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La (sorprendente) salida de Iñaki García de Lugonovo

jueves, 22 de febrero de 2018
Les voy a ser imprudentemente sincero como es habitual: me ha sorprendido mucho la dimisión de Iñaki García de su concejalía, no me pegaba con la idea que tenía de la persona y he de decir que le honra poner sus convicciones por delante de sus intereses económicos y personales. No es lo habitual.

El proceso de implosión que está viviendo Lugonovo son los lodos que vienen de aquellos polvos, los de un proceso electoral interno que se suponía que sería la sal de la tierra pero que funciona lo que funciona, es decir poquito.

La tan cacareada democracia interna de la agrupación parece que no es tan democrática como se suponía, porque por lo que se nos da a entender existe un grupo de poder que desde la sombra pretende manejar a los concejales como títeres sin ningún tipo de independencia, olvidando que esa es una de las principales críticas que todos hacemos de los partidos que llaman “tradicionales”, la tiranía de la organización sobre cualquier otra estructura, independientemente de la legitimidad de ésta.

Ya empezó a hacer aguas la cosa con la salida de Santiago Fernández Rocha, el hombre cuyas suaves formas y convincentes discursos no solo moderaba la presentación de un grupo que se presumía radical sino que era práctico en su hacer político. Pero que Iñaki también se marche es todavía más significativo, curiosamente, porque desde fuera nos parecía que “pegaba más” con Lugonovo que Santiago.

No tengo el placer de conocer al reciente dimisionario, solo lo escuché hablar en algún debate previo a las elecciones (como el que se hizo sobre el Garañón en el Colegio de Arquitectos) y en algún pleno, y les confieso que tenía una idea mucho más radicalizada de él por su forma de exponer las cuestiones en esos foros. No se me pasó por la cabeza que se fuera a marchar bajo ningún concepto, pero ya ven, todos nos equivocamos.

Las personas que quedan en Lugonovo han de replantearse varias cuestiones. La primera es si se puede hablar de que la fórmula de las listas abiertas ha funcionado. Personalmente creo que no, porque se está demostrando que una cosa es la cara pública de la agrupación a través de sus concejales, y otra muy diferente el “núcleo duro” que pretende manejar las marionetas sin mostrarse ante el pueblo. La democracia que se hace entre bambalinas difícilmente es la idea que muchos tenemos de democracia.

Por otro lado está el tema de la legitimidad. ¿Quién es el que moralmente ha de marcar la línea de actuación de un grupo municipal? ¿El partido que teóricamente lo sustenta (aunque vemos que las cuentas dicen que es más bien el dinero público del grupo municipal el que mantiene el chiringuito partidista) dirigido por un puñado de personas, o los concejales elegidos por los lucenses?

Un grupo municipal representa a su partido político, sí, pero en su actividad diaria y sobre todo en el Pleno ha de velar por los intereses de todos los lucenses, no solo de sus votantes. Es la diferencia entre el partido y el concejal, entre el hombrecito que mira su ombligo y la figura institucional, entre el elegido por sus correligionarios y el salido de unas urnas universales y con garantía de transparencia.

Ahora que sé que es una persona de principios, lamento la marcha de Iñaki. Le deseo lo mejor.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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