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Por querer ser madre, fui también padre

miércoles, 09 de mayo de 2018
Era un día de invierno más en mi vida, mi cabeza ya cubierta por la nieve de las canas; yo, aguardando que llegara mi hijo del trabajo, buscaba calor en aquellos carbonizados troncos que ardian en la chimenea de mi hogar.

Mirando la ceniza se me agolparon atropelladamente los recuerdos. Por el espejo retrovisor de la memoria, abriéndome paso entre las nieblas y brumas del ayer me acordé como queriendo ser madre fui también padre : Nunca pensé que una mujer podría ser ambas a la vez. Era casi una niña de unos catorce años. Me enamoré apasionadamente de un chico de veinte. Yo sabía lo que sentía, amor pero él no, solamente placer.

Quedé embarazada; cuando le dí lo que para mí era una gran noticia huyó cual asustado zorro, me abandonó. Luego me quedaba la respuesta de mis padres, mi madre me consoló, mi padre, un machista déspota me cerró las puertas de casa y me tiró la maleta a la calle. Mi madre lloraba pero yo le decía:
“Basta con que me vaya yo, tú queda en tu silla de ruedas rezando”; pues era paralítica. No lo dudó, marchó diciendo:

“Os quiero, hija, marcho contigo. Ningún déspota marido me privará de la felicidad que supone vivir la dicha de ser abuela”

Tomamos el camino errante, dos mujeres que estaban destinadas a darle a mi hijo todo el cariño que los hombres, padre y abuelo le negaron. Encontramos trabajo de asistentas con una buena familia que se compadecíó al ver a dos mujeres, una discapacitada y otra embarazada, pero muy fuertes .

Nació mi hijo y no necesitó de ningún hombre para que nuestros brazos, los de mujer, lo sostuvieran y con nuestro trabajo lo hiciéramos un hombre siendo madre y padre a la vez. Ël conoció el amor de dos mujeres. Cuando falleció su abuela, quedó dormida en la silla de ruedas, quedé yo . El ser madre me dio fuerza, la venida de un descendiente hace que la mujer lo sea plenamente mientras aquellos hombres, el padre y el abuelo que no lo fueron se congelarían de arrepentimiento y sobre todo tristeza por no haber disfrutado de la gran compañía de este hijo que amo con locura….”

Llaman a la puerta y la anciana va con los brazos abiertos es su amado hijo que regresa de su cotidiano trabajo y después de abrazarla le dice:

“Madre,las mujeres como tú, las que llaman madres solteras, sois las más grandes y conseguís hacer hombres que le den a las mujeres el respeto y cariño que merecen “

A continuación dice: “ Pasa, por favor. Mamá te presentó a la chica que quiero que sea mi mujer y tu nuera, la que tendrá un marido ”

Los tres se abrazaron y el joven lloró de felicidad por tener junto a él a dos mujeres y ellas lo hicieron, una por ver que tiene lo que la otra no tuvo y yo porque teniendo a un hijo tuve el amor de hombre que me faltó.
Pol, Pepe
Pol, Pepe


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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