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Los silencios del Chapapote

viernes, 13 de diciembre de 2002
Si hubiese que destacar algo en esta tremenda tragedia que asola Galicia, quizás se podría señalar el silencio del chapapote. Esa inmensa masa viscosa que llega a tener mas de un metro de espesor y que inunda por completo los acantilados de la Costa de la Muerte, acalla por completo el sonido de las olas batiendo sobre los acantilados y se produce un efecto fantasmagórico en torno a ellos, aunque claro, el silencio se rompe cada cierto tiempo, porque los marineros que viven por y para la mar están recorriendo constantemente la costa y sus sollozos, al contemplar la magnitud del desastre, resuenan por el acantilado como si de un verso de Rosalía se tratara, o un quejido de Castelao o un grito de muerte de una obra de Federico García Lorca.

Pero no sólo los acantilados han enmudecido por obra y desgracia del chapapote. El Camino de Santiago, permanentemente recorrido por peregrinos de todo el mundo, estos días esta desierto. Nunca antes, ante ninguna otra desgracia, El Camino se había vaciado de esta manera y es muy significativo el aviso que se puede leer en uno de los refugios de peregrinos que salpican este itinerario, invitando al caminante a desviarse de la ruta y encaminar sus pasos y su esfuerzo a la Costa de la Muerte.

Y enmudecidos están también los ayuntamientos de la zona, totalmente desbordados por la marea humana de voluntarios que no se resignan a sucumbir ante la adversidad. Y desaparecidos los organismos de protección civil, de los cuales ni se sabe ni se les espera. Y la Xunta y el Gobierno Central y tantos y tantos funcionarios que no funcionan, pero que todos pagamos. Y los partidos políticos, absortos entre ellos en acusarse de “Y tu más”, pero quizás entre todos los silencios del chapapote, el más significativo sea el de esos ecologistas de salón, que estos días deben andar muy atareados elaborando grandes manifiestos de repulsa y echando las cuentas de la lechera, para cuantificar el número de votos que este desastre ecológico les va a proporcionar.
Pero no todo lo relacionado con el chapapote es de color negro. Estos días ha quedado en evidencia que la sociedad española esta profundamente identificada con los problemas que afectan al medio ambiente. Y aquellos que vienen pregonando desde hace tiempo que las autonomías han desvertebrado el estado español les invito a que se den estos días una vuelta por las costas de Galicia y que después, si se atreven, hagan una tesis sobre la decadencia del concepto de España como nación. Y a los que cuestionan la necesidad del ejercito que pregunten a los vecinos de la zona de su disponibilidad desde los primeros días del desastre (me refiero al ejercito belga claro). Y a las cofradías de pescadores y a las asociaciones de comerciantes y hosteleros que, ante el manifiesto vacío de autoridad que se ha producido estos días en todas las zonas afectadas, han sido los que se han puesto al mando y han reemplazado con decisión y con sentido común, las ineficaces y acobardadas instituciones del estado.

Que la sociedad española esta muy por delante de sus instituciones, todos lo suponíamos, pero el chapapote lo ha puesto de manifiesto. Que los ayuntamientos no han estado a la altura de las circunstancias, es más que notorio y dudo mucho que esta prueba la superasen otros ayuntamientos de la nación. Que la sensibilidad por el medio ambiente es algo intrínseco a la personalidad actual de los españoles es innegable, y, que este estado necesita modernizarse de arriba a abajo es más que evidente.
Nadie escarmienta en pellejo ajeno y dudo mucho que ésta dura prueba pueda servirnos para sacar conclusiones. Se dice que Dios perdona siempre, el hombre a veces pero la naturaleza nunca. Les recuerdo que cada día en el territorio español se están produciendo agresiones salvajes contra el medio ambiente y contra la biodiversidad en nombre del progreso o de costumbres arraigadas en la cultura de los españoles. Ojalá que del Prestige podamos sacar algo positivo y empecemos a ser conscientes de nuestra responsabilidad en conservar este inmenso tesoro llamado Planeta Tierra.
Morales, Raúl
Morales, Raúl


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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