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Los Díaz Baliño (3)

miércoles, 12 de abril de 2017
Indalecio Díaz Baliño

Indalecio Díaz Baliño nació en Ferrol el 8 de diciembre de 1896. Cuando todavía era muy joven se trasladó con sus padres a la ciudad de A Coruña, donde estudió en la Escuela de Artes y Oficios. Allí aprendió diferentes técnicas artísticas de la mano de escultores, grabadores y dibujantes como Isidoro Brocos y Fernando Cortés, quienes ya le habían dado clase a otro niño llamado Pablo Ruiz Picasso, y que también vieron en el ferrolano sus buenas cualidades para el arte.

Gracias a su formación y experiencia, en 1915, la Diputación de A Coruña le concedió una beca de 500 pesetas para ir a que pudiese completar sus conocimientos en la prestigiosa academia madrileña de Bellas Artes de San Fernando. A su regreso, Indalecio empezó a ejercer como de delineante mayor de vías y obras en la Diputación provincial coruñesa, trabajo que dejaría en 1920 para trasladarse con su hermano mayor, Camilo, a Santiago de Compostela, donde abrieron un nuevo taller de escenografía en la calle Hortas.

Un año antes de marcharse de la ciudad herculina ya había acompañado a otros pintores gallegos para presentar sus obras en la que sería la primera exposición de pintura de Galicia en América. La muestra se celebró en el famoso salón Wicom de Buenos Aires durante el mes de septiembre. Entre los pintores que acudieron a la muestra estuvieron Paco Llorens, Joaquín Espinosa, Román Navarro, Amador Abeleira y Manuel Castro Gil. En el caso de Indalecio, su producción estuvo representada por siete esculturas en yeso, que fueron calificadas por el crítico de El Correo de Galicia como muy buenas obras (1).

Durante la década de los años 20, Díaz Baliño fue perfeccionando sus trabajos con la utilización de diferentes técnicas artísticas de pintura y escultura, pero siempre concentrándose en una perspectiva y en una temática que les añadían un carácter netamente gallego. De este periodo son algunas de sus figuras más representativas y originales, como O cego, O rezo, No sermón o A volta da sega. Este último acabaría siendo devorado por el incendio que se produjo en la sede que Irmandades da Fala tenía en la calle Real de A Coruña. El siniestro se produjo durante los primeros instantes de la Guerra Civil cuando un grupo de violentos asaltó el local. El fuego consumió igualmente otras de las obras importantes como fueron el panel donde su hermano Camilo había representado a la Justicia, o el Abráquico, de Castelao, además de varios libros, correspondencia y cuadros que formaban parte del patrimonio de la formación galleguista.

También durante la década de los años 20, Indalecio empezó a ejercer como profesor en su antiguo centro de estudios, la Escuela de Artes y Oficios de A Coruña, en donde ya lo hacían los profesores y artistas José Portela, Jesús Rodríguez, Rafael Martínez y Eduardo Navarrete.

Díaz Baliño fue un escultor prolífico, por lo que cuenta con múltiples obras que pueden ser citadas como verdaderos ejemplos de un arte netamente gallego. De ellas podemos destacar los bustos de varios personajes relevantes de su tiempo que forjó en bronce. Uno de ellos le fue encargado por la Diputación coruñesa para homenajear al político José Calvo Sotelo, mientras que otro de ellos fue la representación física de los hermanos y filántropos betanceiros Juan y Jesús Naveira García, que materializó en la fundición de la empresa de Hijos de Solórzano, situada en la calle de Monelos.

En 1929, Díaz Baliño realizó un viaje didáctico con algunos de sus alumnos de la escuela de A Coruña para visitar diferentes certámenes que ese año se estaban celebrando en varios lugares de España. Su primera parada fue en la Exposición Internacional de Barcelona, en la que el profesor Félix Estrada Catoira les acompañó por varias de sus salas mostrándoles y explicándoles las diferentes técnicas con las que habían sido elaboradas las obras expuestas. A continuación, los excursionistas se dirigieron a Sevilla, para contemplar la Exposición Iberoamericana, donde estaban colgadas obras de autores como Julio Romero de Torre y de otros notables artistas iberoamericanos, e incluso de artistas marroquíes en las que se mostraban distintos paisajes y motivos del país. A su regreso a Santiago, el Díaz Baliño redactó una extensa memoria del itinerario que salió publicada en la prensa. Hay que decir que solo una parte de los gastos del viaje fue costeada por los propios alumnos, mientras que el resto fue subvencionado por la Diputación coruñesa, la Asociación General Patronal y la Reunión de Artesanos.

Tres años después, Indalecio acudió con algunas de sus obras más representativas a la fiesta que se celebró en Santiago de Compostela para conmemorar el primer aniversario de la Segunda República. Una de estas fue Devotiña, en la que representaba a una mujer joven en actitud piadosa, y a la que había incorporado algunas de las características que eran más propias de las imágenes del escultor Francisco Asorey. En concreto, su visión que le incorporaba de las características raciales de los tipos gallegos, a la que Indalecio les añadía un cierto aire de ingenuidad.

La colaboración artística entre Indalecio y su hermano Camilo fue siempre muy estrecha, sobre todo en el tema de las escenografías, donde el trabajo en equipo era muy importante para poder rematar las obras dentro del plazo previsto con los clientes. De esta cooperación, sobresalen especialmente sus decorados para el Patronato Católico de Obreros de A Coruña, el arreglo y ornamentación de algunos de los edificios más emblemáticos de su época, como fueron el Hotel Finisterre, la sede del Banco de La Coruña o el antiguo Teatro García Barbón de Vigo, pero también muchos otros elaboraron para las representaciones teatrales de la empresa de Isaac Fraga.

Por otra parte, es importante resaltar que Indalecio también fue un hombre muy comprometido profesionalmente con el mundo artístico, algo que quedó reflejado, primero, en el hecho de haber colaborado, en 1934, en la fundación de la Asociación de Artistas de la Coruña junto a sus hermanos Camilo y Dolores, y, en la década siguiente, formando parte de la Real Academia de Bellas Artes de Nuestra Señora del Rosario, primero como miembro correspondiente (1946), y, después, como numerario (1948).

Durante la guerra, Indalecio se decantó por integrarse en el bando nacional, un hecho que le salvó la vida no solo a él sino también a su sobrino e hijo de su hermano Camilo, Isaac, al que ocultó durante seis meses en el ático de su casa enclavada en el número 23 de la Plaza de Pontevedra de A Coruña. Al terminar el conflicto, su alineamiento con el régimen franquista le permitió obtener una plaza de profesor de modelado en la Escuela de Bellas Artes, e, incluso, ejercer de director de la misma durante algunos años.

En el aspecto pictórico, Indalecio perteneció a la corriente denominada regionalista, entre cuyos representantes gallegos más famosos estuvieron González del Blanco y su hermano Camilo, a la par de otros muchos autores que pudieron aprovecharse desde 1898 de las becas concedidas por la Diputación provincial coruñesa para su ampliación sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. Entre estos últimos encontramos nombres tan emblemáticos como Jenaro Carrero, Abelenda, Dolores Díaz Baliño o Iglesias Pérez. A ellos habría que sumarles los de otros artistas plásticos tan importantes como Francisco Asorey o Xesús Corredoyra, con los que el movimiento regionalista gallego se dotó de un fuerte simbolismo, sobre todo en los aspectos de la Galicia rural.

Indalecio recibió diversos premios a lo largo de su vida, entre los que se cuentan el honorífico de la Exposición Artes Industriales del Patronato Obrero (1912), el de la Exposición Muestrario y Feria de La Coruña (1919) y el diploma de honor que recogió con motivo del II Certamen de Galicia (1935). Así mismo, le fueron concedidos dos premios de mérito por oposición gracias unas obras que eran calificadas como mendigos (1912-1915). También hay que decir que estuvo presente en la Gran Exposición Regional de Bellas Artes y Artes Decorativas, que organizó la Real Sociedad Económica de Amigos del País en Santiago de Compostela en 1941.

Indalecio se casó con la maestra Natalia Paz Iglesias, con la que tuvo una hija y dos hijos, pero solo ella, Natalia, sería la única que continuase el legado artístico familiar. Ella nació en A Coruña el 23 de junio de 1923, donde también cursó sus estudios de bachillerato. Tras diplomarse en la Escuela de Magisterio, pasó a dar clase, primero, en la aldea de Leiro y, más tarde, y ya de forma definitiva, en el Colegio de la Sagrada Familia, de A Coruña, en donde ejerció de profesora de las asignaturas de Dibujo y Pretecnología.

Indalecio falleció el 3 de febrero de 1952.


NOTA:
1. “Arte gallego en Buenos Aires”. El Correo de Galicia, Buenos Aires, 21 de septiembre de 1919.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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