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'Bautizos' civiles en Lugo

martes, 16 de mayo de 2017
El concejal comunista de Lugo, Carlos Portomeñe (al menos el que se define como tal, otros quizá también lo sean pero prefieren disimular) propuso ayer la celebración de “bautizos civiles” en el Ayuntamiento de Lugo. A estas alturas de la película la propuesta no solo no es sorprendente sino que lo raro es que hasta este momento ningún grupo lo haya llevado a Pleno, sobre todo teniendo en cuenta la competencia atroz que hay entre los cinco grupos de la oposición para ganar la competición del “más difícil todavía”.

El tema puede parecer una chorrada, y probablemente lo sea para una parte importante de la población, pero para otros a lo mejor no lo es tanto y precisamente por eso no tiene nada de malo. Paso a la explicación.

El bautizo es un sacramento católico, al igual que los otros seis: confirmación, penitencia, comunión, la unción de enfermos, orden sacerdotal y matrimonio. Algunos de ellos reflejan los aspectos más importantes de la vida: el nacimiento, el paso de la niñez a la pubertad y de ésta a la edad adulta, la creación de una familia y la muerte. El que la Iglesia, con gran inteligencia, haya marcado con una cruz (últimamente estoy sembrado con los juegos de palabras) las etapas vitales del ser humano no quiere decir que se apropie del hecho causante, sino de su representación pública, por lo que cualquier alternativa civil tiene lógica, salvo en algún sacramento como el de la orden sacerdotal por razones más que evidentes.

La celebración causada por el nacimiento de un hijo de una fiesta o un acto público en la casa de todos, que es el Ayuntamiento, no tiene absolutamente nada de malo. A quien sea creyente le tendría que importar un rábano, porque la idea no obliga a nadie a sustituir la pila bautismal por el salón de Plenos, ni impide que el que quiera acudir a un templo lo haga. Simplemente abre una puerta a otras opciones, igual que ocurrió en su día con el matrimonio civil o el divorcio. Hasta donde yo sé la caída de bodas religiosas a favor de las otras no se debe a una prohibición o un impedimento de la ley, sino a lo contrario.

Todo lo que no sea obligatorio y simplemente conceda derechos a la ciudadanía es bueno, incluso aunque se trate de cuestiones ornamentales como la que nos ocupa. ¿Es algo necesario? por supuesto que no. Tampoco lo son los museos, los conciertos, el arte y muchas cosas que son indiscutibles. Se trata simplemente de que quien no sea religioso y quiera hacer una bienvenida "a lo grande" lo pueda hacer en un marco comparable al religioso. Lo que quiera hacer cada uno de su fiesta ya le va en el ADN y no en la creencia, eso es otro asunto.

España es un Estado agnóstico, que no ateo. Esto quiere decir que tiene que tener en cuenta las creencias de la población, e incluso la falta de creencias de la población. Y si es una tontería que no hará nadie... pues tampoco pasa nada por aprobarlo. Ya veremos si funciona o no con la práctica. Además la existencia de un derecho no se mide por cuántas personas lo ejerzan.

También se están poniendo de moda las “primeras comuniones” civiles. Eso sí que me parece una chorrada porque por definición la comunión es lo que es, un acto esencialmente religioso. Si se compara con el abandono de la infancia entonces sí, pero de hacerlo de esa forma habría que llamarlo por su nombre, por carca que resulte: la “puesta de largo”. Ahí no veo yo a Carlos, la verdad, aunque nunca se sabe.
Latorre Real, Luís
Latorre Real, Luís


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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