunque no se conoce con exactitud el número total de milicianos. Maduro aspiraba alcanzar los dos millones para 2019.

En lo referente a alianzas exteriores, Rusia, China y Cuba se han convertido en los principales socios de la FANB. El apoyo de Moscú y Pekín ha permitido la renovación del equipamiento militar venezolano, toda vez alteró drásticamente la tradicional orientación atlantista de las Fuerzas Armadas venezolanas hacia Estados Unidos y Europa.

El principal apoyo ha sido la industria militar rusa, que ha encontrado en Venezuela un comprador recurrente y un aliado geopolítico. La asistencia militar rusa a la FANB comprende aviones y helicópteros, tanques y unidades de artillería, dos bombarderos con capacidad nuclear TU-160, cazas Su-30Mk2, fusiles Kalashnikov AK-47, misiles y radares antiaéreos y renovación de la flota naval venezolana.

Los reiterados actos públicos de Maduro con fuerte presencia militar suponen un mensaje simbólico orientado a propagar el apoyo de la FANB a su legitimidad presidencial y al proyecto chavista. Esta dependencia política e institucional de Maduro con respecto a la FANB ha provocado una auténtica hiperinflación de ascensos militares, principalmente de generales beneficiados con contratos empresariales y prebendas.

De acuerdo al almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, en una intervención ante el Senado, en la Venezuela de Maduro existen unos 2.000 generales, más que todos los países de la OTAN juntos.

No obstante, si bien el Alto Mando ha mantenido una posición oficial de apoyo a Maduro, algunos sectores opositores sugieren que existen fisuras sobre esos apoyos, principalmente en los mandos medios y bajos de la FANB. Algunas encuestas incluso dan a entender la escasa popularidad tanto de Maduro como de Padrino y Diosdado Cabello dentro del estamento militar.

La crisis económica venezolana también se ha presentado dentro de los cuadros de la FANB, no sólo por la escasez alimentaria y deficiencia de servicios básicos sino también en las labores de reparación y mantenimiento de los equipos militares, principalmente rusos y chinos, y de las dificultades de pago del gobierno de Maduro.

Los “militares-empresarios”
Impulsado por Chávez pero fortalecido con Maduro, la FANB se ha convertido prácticamente en el verdadero poder empresarial y económico en Venezuela, con competencias en diversas áreas: agropecuaria, financiera, construcción, servicios, comunicación, transporte, mercantil, turismo, aseguradoras, fondos de inversión, tecnología digital, canales de TV e imprenta. Este aspecto es imprescindible a la hora de analizar el porqué de su apoyo a la legitimidad presidencial de Maduro y del chavismo.

No obstante, predominan tres sectores económicos que están casi absolutamente bajo el poder de la FANB: el petróleo; la minería; y la distribución de alimentos. En perspectiva, la FANB pareciera reproducir el modelo empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, a través del Grupo de Administración Empresarial (GAESA) y que le ha dado al estamento militar cubano un poder político y económico preponderante.

En ese sentido, en 2013, al llegar a la presidencia, Maduro creó la Zona Económica Militar Socialista, un plan de desarrollo empresarial que amplió los cauces de poder de la FANB. De allí la preponderancia militar en el sector petrolero. Desde 2017, la estatal PDVSA está dirigida por un oficial de la GNB, Manuel Quevedo, sin experiencia en este sector.

Tanto en el sector petrolero como en el de la explotación minera, principalmente en el Arco Minero del estado Bolívar (sur de Venezuela), destaca la empresa CAMIMPEG (Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y Gasíferas), creada en 2016 y actualmente dirigida por el Mayor General Alexander Cornelio Quintana.

En cuanto al sector de alimentación, la Gran Misión de Abastecimiento Soberano creado en 2016 con la finalidad de combatir el desabastecimiento, ha sido fundamental a la hora de apuntalar el poder empresarial militar en la distribución y comercialización de alimentos y medicinas (cajas CLAP). Esta misión está dirigida de forma personal por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López.

En la actualidad, más de 1.000 militares activos y retirados están al frente de cargos públicos, al mando de decisiones y funciones de carácter político (PSUV, gobierno) y económico, tanto a nivel empresarial como en las estructuras burocráticas del Estado (30% de las gobernaciones venezolanas). Cumplen por tanto funciones muchas veces ajenas a su formación y asignación constitucional en materia de defensa y seguridad.

La Milicia Nacional Bolivariana (MNB): ¿Un “chavismo pretoriano”?:
Adscrito a la FANB, convive un actor atípico e inédito cuya presencia ha venido en aumento en los últimos años y que puede implicar o bien una compatibilización de roles con el estamento militar, o bien la posibilidad de erigirse en una especie de rival político e institucional. Este actor es la Milicia Nacional Bolivariana (MNB), la cual podría denominarse como una especie de chavismo pretoriano.

Creada en 2008 por el Ejecutivo Nacional vía habilitante tras una reforma de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (LOFAN), la MNB se ha conformado como un cuerpo voluntario leal al proceso bolivariano y socialista aunque institucionalizado como cuerpo complementario dentro de la FANB, siguiendo la máxima chavista de “el pueblo en armas”.

El organigrama de la MNB da cuenta de un Comando General de la Milicia Bolivariana (adscrita a la FANB), una Secretaría y cuatro estamentos relativos a Personal, Entrenamiento y Doctrina, Moral y Luces y Articulación Social, así como las Unidades de Milicia Territorial, Milicia Rural o Campesina y los Cuerpos Combatientes. También se enfoca a la MNB en diversas labores sociales junto a actores propios del “chavismo popular” de base.

Desde los sectores opositores se ha venido acusando a la MNB de erigirse como un “cuerpo pretoriano”, de carácter anticonstitucional, política e ideológicamente adscrito al “chavismo. Otros aducen que la MNB participaría en labores de contención y represión política contra sectores disidentes y opositores, acusación no exactamente verificada, toda vez estas acciones suelen ser imputadas a los colectivos armados. Según la ONG venezolana PROVEA, los colectivos chavistas forman parte de un andamiaje jurídico promovido por Maduro, para convertirse en auténticos “cuerpos paramilitares” movilizados para la represión y la intimidación.

En todo caso, dentro de la crisis actual, Maduro ya ha anunciado el avance y ampliación de la MNB a tal punto de pedir su elevación a rango constitucional, consolidándolo como una realidad tangible dentro de la estructura de poder del post-chavismo.

Cuba: ¿el verdadero “poder en la sombra”?
Desde la adopción del Convenio Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela (31/10/2000), que reforzó y amplió notablemente las relaciones bilaterales entre ambos países, mucho se ha comentado y analizado sobre la presunta inherencia cubana en las altas esferas del poder en Venezuela, particularmente dentro del estamento militar.

Con la crisis actual, estas perspectivas se han reforzado, a tal punto que un ex jefe de la contrainteligencia militar de Maduro recientemente desertor, Hugo Carvajal, declaró públicamente que “agentes cubanos controlan la FANB y dirigen actividades criminales”, así como de represión contra manifestantes y disidentes.

De acuerdo al portal Foresinghtcuba, que se dedica a analizar información sobre la isla caribeña, se contabiliza la presencia militar cubana en Venezuela de la siguiente forma: 4.500 hombres de infantería, organizados en 8 batallones de 500 efectivos, más un batallón estacionado en Fuerte Tiuna, sede de la FANB; 2 Generales de Brigada (Herminio Hernández Rodríguez y Alejandro Ronda Marrero) (1 en Fuerte Tiuna, otro en Barquisimeto); 4 coroneles (Rodrigo Hernández Maite, Rufino Zabaleta Corvino, Jaime Freitas Sambrano y Simón Guillermo Sénior); 8 tenientes coroneles; 6 capitanes de fragata y 25 oficiales subalternos.

Otros ex militares venezolanos desertores en los últimos años han verificado la presunta penetración cubana en el estamento militar venezolano como “una injerencia peligrosa en áreas estratégicas, lo que les permite conocer los secretos militares del país”. Estiman esta presencia militar en aproximadamente unos 20.000 efectivos, oficialmente identificados por los gobiernos cubano y venezolano como “cooperantes” en sectores como la salud y la educación, dentro de los acuerdos estratégicos bilaterales.

Otras fuentes, como el general Ramón Rangel, certifican este presunto dominio cubano sobre el gobierno de Maduro y la FANB. En altas instancias internacionales, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acusó a Cuba de “exportar mecanismos de terror” a Venezuela y Nicaragua.

Donde se considera que existe mayor penetración cubana en Venezuela es en los servicios de seguridad e inteligencia. Algunas fuentes aseguran que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) está prácticamente controlado por el G-2, nombre genérico de los Órganos de Seguridad del Estado cubano. Otras informaciones pormenorizan en la lista de efectivos que forman parte de esa presunta estructura de penetración militar cubana en Venezuela.

No obstante, el secretismo oficial tanto en La Habana como en Caracas estimula cierta opacidad y complejidad a la hora de verificar las informaciones reales sobre la presunta penetración cubana en el estamento militar venezolano. Sólo las revelaciones provenientes de militares desertores han permitido acercarnos a una radiografía más legible sobre esta presunta inherencia.

¿Con Maduro? ¿Con Guaidó? ¿O con ellos mismos?
Con la actual crisis de legitimidades presidenciales en Venezuela, el foco de atención está prácticamente concentrado en conocer hacia dónde se decantará el apoyo definitivo de la FANB. Públicamente, el Alto Mando militar profesa su apoyo a Maduro. Toda vez, las recientes deserciones militares ante la aparición de Guaidó y su Ley de Amnistía no parecen ser contundentes a la hora de verificar si existen fracturas estructurales que afecten la integridad de la FANB.

Igualmente, desde la perspectiva de la opinión pública, existen ciertas contrariedades a la hora de imputar directamente a la FANB como único responsable de la cruenta represión a las protestas. En la represión más bien han destacado otros organismos de seguridad como la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la Policía Nacional Bolivariana (PNB), colectivos armados y el grupo FAES. Toda vez, se le atribuyen a la FANB labores de vigilancia, contrainteligencia y represión interna ante el disenso y posibilidad de deserciones.

Con todo, y ante los inciertos escenarios instalados en la crisis venezolana, está por ver si la FANB actuará como un ente corporativo profesional, como cuerpo “pretoriano” vinculado al proyecto chavista, como árbitro de la transición o si, por el contrario, se sumirá en la polarización política existente, erosionando así la pretendida integridad del estamento militar. Sea como sea, todos los actores involucrados en la crisis venezolana, tanto internos como externos, le atribuye a la FANB el rol decisivo.
Mansilla Blanco, Roberto
Mansilla Blanco, Roberto


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