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Un escándalo: 94 páginas completas de ''publicidad institucional'' en diciembre (contando solo las de la Diputación)

jueves, 17 de enero de 2019
El tema de la “publicidad institucional” en Lugo está totalmente descontrolado. Tomemos como ejemplo el mes de diciembre de 2018, en que fue especialmente escandaloso el desembarco de páginas y más páginas de publicidad en prensa pagadas, directa o indirectamente, con nuestro dinero.

Como el tema es muy espinoso vamos a dividirlo en partes, que me resulta más fácil de explicar.

1.- Acotando los datos:

De lo que hablamos ahora es de las páginas publicadas con la excusa de “anunciar” obras y asfaltados realizados con presupuestos de la Diputación Provincial de Lugo en la prensa local (El Progreso y La Voz de Galicia) durante el mes de diciembre de 2018.

¿Por qué esa administración y ese periodo concreto? Pues porque ha sido una exageración, como veremos en breve. La Xunta ha sacado un par de páginas y el Ayuntamiento alguna más, pero ni de lejos se acercan a la total sobreactuación que podemos ver en la bestial campaña provincial. Hay elecciones en Mayo…

Para que vean lo exagerado de esto, no inflo los datos, al revés, ni siquiera meto en las cuentas las páginas de la Diputación referidas a temas deportivos o de otra índole, aunque sí incluyo un “especial” que publicó en la Voz de Galicia el 31 de diciembre que no tenía más objeto que el autobombo.

2.- ¿Quién paga los anuncios?:

Como comprenderán no lo sé, porque no he pedido las facturas y tampoco soy quién para hacerlo. Para eso tenemos (es un decir) a la oposición, que parece que o no se ha enterado de esto o prefiere hacerse la sueca por si se entiende como un ataque a los medios de comunicación. Pero conociendo el percal, sobre quién paga aventuro una teoría más que plausible: nosotros.

La Diputación no puede gastar el dineral que cuestan estas páginas en publicidad, pero sí puede poner como condición a la empresa adjudicataria de una obra la obligación de publicar un anuncio en la prensa local que corre a su costa. Evidentemente ese coste se trasladará (con mayor o menor disimulo) a la factura final, que es la que pagamos todos, por lo que en realidad el pagano es el contribuyente.

Ojo, no estamos hablando de que se diga que en toda la publicidad que haga la empresa ha de figurar la Diputación, que sería lógico, sino que se OBLIGA a hacer esa publicidad, que no es lo mismo ni de lejos ya que la beneficiaria de los anuncios acaba siendo la administración.

La demostración de que hay un hilo conductor común a todos los anuncios es que la estética (en que predomina el color rojo, vinculado al partido gobernante, claro, obviando que los colores provinciales son el rojo y el azul), el diseño, e incluso el contenido es idéntico en todos ellos. En todos sin excepción. De hecho la imagen predominante es la de la Diputación y las empresas que los pagan aparecen de forma solo anecdótica en los anuncios, y su imagen se reduce a un logotipo en un rincón o, en algunos casos, a unos párrafos de cortesía en un rincón de un especial de varias páginas. En las fotografías vemos a políticos del equipo de gobierno, no a los empresarios, habitualmente acompañados de vecinos de la zona a los que enseñan lo generosa que es la Diputación al hacer su trabajo y, por si no lo difunden correctamente, meten esta exagerada publicidad.

Es, por lo tanto, obvio que los anuncios son de la Diputación, y por lo mismo es evidente que quienes los pagamos somos todos sea cual sea el sistema elegido para hacerlo, ya que en última instancia si no se cargara a la empresa con esa costosa obligación la factura final se podría ver reducida.

3.- La culpa es del que es:

Que yo sepa soy una de las pocas personas (si no la única) que con cierta regularidad colabora (desinteresadamente, he de añadir, vamos, que no me pagan) tanto en El Progreso como en La Voz de Galicia, al menos hasta la publicación de este artículo que supongo que no hará mucha gracia a ninguna de las dos empresas. Quizá, por mi vinculación con ambos medios, me inclino a considerar que ninguna de las dos tiene la más mínima responsabilidad en este asunto.

Quien contrata los anuncios es (directa o indirectamente como ya hemos visto) la Diputación, y culpar de este desaguisado a los medios es ridículo. Por poner un ejemplo bastante evidente, no veo que nadie culpe a las joyerías o los restaurantes en que los de Caja Madrid y Bankia se pulieron el pastizal que se pulieron con las tarjetas “black”, porque cuando uno vende algo no es normal que exija a su cliente justificar de dónde ha sacado el dinero o si puede o no gastárselo, no es asunto suyo.

Por lo tanto, la responsabilidad en esto es exclusivamente del que lo hace. Que cada palo aguante su vela.

4.- Las cifras:

Vamos ahora al meollo del asunto, que hemos dejado para el final. ¿De cuántos anuncios estamos hablando? Pues miren, insistiendo que hablamos únicamente del mes de diciembre de 2018 y que, como los he contado yo “artesanalmente” y por lo tanto se me puede haber colado alguno, he visto 15 anuncios parciales (de 3x3 o 3x5 módulos aproximadamente), 3 de ellos en La Voz de Galicia y 12 en El Progreso y… ¡¡94 páginas completas de publicidad (49 en La Voz de Galicia y 45 en El Progreso)!!

¡94 páginas completas! ¡¡94!! Salimos a tres diarias de media. Piénsenlo un momento. Piensen en la mayor campaña que hayan visto de cualquier empresa, de la más grande de todas, y si se aproxima siquiera al despilfarro del que hablamos. ¿Cuánto cuestan más de 100 anuncios, de ellos 94 a página completa?

Por si fuera poco, los anuncios son reiterativos, monótonos, aburridos. Dudo mucho que la gente se haya molestado en leerlos. Si al menos hubieran sido menos groseros en su diseño o en su ejecución podría haber colado, pero se ve que la sutileza no es su fuerte y que son más de machetazo que de bisturí.

Podían haber dedicado alguna de esas muchísimas páginas a hablar de los artesanos que estuvieron pasando frío en las casetas instaladas en San Marcos, de las actividades que había en las ciudades de la Provincia o de muchas otras cosas, pero no, han reducido la cosa a una especie de "NODO" en versión papel, con fotos que parecían de los años cuarenta.

5.- Publicidad institucional:

La publicidad de las administraciones en la prensa no tiene nada de malo siempre que cumpla con una serie de criterios de sentido común como son la utilidad pública, la proporcionalidad y, lo más importante de todo, la neutralidad. En mi opinión ninguna de las condiciones se cumple en estos casos ya que se trata de publirreportajes políticos poco o nada disimulados.

Lo suyo sería hacer una programación anual y contratarla a primeros de año. Si el Ayuntamiento (por poner un ejemplo, que les recuerdo que hablamos de la Diputación) tiene x actividades al año en que se mete todo lo que se nos ocurra que puede tener que publicitar (Carnaval, Semana Santa, San Froilán, Arde Lucus, Navidad, día de la mujer trabajadora, letras Gallegas…), eso da un número de páginas de prensa, que pueden ser 50, 100 o las que se necesiten (en el año, insisto)… Hasta se puede meter alguna más para “imprevistos” (el típico bando que hay que colocar por una situación imprevista).

Con esa previsión se contratan los medios necesarios para publicitar las actividades o los mensajes oportunos… y listo. Es más objetivo, es más controlable y, lo que es más importante, hace que los medios de comunicación sepan a primeros de año con qué publicidad van a contar y no se vean… cómo decirlo… “tentados” de bailar el son que les toca el gobierno de turno.

Lo que desde luego no tiene el menor sentido es meter 109 anuncios en un mes (94 de ellos a página completa) para, quizá, colgarse medallas a cinco meses de unas elecciones municipales. Es una vergüenza y la oposición debería pedir explicaciones, como mínimo. Dudo que lo hagan porque estoy convencido de que lo entenderían como un ataque a los medios de comunicación, aunque realmente no lo sea.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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