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Banquetes de piedra

jueves, 26 de abril de 2018
Conozco dos banquetes pétreos en el arte gallego, el del comedor del Palacio de Gelmírez, en Santiago de Compostela, y el que podemos disfrutar en el Monasterio de Sobrado dos Monxes. Ambos están esculpìdos en granito y en los dos se recoge el espíritu popular, ese que es tan fecundo en Galicia cuando se vierte en las vías de la creación artística.

El banquete del comedor del Palacio de Gelmírez, es de estilo románico del siglo XII, mientras que el de Sobrado fue esculpido seis siglos mas tarde y es del estilo que entonces se utilizaba en Galicia, el barroco.

En el Palacio de Gelmírez, en las ménsulas del comedor, como muchos sabemos, están esculpidas diversas fases de una comida principesca de la época. Vemos en ellas músicos, ritos y una empanada sobre la mesa. Una empanada tal como se hace hoy en día, inconfundible en su aspecto. Pero hoy quiero comentar el de Sobrado.

El del monasterio representado en la bóveda de medio cañón que cubre el tramo que lleva desde la sacristía a la iglesia abacial. Unos diez metros de longitud. Cuando los curas iban a celebrar misa, era norma que recitasen un salmo eucarístico compuesto por Sto. Tomás de Aquino, “O, Sacrum convivium” (Oh¡, sagrado banquete) en honor a aquello que celebrarían al poco tiempo. El comparar la misa con un banquete ha sido un tema recurrente: En su primera comunión, los niños recibían el pan de los ángeles y a cualquier edad los fieles se acercaban a la sagrada mesa…

Es bonito ver cómo se representa el banquete, no espiritual por cierto, en esa bóveda de la que hablo. Tiene disposición de tablero de damas y unos cuadros representan rosetones vegetales y, los otros, viandas preparadas en sus platos dispuestas para su consumo. Éstas, las viandas, son vegetales o animales producidos por el agua.

Vemos allí uvas, peras, manzanas, granadas, zanahorias, etc... Entre los animales productos del agua, según la idea del monje escultor, vemos anguilas, truchas, salmón y un pato preparado para ser trinchado.

Tal vez alguno se preguntará que qué hace un pato en esta presentación, pero esto tiene una explicación muy coherente con el pensamiento de monjes entrados en fase decadente en lo que se refiere a su afán de mortificación y que, por otras parte, desconocían el ciclo biológico del pato.

Estos monjes sostenían la idea de que tales aves procedían de los nenúfares. Esta superchería les permitía excluir su carne en las dietas de ayunos, la época en las que solo era permitido comer productos de origen vegetal.

Los de Sobrado debieron ser monjes muy dados a este tipo de abstinencia peculiar, pues cerca del Monasterio existe un lago artificial, cuya construcción se les atribuye y que tenía una acequia que llegaba directamente a la cocina monacal. Por ella llegarían truchas, anguilas y patos, según la abundancia faunística de cada temporada.

Para mí, esta bóveda es lo mejor del Monasterio, pues considero que la singularidad es un tanto muy importante a tener en cuenta al calificar obras de arte. Creo que el contenido de esta bóveda es único en el arte monacal de Galicia.
Valadé del Río, Emilio
Valadé del Río, Emilio


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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