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Aquel lunes me cambió la vida

jueves, 20 de septiembre de 2018
17 de septiembre de 2002. Lunes al medio día. Hospital da Costa en Burela. Todos los alcaldes de A Mariña. A Conselleria de Sanidade y el SERGAS en pleno. El Presidente de la Diputación Provincial de Lugo. El Diputado General de Álava y dos Diputados Forales. La plana mayor de Unidad Alavesa. Mis padres y mi maestro Don Francisco. Amigos y vecinos del San Ciprián de mis recuerdos, infancia y refugio. El salón de actos del Hospital Comarcal a rebosar. Todos los medios de comunicación de Galicia. Me iba a convertir en Gerente del Hospital del SERGAS en La Mariña. Iba a ser útil a mis gentes. Regresaba para quedarme en mi Galicia natal.

Algunos no entendían nada. Dejaba un Gobierno. Dejaba una posición económica y social de auténtico privilegio. Dejaba una ciudad moderna por un pueblo.

Tenían dudas sobre mis antecedentes. Algunos "enterados" siempre creyeron que no era gallego, ni lucense. Era: vasco, madrileño, catalán, o cualquier naturaleza propia de un veraneante. Habían olvidado a mis tíos con los que me crié en San Ciprián. Casi no sabían que mi madre llevaba en San Ciprián desde su más tierna juventud.

El más satisfecho era mi padre. Volvía a casa. Ya no tendría que sobresaltarse cada vez que sonaba el teléfono y podía ser para comunicarle que ETA lo había conseguido. Algunos supuestos amigos pensaron que iban a tener la oportunidad de ser conseguidores para favores a través del Hospital y sus listas de espera.

Otros, a pesar de la publicidad que se hizo de mi currículo profesional, pensaron que venía para hacer política en Galicia. Vivir en A Mariña era un capricho que se curaba con el primer largo invierno de estancia. Después, volvería a sacar fuerzas de flaqueza para dedicarme a más altas empresas, como siempre había hecho. ¡Se equivocaron!. Yo lo tuve claro desde siempre. Y por eso, aun sigo y seguiré en mi Mariña. Estoy en dónde quiero. He conseguido soñar despierto.

En el plano profesional, dejaba atrás, una plaza de profesor asociado por oposición, una jefatura de servicio por oposición, un historial con la dirección de hospitales en Barcelona, Gerona y Vitoria. En el plano político, cinco legislaturas en el Parlamento Vasco y tres en el Parlamento Foral de Álava. Pero también doce largos años con fuerte escolta y un sin fin de medidas de seguridad que ETA trababa de sortear para "cazarme como pieza codiciada". Había intentado hacer de Álava una Comunidad Foral, independiente de Euskadi, leal con España.

En mi casa siempre se había vivido el servicio público. En un momento dado fuimos una familia muy peculiar. Mi padre, mi hermano y yo, éramos directores de Hospitales Públicos de la Seguridad Social, en nuestra condición de Funcionarios Públicos por oposición. Nadie había defendido el derecho a una buena asistencia sanitaria como prestación pública, como los Mosquera. Nuestra conducta siempre fue progresista. Éramos un producto de la enseñanza pública. Escuela-Instituto-Universidad. Y San Ciprián era nuestra casa. Nuestro punto de encuentro con Galicia.

Hace dieciséis años que voluntariamente dejé la política. En realidad nunca había dejado de ser médico. Hasta mi actividad parlamentaria, a la que se puede acceder por la página de internet para el Parlamento Vasco, demuestra mi continua ocupación con las ciencias de la salud. Consumo, Geriatría, Drogodependencias, Servicios Sociales, Espacio Socio Sanitario, Salud Laboral, Campañas de Educación para evitar riesgos de toda naturaleza, Organización, Planificación y Gestión de Servicios Sanitarios; Conexión del mercado laboral con la Universidad Pública, en materias de lo que antecede.

Me equivoqué. Nadie es profeta en su tierra. Mi estancia en el Hospital da Costa fue una trampa saducea. Si bien logré alcanzar las mejores cifras de eficiencia al servicio del ciudadano, me gané la enemistad de quienes vivían instalados en un modelo diferente al que yo aspiraba, por ideología y por conocimiento. Por si fuera poco, Santiago, dónde se ventilaban decisiones y opiniones, quedaba más cerca de Lugo que de A Mariña. Tardé tiempo en descubrir que la gestión sanitaria en un Hospital público de Galicia, era una actividad totalmente politizada, y yo no había venido para hacer política y menos de la que se pone al lado de "las castas".

Con el paso del tiempo, tuve dos nuevas satisfacciones. No dimití. Me echaron un febrero de 2005. No era de confianza. ¡Efectivamente!. Nunca lo fui. Era de la confianza de los usuarios de la sanidad pública. Por tales "méritos" me llamaron a dirigir el Hospital del SESPA en Asturias. Lo hice con los mismos argumentos y metodología que había usado en Burela. Aquí sí que me entendieron. La política sanitaria en Asturias, coincidía con mi ideología progresista. Fui inmensamente feliz.
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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