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Sírvase usted mismo

viernes, 16 de febrero de 2018
Cuando en Lugo se instalaron las primeras gasolineras de “sírvase usted mismo” en la antigua nacional VI las colas eran interminables, porque te ahorrabas una pasta en cada depósito. Siguen teniendo un precio muy competitivo respecto a las demás, aunque tengo la sensación subjetiva de que ya no hay tanta diferencia.

Una de las cadenas habituales que andan por ahí nos recomienda no acudir a gasolineras de autoservicio, con poderosos argumentos como el de la destrucción de empleos y que los seres humanos de a pie no estamos cualificados para manejar sustancias peligrosas por lo que podría ser un riesgo echarnos gasolina al coche.

Siendo sinceros este último argumento me parece un poco exagerado, una salida de pata de banco a la que agarrarse por decir algo, ya que si seguimos esa lógica tampoco podríamos tener en casa un litro de lejía porque es muy arriesgado que es un producto tóxico. No nos volvamos locos.

El argumento que sí puede ser interesante es el primero, el de la conservación de una larga lista de empleos que ya no es que sean los más estables del mundo ni mucho menos. Pero me llama mucho la atención lo específico de estas campañas, ya que solo nos hablan de gasolineras, obviando muchos otros sectores en que sustituimos a los trabajadores por el “sírvete tú mismo” para ahorrarnos unas perras, o a veces ni eso.

Los ejemplos más evidentes son el onmnipresente Ikea o la plaga de los McDonald’s. En ambas cadenas se sustituye la mano de obra profesional por la del propio cliente, que carga sus propias mercancías o hace largas colas para recibir su trozo de carne entre panes. Ahí no he visto yo hasta el momento protesta alguna, ni consideración hacia los empleos perdidos por los dependientes que prácticamente no hay en la mueblería sueca o los camareros inexistentes de la cadena americana.

Los seres humanos somos caprichosos y reclamamos una atención en las gasolineras que muchas veces no solo no echamos en falta sino que nos sobra en otro tipo de establecimientos. Cuando la gente entra a curiosear en las tiendas el amable “¿puedo ayudarle en algo?” que tradicionalmente era señal de buena atención ahora es poco menos que una molestia, porque lo que parece que gusta es revolver y cotillear sin que nadie venga a dar la brasa. Esa es una de las razones, probablemente, de que los comercios tradicionales de Lugo vayan perdiendo terreno frente a la todopoderosa Zara y las demás cadenas que ocupan cada vez más bajos en nuestra ciudad.

Otro de los ejemplos de cabecera, tan extendido que ya es la norma, son los supermercados. ¡Qué tiempos aquellos cuando abrió Carrefour en las Saamasas (Continente de aquella) y era un acontecimiento social bajar con el coche a llenar el maletero! Ya había los Gadis y alguna cadena más, pero nada que ver. Se había acabado el colmado donde te atendían y te ponían lo que pedías. Recuerdo el de Concepción Arenal esquina Camiño Real con mucho cariño, y las tiendecitas de barrio en La Milagrosa de cuando era muy pequeño. Ahora eres tú el que coge el carrito y va de lineal en lineal comprando algunas cosas que necesitas y otras muchas que no.

Hemos picado como tontos, y creemos que es el no va más de la comodidad el hacer nosotros mismos las cosas, y quizás el sistema tiene sus ventajas para el consumidor, pero desde luego más tiene para la empresa que puede atender a cientos de clientes con cuatro o cinco empleados, cosa inimaginable hace unas décadas. Llegaremos al día en que el contacto humano profesional se reduzca a las profesiones en que es indispensable tener gente delante, y aún así veremos cómo éstas se van reduciendo porque es más barato mantener un cajero automático en la calle que un empleado en una oficina.

¡Claro que todo tiene sus ventajas!, pero por favor, antes de entrar a compartir campañas piensen en si son o no son arbitrarias, porque todo es una forma de llevar el agua a tu molino.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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