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Así soñé Juego de Reinas

miércoles, 12 de julio de 2017
Lo confieso, esta vez estuve a punto de abandonar. De tirar las armas y leer hasta que se terminasen los libros, pero no volver a escribir jamás.

No era cuestión de temor a la página en blanco. Tampoco de falta de ideas, o de pasión por inventar historias y trenzar las tramas de una nueva novela. Simplemente era hartazgo. Hablando en plata, estaba hasta las narices de tropezarme con piratas que se aprovechan (y seguirán haciéndolo) de mil y un autores y autoras. Buitres, caimanes, hienas... Te vas encontrando gran cantidad de especies entre la fauna editorial, y al principio hasta te sorprendes de que tengan tanto en común si pertenecen a junglas bien diferenciadas.

Pero entonces, harto de todos ellos, asomas la cabeza por encima de la muralla. Y ahí están los que siempre te ofrecen una tabla de salvación. Los lectores, los libreros, los agentes y editores de verdad. Los otros se asimilan dentro de las especies anteriores, a las que podemos añadir a los colegas que te ponen palos en las ruedas, zancadillas y puñales en el costado, creyendo que no te enterarás.

Esta vez no necesito un ángel de la guarda, sino un cónclave con todos ellos o un aquelarre de meigas. Y ambos acuden a la llamada, pues sé que no camino solo. A mi lado lo hacen miles de lectores y lectoras, que vayan a saber por qué, confiaron en aquel tipo que no tenía calidad alguna, según la opinión de diversos expertos de la jungla.

Juego de reinas navega por mi mente y lo tengo claro. Una vez subí una montaña y al caer me pegué un guantazo como un piano. Es hora de escalar de nuevo, pero esta vez no se trata de subir por subir, sino de dar nuevos pasos y alcanzar metas que todavía no había explorado. Y tengo la historia perfecta para ello.

En Las hijas del César jugué con dos culturas, relacionando Roma con los pueblos que se iba a encontrando a su paso. Especialmente Galicia, de donde soy y donde me resulta sencillo dejar volar la imaginación. Estos pueblos, su cultura, su historia y leyendas, su magia, pero sobre todo su herencia, me sedujeron. Tenía que volver a vivir mis aventuras con ellos.

Eso es lo que hago al escribir. Navegar y luchar con mis personajes tras crearlos, emprender viaje rumbo al horizonte, enamorarme, enfrentarme al enemigo más cruel y derramar lágrimas. Saboreo la miel de la victoria o me hundo en el pozo del que pierde una guerra, tenso el arco para derribar una pieza de caza, o acaricio a mi amante hasta perder la razón y los sentidos. Soplo el cuerno de batalla y cabalgo tras las amazonas más seductoras. Trato de plasmar en las páginas lo que imagino, y al hacerlo veo escenas repletas de imágenes, como si las disfrutase en una pantalla de cine. Los personajes cobran vida, y me meto en su papel, para luego intentar arrastrar al lector. Esa es mi misión. Que al leer, viva lo que está leyendo. Esta vez no necesito mapas o esquemas, está todo ante mí, en mí.

Busco ritmo, intensidad con el capítulo corto, y que sea difícil dejar la lectura. Así me gusta leer y engancharme, y así me gusta hacerlo desde este otro lado. Pasión, buscar lo mejor y lo peor del ser humano para que el personaje cobre vida y no se ciña sólo a mis caprichos. Al principio los modelo, pero poco a poco me van pidiendo cambios, giros, que vaya matizando su papel. Sorprender cuando ya nadie lo espera. Así son Elvia la montañesa, su hermana Wen, Kalen de Brigantia o el druida Roble Gris.

Con personajes así, sólo existía una época en la que ambientar esta nueva novela. Esos siglos que me ofrecían un terreno vírgen, anteriores a las sandalias romanas. El esplendor de la cultura celta, que desde hace años atrae al mundo de nuevo. No lo ciño simplemente a la Europa occidental que la vivió y guarda su herencia, extiendo las fronteras porque lo celta está de moda.

Y ahí se escondían mis escenarios, bien cercanos y a simple vista, pero aguardando a que mis ojos los descubriesen al fin. Que fijase la mirada en sus secretos, que viajase más de dos milenios en el tiempo para contar con palabras lo que cantan las leyendas. La magia de mi Galicia natal, el verde esmeralda de Irlanda, la majestuosidad de Cornualles al sur de Inglaterra. Sin olvidarme de la Bretaña francesa, Escocia, Gales o la Isla de Man.

Mis personajes ya estaban en casa. Ahora toca embarcarse rumbo a Erin a través del averno marino del Mar Celta, cabalgar hasta los pies de la Torre de Breogán, adentrarse en Newgrange o Stonehenge, pisar la colina de Tara. Bajar desde las montañas galaicas, para buscar a guerreros y a druidas que guardan secretos y joyas míticas para las naciones celtas.

¿Por qué interesa de nuevo lo celta? Porque nunca murió. Sus tradiciones, su cultura, el folclore, la historia transmitida generación tras generación, incluso varios de sus idiomas, se mantuvieron vivos hasta la actualidad. No quedaron enterrados bajo la arena como ocurrió con otras civilizaciones. Por supuesto que quedan muchos tesoros por descubrir, los arqueólogos e historiadores los sacan a la luz constantemente. La ciencia va certificando lo que hace años eran teorías que casi nadie quería creer. Parecía imposible que antes de que Roma lo arrasase todo (en el buen y en el mal sentido de la frase), se hubiesen producido tan intensas relaciones entre estos territorios, sus lazos sociales y culturales. No sólo comerciales como sucedió en otras comarcas europeas. Hasta la carga genética común, que demuestra el ADN tanto en los antiguos como en los actuales pobladores.

Y el papel de la mujer. Fundamental para comprender esta civilización y su evolución histórica. La mujer celta no desempeñaba labores secundarias, muy al contrario, ellas sí lograron igualdad respecto al hombre. Guerreras, reinas y druidesas, combatían, ordenaban tropas, ejercían jefaturas de clan o reinaban, se las tenía en cuenta para los juicios, los pactos con otras tribus o cualquier aspecto que afectase a su pueblo, y por supuesto tenían derecho al trono. De igual a igual, como deber ser.

Y así de fuertes y nobles son mis personajes femeninos, con quienes les invito a descubrir Juego de Reinas. Queda para los expertos mostrarnos esos nuevos tesoros que sin duda seguirán apareciendo. Por mi parte, intentaré hacerles soñar desde cada capítulo. Eso es un libro para mí, un sueño cumplido.
Núñez, Pablo
Núñez, Pablo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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