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¿Y ahora quién le compensa a Orozco el calvario que le han hecho pasar?

viernes, 20 de julio de 2018
No siento una especial simpatía por el exalcalde Orozco, y me consta que la cosa es mútua porque tampoco es que yo sea santo de su devoción, cosa que tiene cierta lógica porque a cierto perfil las críticas le sientan fatal. Estoy convencido de que no solo fue alcalde demasiado tiempo sino también de que fue una etapa en que Lugo salió gravemente perjudicado. No hay más que ver sus herencias más significativas: el Garañón (a pesar de su cantinela de que la culpa no fue suya las sentencias no dicen eso), el fiasco del MIHL, la chapuza de la fábrica de la luz (aún en ruinas por su culpa), el cristo montado con el personal en general y con la policía en particular, y la construcción de dos centros comerciales, uno que está casi abandonado y otro que hace la puñeta al comercio tradicional.

Sin embargo, a pesar de mis escasas filias con el señor Orozco siempre he defendido a capa y espada su presunción de inocencia, y es más, hasta me atreví a apuntar en diversos foros públicos (incluidas tertulias de radio y este mismo blog) que no me daba la impresión de ser una persona corrupta, aunque en eso te llevas sorpresas muy desagradables y no te puedes fiar de las apariencias pero francamente, me revuelve el estómago que le saquen a relucir su apartamento en Sanxenxo a un señor que fue alcalde 16 años. Resulta que ahora para ser honrado vas a tener que andar pidiendo por las puertas.

El camino, en estos casos de acusaciones que tal y como está el panorama deberían ser secretas, solo puede ser el de esperar a que la justicia actúe y sentencie, y entonces es cuando podremos hacer nuestros juicios de valor, condenas y el rasgado de vestiduras que tanto se lleva… sobre todo cuando al que pillan con el carrito del helado es de otro partido político.

Tenemos que separar la honradez personal de la buena o mala gestión. Uno puede ser un santo pero también un inútil, y, por el contrario, un excelente gestor pero un ladrón de dineros públicos, y tenemos la absurda manía de confundir ambas cosas.

Siendo sincero, me alegré muchísimo de la salida de Orozco de la alcaldía, pero no de la forma en que lo hizo. Fue un pésimo alcalde, un gestor nefasto, pero hasta que se demuestre lo contrario ha sido siempre una persona honrada y fue sacrificado en los altares de la baja política por pagar un peaje inconcebible en un Estado de Derecho, el de ser expulsado de su puesto por una sospecha que, fíjate qué cosas, ahora queda en nada.

La fiscalía pide que todo el calvario que pasó el señor Orozco durante estos años quede en agua de borrajas porque la cosa no se sostiene, pero se me antoja una injusticia que la cosa se salde con un “bueno, pues nada, pelillos a la mar”, y que quien tenía que haberse marchado por los votos de los lucenses se tuviera que ir por la puerta de atrás, de forma vergonzosa, por una acusación falsa e injusta.

La presunción de inocencia es lo más sagrado que existe en una democracia, porque es irrelevante lo duras o permisivas que sean las leyes si la condena se aplica antes de que un juez sentencie.

¿Cómo recupera ahora la alcaldía al señor Orozco? ¿Quién le devuelve las noches de insomnio? ¿Se le compensan todos los sinsabores y desprecios que ha vivido en estos años? ¿Por qué quien acusa alegremente y hunde la reputación y la carrera de una persona puede irse tan campante después de hacer tanto daño?

Aunque el exalcalde Orozco no cuenta no mis simpatías, el señor Orozco, la persona, tiene todo mi respeto y mi solidaridad por todo lo que le han hecho pasar. Nadie merece eso.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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