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Benigno Milia Galdo, empresario y comunista

viernes, 15 de septiembre de 2017
Hace ya algún tiempo rememoré la vida José Rego López, un gran luchador por el cambio social en Cuba. Pero también decía que no era el único emigrante gallego que asesoraba y luchaba por mejorar las condiciones de vida social y laboral de sus paisanos, entre los que estaban “dirigentes como Enrique Líster, Modesto López, Manuel Porto Dapena, Felisindo Paz, Benigno Milia, Fernández Valle, María Araujo la guerrillera, Anxo Carcaño, y otros más” (1). Entre ellos estaba, como vemos, Benigno Milia, otro vecino de Ortigueira, que también merece una semblanza por su compromiso social y por su calidad y calidez como persona.

Benigno Milia Galdo nació en el lugar de Axilde de Arriba, en la parroquia de San Claudio, en el mes de febrero de 1895. Fue el último de ocho hermanos, seis chicos y dos chicas, a los que la vida pronto separó. Cuatro de ellos, junto con su padre, emigraron a Panamá, en donde participaron en la construcción de su famoso canal interoceánico, mientras que Benigno eligió como su destino la Perla de las Antillas. El único hermano que no se alejó del terruño, aprendió el oficio de joyero, fundiendo adornos antiguos de oro para realizar rosarios y otras artesanías. Y sus dos hermanas, como era tradicional en la época, se quedaron cuidando del hogar familiar y tejiendo sábanas y otras prendas en unos rudimentarios telares caseros.

Sus primeras letras las aprendió Benigno en casa, en las clases que esporádicamente le ponía alguno de sus hermanos. Su escuela más cercana era la del lugar de A Feira de San Claudio, a varios kilómetros de distancia, y a la que raramente podían acceder, ya fuera por el mal tiempo reinante durante los crudos días de invierno o por tener que dedicarse a unas tareas domésticas y agrícolas que requerían la colaboración de todos.

Axilde no llegó a tener su propio centro escolar hasta la llegada de la II República, en 1931. Su escuela mixta estuvo ubicada en una casa de Francisco Durán, que sirvió, igualmente, de alojamiento para los diferentes maestros que pasaron por ella. El primer docente destinado por el ministerio para inaugurar la nueva plaza fue Julio Roura Roig (2), que renunció a ella, por lo que el puesto tuvo que ser convocado nuevamente, recayendo esta vez en Andrés Castro Abalo (3), que se convirtió en su primer titular.

Una vez en Cuba, Benigno tampoco se concentró en regularizar su formación académica, algo que no iniciará hasta el momento de su jubilación, cuando se matriculó oficialmente en una escuela elemental, donde finalizó los estudios de sexto grado con los 71años ya cumplidos.

La llegada de Benigno a La Habana se produjo en 1913, durante el frío mes de diciembre gallego. Tenía entonces 18 años, y había hecho el viaje sin el amparo paterno. Según le escribía su padre desde Panamá, era más que suficiente que él y sus otros cuatro hermanos tuviesen que emigrar, para que también lo tuviese que hacer él. Pero el joven Milia se había embelesado de Cuba por las canciones de un libro que le había prestado uno de sus vecinos titulado La lira criolla. Y, como si fuese un nuevo grumete de la Odisea de Homero, acudió encantado por el sonido de los cánticos sobre la placentera vida de la Isla.

Allí fue recibido por un familiar que le acogió en su casa y le consiguió un trabajo en una cafetería de la capital. Dos años después, serán sus hermanos y su padre los que arriben al puerto de La Habana con la pretensión de ganarse la vida. Tras las oportunas gestiones laborales y de vivienda, los Milia Galdo se acabaron estableciendo en la parte oriental de la isla, donde Benigno desempeñará varios oficios, entre ellos los de camarero y de administrador en una tienda y en un hotel.
La vida fue transcurriendo para él dentro de una rutina laboral bastante monocorde. Sin embargo, un buen día, conoció a Modesto López, otro gallego que ya llevaba algún tiempo en la Isla. De su estrecha relación nació la necesidad de iniciar un negocio juntos. Su idea se transformó en la creación de un pequeño comercio en el extremo sureste de Cuba, en Caimanera, cerca de la colonia americana de Guantánamo.

En aquella costa cálida, los dos socios se convirtieron en proveedores de bebidas de unos bares-prostíbulos cuyos nombres en inglés delataban la procedencia de su clienta: los yanquis de la base naval.

Benigno y Modesto empezaron entonces a abrir sus ojos a la realidad que se escondía tras aquellas juergas americanas, y en “aquel ambiente de xogo, bebedela e puterío foise creando un forte movemento sindical e político ó que se incorporaron deseguida” (4). Ambos entraron, en 1945, a formar parte del Partido Comunista, en el que el ortegano Xosé Rego era uno de sus máximos dirigentes. Con el tiempo, también ellos, no solo llegaron a ocupar algunos puestos de responsabilidad política en el Partido, sino que, en el caso de Benigno, también lo hizo en la dirección la Cámara de Comercio y del Caimanera Yacht Club, lo que le confirió una cierta autoridad moral entre los trabajadores y los empresarios.

A sus contactos políticos y empresariales, el sanclaudiés les incorporó, en el plano personal, los que estableció con otras personalidades relevantes de la cultura y la literatura, como los mantenido con el director de la revista España Republicana, Manuel Carnero, o con el poeta cubano Nicolás Guillén, entre otros muchos.

Gracias a su presencia siempre entusiasta, Milia se granjeó una gran popularidad en todo su entorno, siendo, como dice el escritor gallego Neira Vilas, “querido e respectado por todos, incluíndo os que non compartían a súa ideoloxía de esquerdas” (5). Un reconocimiento que iba más allá de su persona, y que, según Neira Vilas, lo definía como “a autoridade moral e política da vila, a quen todos acudían para enfrontar calquera lerio social dos moitos que alí se daban” (6). Un hecho que el autor de Memorias dun neno labrego ejemplifica en aquella ocasión en que, tras haber reunido varias personas un fondo común, solidario y de protección mutua, no fueron capaces de encontrar a nadie de su confianza que se pudiera hacerse cargo del dinero, lo que les llevó proponerle a él que fuese su tesorero.

Igual que con sus vecinos, Benigno se ganó la confianza de los trabajadores del puerto y de los salineros de Caimanera, para los que medió tanto con las autoridades militares de la zona como con las de la base naval norteamericana, en cuyos servicios trabajaban muchos cubanos.

Todos ellos sabían que el mismo directivo de la asociación de comerciantes era, a la vez, un luchador y defensor de las causas de los pobres y los desheredados, y que tanto se podía ver a Benigno Milia recaudando dinero para construir una escuela o una casa de socorro, como haciendo campaña para financiar el Partido o para sostener alguna de sus sociedades, como la emisora Mil Diez o Cuba Sono Film.

Gracias a su carácter agradable, servicial y modesto, todos los que se aproximaban a él se acaban quedando prendados de sus admirables cualidades humanas. Unas cualidades que lo convirtieron en una de las personas más elogiadas de la provincia de Oriente, y en un hombre muy respetado por su exigencia personal, responsabilidad y tenacidad en todo lo tocante a sus principios y convicciones.

Pese a todo, tanto él como su compañero de aventuras empresariales estuvieron detenidos en varias ocasiones y las autoridades les confiscaron los libros marxistas de sus bibliotecas, e incluso, los amenazaron con la cárcel.

Benigno Milia ni se casó ni regresó a Galicia. Durante su vejez, decidió ingresar en un centro de mayores, donde se ocupaba de recibir las visitas de sus amigos y vecinos, hasta casi alcanzar la edad de noventa años. Como decimos, disfrutó poniéndose al servicio de los demás, y ejerciendo, en muchas ocasiones, como su portavoz y representante, algo que, como recuerda Neira Vilas, hizo que en su entierro hubiese “centos de persoas, da veciñanza e de diversas provincias, que o acompañaron na derradeira viaxe” (7).

Para saber más:
Neira Vilas, X. Galicia en Cuba. Lingua. Rosalía. Loitas. Consello da Cultura Galega. 2013.
Suárez Sandomingo, J.M. (2016). Orteganos ilustres. Lugo. Editorial Axac.


NOTAS:
1. Escrito de la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de la provincia de La Coruña, La Coruña, 25 de enero de 1932.
2. Escrito de la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de la provincia de La Coruña, La Coruña, 25 de enero de 1932.
3. Escrito de la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de la provincia de La Coruña, La Coruña, 16 de febrero de 1932.
4. Neira Vilas, X. Galicia en Cuba. Lingua. Rosalía. Loitas. Consello da Cultura Galega. 2013.
5. Neira Vilas, X. Galicia en Cuba. Lingua. Rosalía. Loitas. Consello da Cultura Galega. 2013.
6. Neira Vilas, X. Galicia en Cuba. Lingua. Rosalía. Loitas. Consello da Cultura Galega. 2013.
7. Neira Vilas, X. Galicia en Cuba. Lingua. Rosalía. Loitas. Consello da Cultura Galega. 2013.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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