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Las (enervantemente) lentas obras de la Plaza de Abastos

miércoles, 18 de octubre de 2017
Estos días terribles en que todo huele a humo y cenizas, intentas distraerte en la medida de lo posible porque si piensas continuamente en la desgracia te puede explotar la cabeza. Con ese ánimo si me permiten voy a cambiar de tema, aunque el de los incendios siga de trasfondo a todo y lo veamos a diario en los medios de comunicación.

Una de las actividades más provechosas para el bolsillo y para el estómago es darse un paseo por la plaza de abastos de Lugo en un día de mercado y llenar la despensa con esos maravillosos productos naturales con que nuestra maltratada tierra insiste en premiarnos por increíble que parezca ya que no nos lo merecemos.

Visitar la plaza es un placer multisensorial. A pesar de que el ser humano recibe información a través de varios canales se dice que uno de los que más permanecen en la memoria es el olfato, y que un olor puede despertar recuerdos mejor que una imagen o un sonido. Me lo creo porque no es la primera vez que un perfume o una receta me ha llevado a recuerdos que creía borrados.

Pero ayer en la plaza el característico y apetitoso olor de las cebollas y los quesos estaba tapado por otro menos agradable: el de la pintura. Seguimos con obras en el principal mercado de Lugo, que se realizan a paso de caracol. Un caracol con un esguince, hay que añadir.

No parece lógico que una obra que se tenía que terminar hace ya mucho tiempo siga dando el coñazo a los vendedores y clientes de la plaza. ¿Así se pretenden promocionar nuestros productos? ¿Acaso piensan que alguien en su sano juicio se va a sentir atraído por un lugar en que mientras se está vendiendo comida se realizan molestas actividades separadas por una humilde reja con unos cartelones descoloridos?

La niña bonita del gobierno local ha pasado a ser la vieja cárcel, y todos aquellos esfuerzos de reactivar el mercado quedan en ese rápido olvido que caracteriza a la política del usar y tirar. Ya pasó la fiebre por ayudar al mercado y todos aquellos rimbombantes discursos quedan en lo que suelen quedar: en nada.

Los comerciantes que apostaron por ayudar con su esfuerzo y sus cuartos a recuperar la plaza, esos mismos emprendedores que fueron engañados, siguen estando en el mismo limbo jurídico que antes, a pesar de que el Pleno del Ayuntamiento aprobó hace más de dos años una proposición del propio grupo municipal socialista para darles seguridad y adjudicar los puestos por 25 años. Nada de nada. Todo sigue igual, aparentemente bajo la batuta del molusco gasterópodo esguinzado del que hablábamos antes (el caracol, era por no repetirme).

Les queda la pataleta, la protesta y la visibilización de sus problemas. Les falta unidad, bien es cierto, porque no es muy normal que en un espacio tan reducido haya, si no me equivoco, tres asociaciones diferentes nacidas (esto me lo imagino) de las típicas rencillas entre ganadores y perdedores de elecciones. En Lugo es habitual que las entidades nazcan así, y si pierdo las elecciones a la asociación de empresarios me monto otra de autónomos y me salgo con la mía, con mi pobre visión en que mi ombligo es el centro del universo.

La plaza es mucho más que los intereses de sus comerciantes, por importantísimos que sean éstos porque son su base. Es nuestro centro comercial de productos locales, frescos, sabrosos, naturales… No merecen estar mezclados con olor a pintura y polvo en suspensión durante meses y años. El Empire State se levantó en 410 días, con eso creo que queda todo dicho.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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