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A la memoria del pintor José Miguel Tomé

miércoles, 17 de octubre de 2007
En Santiago de Compostela coincidí con el pintor José Miguel Tomé en los 60 cuando llegamos para estudiar. El vino de Zamora a estudiar Medicina, pero lo suyo fue siempre la pintura. Después me lo encontraba por uno de los primeros pub de Santiago, el Modus Vivendi, donde se celebraban exposiciones artísticas.

Sin embargo, donde nos hicimos amigos fue en las tertulias de la cafetería de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Santiago de Compostela. A las 12 del mediodía coincidíamos Tomé y los profesores de dicha Facultad Xosé Alberto García Suárez, Ramón López Suevos, Xavier Villar Trillo y el que suscribe, el núcleo duro de la tertulia. Algunas veces se sumaban, también, Isabel Méndez Naya, José Antonio Taboada, Suso Vega y algún otro (Arias Veira, Cao, Caramés, Jordan, Quiñoá...). En estas tertulias, que duraban tres cuartos de hora, pasábamos revistas a lo divino y humano. En esta hora de café hablé mucho con Tomé (aún recuerdo su sonrisa coñona) y pude acudir a exposiciones suyas, de las que nos daba cuenta en la tertulia.

Tomé me cayo muy bien porque era un pintor que no iba de pintor, de dívino, y esto en un mundo, en mi opinión, tan dominado por el narcisismo, la pose, el autobombo, las apariencias, la pedantería... para mi es muy importante porque creo que al arte y, en concreto, a la pintura, en muchos casos, los escaralla la trangallada, el número que se montan, los montajes que organizan los artistas y todo lo que les rodea.

Eso sí, de un tiempo para acá una parte del arte y los artistas no salen muy caros porque el Estado, con la funcionarización de buena parte de la cultura, con la sociedad de espectáculo y la imagen, y a lo que se ha sumado el mundo artístico, ha convertido la cultura y el arte en Cultura y Arte de Estado. Lo que, en mi opinión, es muy negativo porque el arte en lugar de ayudarnos a su manera a la búsqueda de la verdad, en lugar de cavar en la ignota naturaleza humana para encontrar nuevas formas de ver, pensar, sentir y expresarse, pasa a ser una forma de manipular, de contaminar el alimento y medios espirituales, inmateriales.

En la Facultad de Económicas y Empresariales de Santiago de Compostela vi a Tomé pintar el mural que esta en la pared de la entrada del aula B. Curiosamente el aula en la que, con expertos, investigadores, emprendedores, representantes de diversos movimientos sociales de Galicia, España y otros países pero también con artistas (han pasado músicos, pintores, escritores, poetas...), vengo organizando desde los años 70 conferencias-coloquio, ponencias y debates para que los estudiantes, investigadores e interesados en general puedan confrontar sus estudios e hipótesis con dichos expertos, analistas y, de esta manera, puedan enriquecerse científica, cultural e intelectualmente, para tratar de vincular activamente la universidad con la realidad social en la lucha por el desarrollo honrado, responsable y de juego limpio a escala personal, grupal y social, local, nacional e internacional. Por ello, me he alegrado mucho de que esta actividad universitaria, hecha con la intención de ayudar a reflexionar y criticar con honradez, rigor y fundamento, de alguna manera se haya visto vinculada con el mural, con la reflexión pictórica de Tomé.

Pude ver la excelente exposición que organizo la Universidad de Santiago de Compostela en la Sala de Exposiciones del Palacio de Fonseca, después de su muerte y como merecido homenaje al pintor Tomé. Me alegró mucho el éxito que ha tenido, pues, la obra expuesta, que nos hace pensar y que nos cuestiona, me pareció magnifica, de gran altura, de gran fuerza.

También asistí al acto que organizo el rectorado de la Universidad de Santiago de Compostela y la Facultad de Económicas de Santiago con motivo de la culminación de la restauración del mural de Tomé. Restauración que seguí durante toda su elaboración y que realizaron con gran entrega las restauradoras María Gómez García y Carmen Menéndez Montero.

En este acto pude manifestarle mis condolencias a la viuda del pintor Tomé, Maiso Villot, y a su hijo Roi, y decirles que Tomé, además de buen pintor, me pareció siempre una buena persona. La viuda me dijo que coincidía en mi apreciación y me señalo que para ella lo mas importante es ser buena persona. Con lo que estoy plenamente de acuerdo, como le dije.

Descanse en paz el amigo y excelente pintor José Miguel Tomé.
Cancio, Miguel
Cancio, Miguel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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