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Lo que publiqué de la Familia Cela (6)

jueves, 15 de febrero de 2018
La Fundación Camilo José Cela

“A comienzos de la década de los ochenta C.J.C decidió legar todos sus manuscritos, libros, cuadros, obras de arte, archivo y referencias literarias a una Fundación que se constituye, bajo su presidencia vitalicia, en unas casas del siglo XVIII de su aldea natal, Iria Flavia.
La idea de reunir todo este legado se le ocurrió hace años, tras recibir la oferta de una universidad norteamericana que pretendía formar con ese fondo, ya entonces de inapreciable valor histórico y literario, un centro de estudios sobre la literatura española posterior a la guerra civil, y el día de su septuagésimo aniversario, C.J.C. anunció ante sus paisanos su intención de poner en marcha una Fundación cultural que acogería su legado. Su primera y básica gestión fue la de adquirir una de las llamadas Casas de los Canónigos, situadas frente a la antigua colegiata, un noble conjunto arquitectónico amenazado de ruina, pero idóneo por su emplazamiento y su amplitud.
Resultó fácil para C.J.C. encontrar eco a su iniciativa en la Universidad de Santiago de Compostela, que lo acogió como un proyecto propio y animó a las cuatro diputaciones gallegas a participar del proyecto, que también encontró una entusiasta respuesta en la Xunta de Galicia, del Ministerio de Cultura, del Ayuntamiento de Padrón y la Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa.
Tras varias reuniones previas en el Colegio de San Jerónimo, sede del rectorado de la Universidad el 14 de julio de 1986 se constituyó la Fundación que, fue solemnemente inaugurada por Sus Majestades Los Reyes de España el 11 de junio de 1991.
Desde entonces, un Patronato presidido por su fundador y compuesto por veintiocho miembros, representa, gobierna, administra y conserva los bienes de la Fundación, que incluyen los manuscritos de las obras de Camilo José Cela Trulock, los borradores, cuadernos de trabajo, fragmentos de obras no terminadas y proyectos, además de ejemplares de las ediciones de sus libros, sus traducciones a distintas lenguas, un epistolario de más de cinco mil cartas, cruzadas con todos los protagonistas de la vida cultura durante la segunda mitad del siglo XX y, por último, una completa hermeroteca con referencias al autor, que arranca en 1942 y tiene continuidad hasta el presente.
Tan valiosa documentación de primera mano atrae poderosamente la atención de investigadores y lingüistas de todo el mundo, que acuden a Iria Flavia para profundizar en la obra del escritor. La fundación dispone de habitaciones para becarios y recibe continuas solicitudes de numerosas universidades y estudiosos.
La biblioteca de la Fundación cuenta en la actualidad, con unos veintitrés mil volúmenes, entre los que destacan la obra de C.J.C. así como la ingente bibliografía sobre el autor; incluye también un valioso fondo antiguo, además de varias secciones especiales, entre las que destaca una gran hermeroteca, con numerosas colecciones de revistas literarias de finales del XIX y de la primera mitad del siglo XX.
También merece destacarse una exposición permanente que reúne todas las ediciones de la Familia de Pascual Duarte. El complemento de tan ingente legado literario lo constituye el archivo del escritor y un gran número de objetos artísticos, colecciones y recuerdos personales. Destaca por su importancia una pinacoteca con más de quinientas obras originales, entre las que se incluyen pintura y dibujos de autores como Picasso, Miró, Zabaleta, Eduardo Vicente, Espandiu, Palencia, Grandio, Úrculo, Álvaro Delgado, Baroja, Alberti o García Lorca, entre otros muchos. En tomo a tan valioso legado, la Fundación realiza una amplia labor cultural, que incluye la edición de publicaciones, como la colección O tabeirón namorada, que va reuniendo los recuentos de ediciones de todas las obras Camilo José Cela, o la revista de creación literaria El Extramundi y los papeles de Iria Flavia.
Todos los años, durante el mes de julio, la Fundación organiza unos cursos de verano en los que intervienen prestigiosos autores y profesores llegados de todo el mundo. La dinámica cultural de la Fundación incluye también el montaje de todo tipo de exposiciones y un completo servicio informático, pionero en Galicia, que através de las redes de ordenadores facilita el conocimiento instantáneo de sus fondos y atiende las consultas que le llegan.
La Fundación dispone en la actualidad de la mayor parte de las casas del mismo conjunto, de las cuales varias ya están a pleno funcionamiento, mientras que las otras aún se encuentran en fase de restauración; además, la Fundación promueve toda una serie de acciones encaminadas a recuperar el conjunto histórico de Iria Flavia, como bien lo prueba su iniciativa para restaurar el órgano barroco de la antigua Colegiata, proyecto financiado por la Fundación Pedro Barrié de la Maza, Conde de Fenosa.
A raíz de la concesión por parte de SM. El Rey Don Juan Carlos I de un título nobiliario a Camilo José Cela Trulock, el Patronato acordó por unanimidad la nueva denominación: Fundación Camilo José Cela, Marqués de Iria Flavia.

Casas de los Canónigos.
La Fundación Camilo José Cela tiene su sede en las Casas de los Canónigos, en Iria Flavia, un conjunto arquitectónico de finales del siglo XVIII, construido para servir de residencia a los canónigos de la antigua iglesia colegial, frente a cuyo pórtico se levantan.
Al restaurarse los edificios de la Fundación, se incluyó en la fachada posterior una galería de granito y madera.
La primera de las casas acoge la sede de la Presidencia, la biblioteca y el centro de estudios, mientras que en la cuarta, denominada Aula de Juan Rodríguez, en honor de Juan Rodríguez de la Cámara o del Padrón, se exhiben las ediciones de La Familia de Pascual Duarte, así como de otras obras del Nobel.
En otros edificios rehabilitados recientemente se incluyen auditorio, sala de exposiciones y la sede del Museo Ferrocarrilero John Trulock, persona que ocupó la gerencia durante 38 años hasta su fallecimiento en 1919. Este señor fue el abuelo de D. Camilo José Cela, que fue director gerente de The West Galicia Railway. Railway Company Limited, el primer ferrocarril gallego. Dicha línea transcurría entre la estación de Cornes (en las afueras de Santiago) y la de Carril, un tramo de apenas 42 kilómetros que posteriormente, cuando la mayoría del capital pasó manos inglesas y la compañía cambió su nombre y la línea se amplió hasta Pontevedra.

Exposición de La familia de Pascual Duarte.
En el aula de Juan Rodríguez se expone al público una sorprendente y cuidada colección que reúne todas las ediciones de La Familia de Pascual Duarte publicadas hasta el momento y que en el verano de 1997 totalizaban doscientas quince, en treinta y dos lenguas, lo que la convierte en la novela española más editada y traducida después de El Quijote. En esta exposición el visitante puede recrear además el entorno de la novela con todo tipo de documentos e, incluso, con un garrote idéntico al utilizado para ajusticiar a Pascual Duarte.
Al margen de sus fondos eminentemente literarios, en la Fundación se exponen numerosas obras de arte, colecciones y objetos, que C.J.C. ha ido reuniendo a lo largo de su vida y que, por su riqueza y variedad, sorprenden a todo tipo de visitantes.
Las referencias personales incluyen los títulos académicos y honoríficos concedidos al autor, tan numerosos que han llegado a figurar en el libro Guinness de los récords.
También se conserva una curiosa colección de botellas cuyo contenido el escritor bebió en compañía de amigos como Picasso, Miró, Hermingway o Chaplin y que todos ellos pintaron y le dedicaron. Llama la atención más de un centenar de réplicas de placas que hacen referencia a las calles y plazas dedicadas a Cela. Entre los fondos se incluyen documentos tan valiosos como el privilegio rodado de Alfonso X, fechado en 1255, por el que se otorga fuero a Ortigueira; merecen reseñarse dos cabezas en bronce de C.J.C., de gran tamaño, firmadas por Pablo Serrano y por Otero Besteiro, que diseñó también la escalera de la sede. La afición de Cela por los relojes se evidencia en magnificas piezas de colección, entre las que se incluye el reloj que Lombardero dedicó a don Antonio Ibáñez, dueño de la Real Fábrica de Sargadelos, personaje que había solicitado en titulo nobiliario de Marqués de Sargadelos, el cual nunca fue concedido. Al ser Cela nieto de ferroviario y sentir devoción por los trenes, la presencia del tren es constante en la Fundación donde una parte de los edificios de la Fundación están dedicados a salas del museo del ferrocarril, en las que se conservan las locomotoras La Sarita (1880) y La Sestao (1885).
Todos los años, durante el mes de julio, se imparten en la Fundación cursos de verano centrados en la obra de Camilo José Cela, están abiertos a todo tipo de temas literarios, científicos y humanos.
Estos cursos, homologados por la Consellería de Educación e Ordenación Universitaria de la Xunta de Galicia y reconocidos por las universidades de Santiago de Compostela, Vigo, A Coruña y Dresden (Alemania) tienen un gran poder de convocatoria, tanto por el marco en donde se celebran, como por el hecho de que en ellos imparten conferencias los más prestigiosos autores, personalidades y profesores llegados desde las universidades más diversas y prestigiosas.
Todos los expertos coinciden en afirmar que el legado de Camilo José Cela es único en la historia de la literatura, ya que cuenta con todos los elementos necesarios para conocer el proceso de la búsqueda expresiva de un autor. A los borradores y manuscritos de sus obras tiene que añadirse la suma de un ingente epistolario, su biblioteca de trabajo, toda la bibliografía publicada sobre él, sus documentos, la inmensa mayoría de las informaciones y comentarios aparecidas en la prensa desde los años cuarenta, todas las ediciones y traducciones de su obra y el archivo completo de la revista Papeles de Son Armadans, que fundó y dirigió desde 1956 hasta 1979. A este fondo documental tienen que añadirse cientos de títulos, reconocimientos, homenajes, pinturas, objetos de arte y, en suma, todo aquello que refleja la influencia de la obra de C.J.C. en la cultura.

Manuscritos
Frente a lo que pudiera creerse por parte de los aficionados a la literatura, conservar y reunir los manuscritos de un autor no son algo demasiado frecuente ni en el pasado ni en la actualidad. Hoy, lamentablemente no se dispone de ningún autógrafo literario de Cervantes o de Góngora y solo quedan algunos ejemplar de Lope, Calderón o Quevedo. Y las cosas no han mejorado en épocas más recientes, pues apenas se conserva nada, por citar tan sólo un ejemplo, de Larra, Velle-Inclan o Rosalía.
El estudioso puede, de esta manera, observar las diferentes versiones de una obra y analizar las variantes que el manuscrito atestigua, así como las correcciones que el autor realiza sobre las copias mecanográficas que acompaña cada manuscrito y estudiar así el proceso creativo que experimenta una obra.
El hecho de reunir en la Fundación todos los manuscritos de Camilo José Cela (tan sólo falta el de Pabellón de reposo, extraviado en la testamentaría del Dr. Marañón), constituye un hecho de capital importancia que impulsó al propio autor a poner la Fundación en marcha: “Antes de que el inclemente viento de la historia de cada cual pudiera esparciar mis papeles por el mundo adelante”.

Biblioteca
La biblioteca de la Fundación, que cuenta en la actualidad con unos veintitrés mil volúmenes, está integrada por varias secciones, entre las que cabe destacar el fondo de ediciones de la obra del Premio Nobel, un conjunto de unos mil quinientos volúmenes con todas las ediciones en español y las traducciones de sus obras, y que incluyen las ediciones de bibliófilo, de gran valor, que pertenecieron al propio Cela.
Otra sección es la dedicada a la documentación sobre su vida y su obra, donde se recogen desde tesis doctorales, monografías, libros de crítica e historia de la literatura, hasta revistas y volúmenes de homenaje al escritor.
También alberga la Fundación la biblioteca privada de C.J.C., un fondo especial de publicaciones de la Real Academia Española, así como todas las ediciones del diccionario.
Merecen especial mención los legados hechos por los escritores José María Sánchez-Silva, el autor de Marcelino pan y vino, quizá el cuento infantil de más éxito en todo el siglo XX español, y de José García Nieto, el eximio poeta creador del grupo Garcilaso, miembro de la Real Academia Española y Premio Miguel de Cervantes 1996, quien donó a la Fundación su archivo y biblioteca.

Hemeroteca
Por lo que respecta a la hermeroteca, comprende más de doscientos títulos de periódicos y revistas en su mayor parte literarias, entre las que se encuentran ejemplares rarísimos del siglo XIX.
Camilo José Cela siempre ha sido un personaje atractivo para la prensa tanto por su extraordinaria riqueza literaria como por su gran popularidad. Desde los años cuarenta, el escritor ha coleccionado todos los artículos referidos a él y a su obra. Artículos que han ido enriqueciendo una hermeroteca de gran interés informativo y que ahora la Fundación pone a disposición de los investigadores.

Pinacoteca
La relación entre la obra literaria de C.J.C. y las artes plásticas queda patente en la gran cantidad de ediciones de bibliófilo en que ha colaborado con artistas de primer orden.
La revista Papeles de Son Armadans dedicó números fonográficos a Miró, Tápies, John Ulbricht, Gaudí, Picasso o Will Faber. Todo este trabajo propicia que Cela no sólo cultive su afición por las artes, sino que mantuviese una relación de amistad con los propios artistas.
Los fondos de la pinacoteca son un reflejo de todo esto, ya que reúne obra de los primeros nombres del arte contemporáneo de este último medio siglo. Por el número de cuadros con que están representados en la colección, merecen destacarse las obras de Pedro Bueno, autor de un retrato del joven C.J.C. y otro de su madre. También retratos de Cela y su familia por Luis Mosquera y John Ulbricht.
Entre los pintores preferidos de C.J.C. figuraba su amigo Rafael Zabaleta, de quien la Fundación posee varios lienzos, además de los dibujos realizados para ilustrar una edición de La familia de Pascual Duarte, más de media docena de dibujos y grabados de Miró, todos dedicados así como otros tantos dibujos de Picasso, además de grabados, fotografías pintadas y con dedicatorias y dos grandes piezas de cerámica. Fue Picasso también el autor del dibujo que figura en el exlibris de Camilo José Cela, del grabado del mechero que se expone en la Fundación y de los dibujos de una botella de anís que C.J.C. y él bebieron juntos.
La literatura y la pintura vuelven a asociarse en los dibujos de Lorca o de Rafael Alberti y, cómo no, del propio C.J.C.: cuatro de los inencontrables óleos que el Premio Nobel expuso en la galería Clan, de Madrid, en 1947 y algún pequeño dibujo coloreado, además de la serie Doce mujeres con flores en la cabeza.
El conjunto se completa con muestras representativas de la pintura de Viola, Guinovart, Ricardo Baroja, Úrculo, Luis Caruncho, Álvaro Delgado, dibujos de Lorenzo Goñi, Eduardo Vicente, Esplandiu, Benjamín Palencia, Julio Caro Baroja y un largo listado de casi cuatrocientas obras originales.

Epistolario
Entre los documentos que componen el archivo personal de Camilo José Cela se encuentra el epistolario completo del escritor, en el que se recoge su correspondencia personal con artistas, pintores, intelectuales como Jorge Guillén, Emilio Prados, León Felipe, Gregorio Marañón, Américo Castro. etc.
Otra sección es la dedicada a la documentación sobre su vida y su obra, donde se recogen desde tesis doctorales, monografías, libros de crítica e historia de la literatura, hasta revistas y volúmenes de homenaje al escritor (1)”.

A modo de epilogo:
Cela, el gran palabrista del circo literario español, ha dejado de escribir.
Don Camilo, “el del premio” -como decía el licenciado Trujaleta, uno de sus estrafalarios personajes- no ha podido librarse, ¡y bien que lo sentimos!, de la vulgaridad de irse al otro barrio, de la misma forma y por el mismo camino que cualquier otro mortal.
A la muerte, incluso a su propia muerte, nunca se la tomó Cela demasiado en serio. Y posiblemente por saberla inevitable, se pasó la vida ironizando sobre ella. Cuando ya casi nos tenia convencidos a todos de su inmortalidad, Don Camilo se marchó, cagando centellas y sin avisar a nadie. Quién sabe si a estas horas no estará haciendo tertulias de café con Valle, Rosalía, Curros Enríquez, Castelao, Trapero Pardo y los otros.
Tanto me había convencido Cela de su aparente inmortalidad, que no he podido resistirme a intentar demostrar que hay ocasiones en que incluso la muerte tiene que conceder prórroga, sino a la carne del autor (que se la coman los gusanos...), sí a su obra impresa; aunque los libros también puedan morirse, si algún día se dejan de leer y acaban arruinados por la humedad y la polilla en estantes olvidados.
Pero presiento que Cela y su obra continuarán vivos durante mucho tiempo. Y es que ante el genio de Cela, con sus espontáneas y frescas calidades, con sus muchas destrezas también, con su rara mezcla de borbollón y alambique, de ingenio y alquimista, de vagabundo y cacique gallego, nadie ha permanecido indiferente. Cela siempre ha dado que hablar. Y para dar, hay que tener.
Sobre el escritor gallego se han escrito más adjetivos que sustantivos y verbos; y los adjetivos son poco esclarecedores. Acaba uno cayendo en la cuenta de que Cela –que tanto ha dado que hablar- debería también haber dado algo que pensar. Muchas cosas lo han estorbado. Una, la tradicional pereza para el pensamiento que aqueja a las gentes de nuestro pueblo, más pendientes de la televisión y el fútbol que de la literatura; otra nuestra desmesurada afición “al blanco y al negro”, que se concilia mal con las más complejas exigencias del entender.
Los miopes no ven –se lo impide su miopía- cuanto de juego y desplante, de divertimento, en suma, había en esta postura de Cela; hombre mucho más respetuoso de lo que daba a entender y que sentía esa veneración, casi sacroterror, que ha de tener todo hombre inteligente cuando se acerca a las figuras de Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Azorín, Ortega y otras cuantas más. Tomaron en serio lo que era, a lo sumo, insolencia juvenil con un poco de histrionismo. Otros que no tenían los títulos de Cela para permitirse esas confianzas, ni gracia para jugar ese juego, imitaron ese gesto.
Hoy, como las cosas van deprisa, un pequeño grupo de recién llegados borran del mapa todas las mañanas a los novelistas españoles, de Cela en adelante, que ha escrito antes que ellos y se ofrecen voluntarios para poblar ese imaginario desierto. Pero no hay tal desierto. Afortunadamente, nuestro panorama literario está bien poblado, y no sólo por Cela.
Pero por encima de todo, no debemos olvidar que Cela no ha muerto en Madrid; solamente ha dejado de escribir (2).

NOTAS
1. Según texto facilitado por D. José Luis Cela Trulock, hermano de D. Camilo José Cela Trulock y actual secretario de la Fundación Camilo José Cela Marqués Iria Flavia.
2. Del catálogo especial nº 44 dedicado a Camilo José Cela, editado por Librería Anticuaria Galgo, Grandas de Salime. Principado de Asturias.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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