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La elección de idioma del ciudadano prevalece sobre la libertad del funcionario

jueves, 01 de marzo de 2018
Se denunció ayer que una persona acudió a la Xunta a hacer unas gestiones, y pidió que se le atendiera en gallego, a lo que recibió una mala contestación y una negativa. Se dirigió a otra persona y la respuesta fue similar, incluso con peor educación si cabe, usando como excusa el derecho del funcionario de turno a usar el castellano en contraposición con el derecho del administrado a ser atendido en gallego.

Este asunto es realmente sencillo de resolver desde un punto de vista legal y jurídico: el funcionario, cuando está en su puesto, ve subordinados sus derechos a los del usuario, ya que prevalece la elección de este último a la hora de ser atendido en la administración. De la misma forma que el derecho constitucional a la libre circulación se ve reducido durante el horario laboral de cualquier trabajador porque no puede elegir desempeñar su función en la playa, cuando estás atendiendo a un ciudadano no eres un individuo como tal, sino un servidor público que ha de adaptarse al usuario, y no al revés. En mi opinión estos trabajadores de la administración cometieron dos faltas graves: no respetar la libertad de elección de idioma del usuario y, encima, ser maleducados que también está tipificado como falta

El problema es que aquí se mezcla la puñetera política, y como es habitual enrarece el ambiente y convierte temas que debieran estar más que superados en puntos de enconamiento absurdos.

Hay innumerables ejemplos de faltas de respeto en ambos sentidos: desde el caso que ha servido de inicio a este artículo a otros, menos denunciados normalmente, de quien pide ser atendido en castellano y se le niega tal opción. Sin ir más lejos el Ayuntamiento de Lugo se negó durante años a emitir los recibos en castellano a petición de una señora que lo quería así, supongo que bajo esa idea de “no me diga que no lo entiende”, que sirve de absurdo escudo para intentar incumplir la ley. No se trata de entenderlo, sino de que uno usa el idioma que le viene en gana.

Les pongo otro ejemplo: en un tema con el que trabajo habitualmente se utilizan unos libros de registro que tenemos que diligenciar (legalizarlos, vamos, para que se puedan usar) y que son iguales en toda España, aunque hay ediciones bilingües en gallego, catalán y vasco. Pues bien, no es la primera vez que me llaman de Madrid, Burgos o Santander para preguntarme dónde pueden comprar el libro en gallego creyendo que tienen obligación de usarlos. Para nada, pueden enviar el que está en castellano o incluso el que está en castellano y vasco y tiene perfecta validez. El problema es que no todos mis compañeros están de acuerdo con eso y hay provincias que rechazan el libro si no viene en gallego, lo que es una ilegalidad total que no se denuncia por no meterse en problemas con la todopoderosa administración.

En Galicia tenemos la riqueza de poseer dos idiomas, pero la tonta manía de usarlos como arma arrojadiza para tirárselos a la cabeza unos a otros. Desde los que siguen considerando el gallego como algo “paleto” a los que reparten carnets de “buen gallego” y se los deniegan a los que usan el castellano. No hay más que recordar que a nuestro único premio Nobel de literatura, Camilo José Cela, se le niega reiteradamente el día de las letras gallegas porque la inmensa mayoría de su obra es en castellano, con lo que deberían cambiar el nombre al día “das letras en galego”, que no es lo mismo.

Todos los funcionarios tienen su lengua materna, unos el castellano y otros el gallego, pero lo normal es que se atienda al administrado el idioma que use o, en todo caso, el que pida expresamente si es el caso. También es cierto que a todo el mundo se le despista a veces el asunto y le salta el automático, volviendo a su lengua habitual, pero se intenta corregir y ya está.

En la esfera privada es diferente. Ahí cada uno habla lo que le sale de las narices y no creo que sea una cuestión de “educación” eso de “contestar a la gente en el idioma en que te hablan”. Tengo una cuñada que solo habla gallego y no tenemos ninguna barrera comunicativa, hablando cada uno en lo que le apetece. De la misma forma si alguien habla en castellano y se le contesta en gallego no le veo nada de malo (salvo que el interlocutor no sepa gallego, claro, el turista es el ejemplo obvio) y de hecho me parece bonito que cada uno tenga la libertad de hablar lo que quiera.

¿Tanto trabajo nos cuesta aceptar que los demás hablen en lo que les salga de las narices? ¿Tanto molesta? ¿Tan difícil es entenderse con educación? Dejémonos de imposiciones y de hacer de esto un tema político e identitario y relajemos un poquito la presión de uno y otro lado. Menos en la administración, claro, que ahí hay que adaptarse al ciudadano que, después de todo, es el jefe supremo del funcionario.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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