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martes, 21 de mayo de 2019
Llega la recta final de la campaña sin que nadie consiga dilucidar los resultados probables. No hay encuesta que apacigüe la ansiedad de los candidatos a alcalde o eurodiputado. Si algo caracteriza últimamente el panorama electoral son las propuestas localistas emergentes, frente a las grandes formaciones de ámbito estatal. Seguro porque, de manera intrínseca, su única razón de ser es un devenir específico, por completo alejado de los postulados de los partidos nacionales, definidos por la usurpación permanente de identidad mediante el uso discrecional de siglas nacionalistas.

Muestra de ello es que, cuando el Presidente Feijóo se llenaba la boca en la prensa “exigiendo” al Gobierno central la transferencia de la autopista AP-9, los diputados del PPdeG en el Congreso votaban en contra de la demanda de la Xunta. Nada que se diferencie de la actitud del PSOE-PSdeG que, además de dejar tan de lado a Galicia como lo hizo siempre Franco por muy gallego que fuera, ya ha demostrado en sus sucesivos gobiernos -para muestra el más reciente-, la exclusión a Galicia como castigo a un voto general de la gaviota en lugar de la rosa. Algo que deberían tener muy presente también quienes confiaron su voto al PSdeG, viendo la nula atención que Madrid muestra por las necesidades de la Comunidad Autónoma.

Claro que semejante postulado se inclina hacia los partidos nacionalistas, tan demonizados últimamente por los partidos de ámbito estatal. Sin embargo, tanto el PP como el PSOE —y para el caso sus apéndices díscolos: Podemos, Ciudadanos y Vox—, omiten que fueron los partidos nacionalistas quienes a lo largo de toda la historia de la democracia les han facilitado gobiernos de mayoría absoluta en Moncloa, a excepción de dos legislaturas, una de Felipe González y otra de Mariano Rajoy, prestando el mayor servicio al conjunto de la ciudadanía española, lo que no obsta para que el grueso de reivindicaciones de las formaciones nacionalistas se dirigen a la mejora de sus respectivas regiones.

En esta línea, cuando la Justicia española estaba a punto de finiquitar el juicio por el Accidente de la curva de Angrois, tras haber desaparecido de manera inexplicable el informe emitido por la autoridad ferroviaria europea, no fueron el PP ni el PSOE en sus versiones “deG”, sino la eurodiputada Ana Miranda, del BNG, la que viajó desde Bruselas con una copia del informe en mano para entregarla en los juzgados, impidiendo así el archivo del juicio y la impunidad de los culpables.

Asumiendo que el modelo español constituye un Estado federal, llámesele Estado de Autonomías o Reino Unido de España, para los efectos tanto tiene, la consecución de un país territorialmente equilibrado y de verdad solidario, no pasa tanto por un Hemiciclo bicolor como policromo regionalista, forzados, mediante la más alta diplomacia, a pactar y consensuar políticas que beneficien realmente a todos los territorios que componen España, y no sólo a vascos y catalanes por la ventaja que ha supuesto siempre su representación en Moncloa.

Evocando a la princesa Laia en el Senado de la República Galáctica de Star Wars, en su locución en defensa de los derechos ciudadanos de la Alianza frente a los de el Imperio, en paralelismo con el Europarlamento, conviene recordar que Bruselas no sebe ser un cementerio de elefantes donde los partidos recompensan con un retiro dorado por los servicios prestados a sus políticos, a falta de plazas disponibles en los chiringuitos. Ahí de discute el futuro y la prosperidad. Sólo hay una forma de huir de las votaciones de los libres designados, motivadas más por una visión de sesgo ideológico que atendiendo a las necesidades específicas de cada región que compone la Unión Europea, entre ellas, Galicia, teniendo muy presente que, a diferencia de España, en las elecciones al Parlamento Europeo no rige la avasalladora Ley D'Hont. Nadie defiende la casa del vecino antes que la suya propia, por eso el día 26 conviene recordar al escritor griego Petros Márkaris cuando afirmaba que la única manera de sobrevivir es defender y pelear por los derechos.
Mosquera Paans, Miguel
Mosquera Paans, Miguel


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