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Las corridas de toros en Galicia

sábado, 24 de marzo de 2018
A finales de enero de 1901, llega la noticia desde Barcelona sobre la petición a las Cortes del Reino de España para que se prohíban las corridas de toros, como espectáculo con derramamiento de sangre, muerte, lesión o mutilación de personas o animales.
Así mismo se exija la prohibición absoluta de torear a la mujer y al hombre menores de veinticinco años, además de exigirles que hayan estado inscritos durante un año en el gremio de toreros.

Se pide no se autorice la construcción de nuevas plazas de toros o su reedificación, y que sobre las existentes se establezcan y comprobaran condiciones de seguridad mediante la inspección de arquitectos expertos en la materia.

Señalar responsabilidad civil , criminal y administrativa a las empresas que deberán indemnizar a los toreros que mueran o sufran lesiones invalidantes como consecuencia de la lidia.

Requerimiento para que se dote económicamente, desde el coste de las entradas, a la instrucción pública. Que una parte de las plazas existentes en tal momento, se destinen a circos gimnásticos, hipódromos y velódromos o cualquier otra actividad física que mejore el desarrollo corporal de la juventud.

Instan a las autoridades eclesiásticas a participar como educadores al respecto, de tal suerte que desde púlpitos y enseñanza religiosa, se aconseje a la ciudadanía ausentarse de estos espectáculos.

A pesar de lo que antecede, en 1943 se publica la que será gran obra enciclopédica sobre la tauromaquia, "Los toros. Tratado técnico e histórico" que dirige el académico José María Cossío, pero que tuvo sus orígenes en un proyecto del propio José Ortega y Gasset a través de la editorial Espasa-Calpe. Entre los colaboradores para tal obra, figuran personajes como Miguel Hernández.

Sobre la afición taurina en Galicia, José María San Martin Miguez, Académico de Farmacia de Galicia, hace un análisis científico, llegando a señalar que nada tuvo que ver el arraigo de la Fiesta antigua, la del ruedo rectangular, frente a la moderna, reglamentada y escenificada en coso redondel. Mientras la primera gozó de simpatía, la segunda se fue diluyendo en Galicia, quedando reducida a Santiago, A Coruña y Pontevedra.

Incluso, Doña Emilia Pardo Bazán en 1895, afirma en artículo periodístico que "el espectáculo diferencial de las fiestas gallegas estaba en los fuegos artificiales, muy por encima de los toros".
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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