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Os Fuxidos (II)

jueves, 19 de julio de 2007
Os Fuxidos II: Concello de Becerreá

Hace unos días comentaba un poco las andanzas de los guerrilleiros antifranquistas, por los montes de O Cebreiro y otras zonas, que no fueron las únicas; prácticamente no queda ningún municipio de Galicia donde no hayan actuado. Así por los montes de Becerreá, Castroverde, entre otros, fueron comunes los escarceos de Enriqueta Otero Blanco, llamada Quevi, o María de los Dolores. Persona que he conocido y que a ella tanto le gustaba presumir da guerrilleira viva. Acerca de Enriqueta se escribieron varias biografías y buen número de artículos, por lo mismo no considero necesario aquí hacer mención a sus actuaciones.

Del municipio de Becerreá era el famoso Torallo, cuyo apodo corresponde al pueblo donde nació en 1905 Antonio Ulloa Regueiro; personaje vinculado al PCE. Anduvo escapado por los montes de la zona desde los primeros días de 1936 hasta el 24 de septiembre de 1942, que murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil, a poca distancia de su casa natal. Era el cabecilla de un grupo de tres a seis fuxidos, que actuaban por la zona, donde algunos paisanos en cierta medida los protegían, y donde también tuvieron algunas refriegas con la mocedad de la zona, así resultó una noche de carnavales en la aldea de Forcas, pequeño pueblo de la parroquia de Nullán, As Nogais; al salir los mozos y mozas de un baile de carnaval que se estaba celebrando en una casa, vieron pasar a seis desconocidos, que avanzaban por el camino al monte de Brañuelas, quizás con la intención de buscar algún sitio algo seguro donde dormir en alguna casa de los pueblos de O Coedo, Vilasol o Vilanova. Un mozo de la casa de Chancia, llamado Baldomero Pombo Carballo, avisó a sus amigos, diciéndoles “...pero esos son os escapados...”, “...hay que perseguilos...”, -respondiendo O Torallo, “...Chancia, Chancia, non te metas con nos, estate quieto e non digas que nos viches...”, pero el mozo en cuestión animó a los demás vecinos a perseguir al Torallo y los otros cinco que iban con él, reaccionado os fuxidos con algún que otro disparo, pero los mozos de Forcas estaban agachados detrás de una pared, que hizo de parapeto y ninguno resultó herido.

Por la zona de As Nogais, Pedrafita y Triacastela, hubo varias familias que, unas veces por miedo y otras por lucro, más que por simpatía hacía la ideología política dos guerrilleiros antifranquistas, los tuvieron en sus casas, y en algún caso buen provecho sacaron de los múltiples robos cometidos, tanto en casas como al regreso de aquellos vecinos que habían vendido algún, toro, vaca o novillo en las ferias de Samos, Pedrafita, o As Nogais. Hasta la década de los años 1970, en el lugar de Pena Partida, Triacastela, tres sencillas cruces de madera recordaban a otros tantos paisanos, acribillados a balazos por los escapados cuando fueron robados al regreso de la feria de Samos.
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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