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La instalación de ascensores en Lugo, o cuando los vecinos pagan caro el retraso administrativo

martes, 18 de septiembre de 2018
Cuando me independicé tuve que elegir, como mucha gente, entre ubicación o servicios porque no podía pagar ambas cosas. Opté por lo primero, ya que me resulta más cómodo vivir cerca del centro (en Lugo ya saben que ni siquiera dentro de Murallas todo se considera “centro centro”, y yo estoy fuera del recinto) que, por ejemplo, tener ascensor o garaje en el edificio. Mi discreto sueldo no me permite otra cosa y, siendo sincero, tampoco hay que dramatizar porque la Humanidad vivió siglos en edificios más o menos altos sin ascensor y aquí estamos. Hasta dicen que es sano subir escaleras (con eso me consuelo).

Sin embargo no para todo el mundo esa situación es tan sencilla. Subir tres o cuatro pisos es algo más o menos incómodo para mucha gente, pero para otras personas supone una barrera infranqueable que les impide salir de su propia casa. A los ejemplos obvios de personas con movilidad reducida porque usan sillas de ruedas o cosas por el estilo hay que añadir el tema de la edad. Cuanto mayores somos más complicado resulta escalar pisos para llegar a casa, y si bien todo es acostumbrarse (mi abuela vivió en su casa, un tercero sin ascensor, hasta los 82 años y subía tan ricamente), el ascensor ha pasado de ser un lujo a una dotación bastante básica.

Con la intención de ayudar a pagar la instalación de elevadores en edificios que no los tienen, la Xunta saca habitualmente unas ayudas que cubren hasta el 50% del coste, cosa que no está nada mal porque hablamos de casa de cierta edad en que los inquilinos no suelen ser precisamente las personas más adineradas del mundo. Una idea más que razonable que ha mejorado la vida de mucha gente, aunque incompleta. Falta, en mi opinión, una normativa que dé un paso más y que obligue a instalar ascensores en edificios de más de determinadas alturas, porque sin ese respaldo legal en aquellos lugares donde el hueco es insuficiente o donde hay que invadir una pequeña parte de los pisos a los que se va a mejorar enormemente, es casi imposible ponerse de acuerdo.

Tal y como recoge El Progreso de hoy en un interesante reportaje, en Lugo, lamentablemente tenemos un problema añadido y es la intolerable lentitud de la administración local para dar licencias. La cuestión no es menor, porque no se trata simplemente de que se haga esperar año y medio o dos años a la gente para dotar a su edificio de ascensor (que sería algo relativamente anecdótico en edificios que llevan sin él 75 años), sino que se pierden las ayudas. Como todo el mundo sabe, las subvenciones tienen unos requisitos y entre ellos se cuenta el tener licencia para la instalación como algo necesario o al menos como algo prioritario, por lo que se “cuelan” delante todos los proyectos de Galicia que la tienen, dejando a los lucenses para el final y como el dinero nunca llega, lo pierden.

“Pues que la pidan para el año siguiente” dirá alguno. Sí, sería una opción, si no fuera porque las licencias tienen un plazo muy limitado para iniciar las obras y las subvenciones siempre incluyen que éstas no estén iniciadas para poder optar, así que o pierdes la licencia o pierdes la ayuda. Además nadie sabe seguro si al año siguiente habrá otra convocatoria.

El Ayuntamiento de Lugo es el paradigma de la administración ineficaz, lenta, farragosa, contradictoria y perjudicial. Las más que conocidas guerras entre servicios municipales, la desconfianza imperante, el miedo que los funcionarios tienen (con razón) a que cualquier cosa que firmen los acabe llevando al juzgado como testigos o incluso como investigados, la descoordinación y el pasotismo son algunos de los motivos que explican que un trámite que en otros ayuntamientos tarda unas semanas aquí lleve año y medio largo.

Y la gente esperando por el ascensor.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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